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Roberto González es un cubano que hace siete años, cuando vino a dar una asesoría a la Universidad Politécnica de Nicaragua, Upoli, por parte de la Universidad de Matanzas “Camilo Cienfuegos”, encontró la oportunidad y una condición muy importante --la basura-- para realizar su sueño: desarrollar un proyecto de tratamiento de desechos orgánicos a través de la biotecnología.

¿Biotecnología? La explicación es un poco complicada, pero este experto insiste en que es la manera más eficaz de tratar y de aprovechar la basura orgánica que, según él, representa más del 70% de los residuos sólidos urbanos, y que, si se deja al aire libre o se entierra, puede ser muy perjudicial para la atmósfera y los suelos, respectivamente.

González solo tiene tres hijas, pero por la propiedad y el entusiasmo con que habla de sus dos proyectos pilotos, pareciera que estos también formaran parte de su familia. Uno ya tiene dos años y está en la Upoli, y el otro es recién nacido y está en Juigalpa, departamento de Chontales. Por este último se ha tenido que dividir entre el Centro y la capital los últimos seis meses.

En realidad, ¿la mayoría de la basura que se produce en las ciudades es orgánica?

Hay un diagnóstico nacional de Administración de los Residuos Sólidos Urbanos, que lo hizo ONU-Hábitat en conjunto con Marena, donde quedó claro. Depende del tamaño de los municipios. Por ejemplo, la cantidad es más pequeña en un municipio como Managua, es como el 70%; en los municipios medianos es 71.5% y en los más chiquitos puede ser de 78 y hasta 80%. Nunca va a bajar de 70%, o sea, que casi las dos terceras partes de la basura son orgánicas.

¿Qué beneficios representa eso?

Eso es importante por dos cosas: una, porque resolviendo eso se resuelve la mayor parte del problema de la basura, y dos, porque es la que más friega. La basura orgánica es la que produce metano cuando se deja al aire libre. ¿Ha visto que los vertederos se prenden espontáneamente? El metano es un gas de efecto invernadero 21 veces más potente que el Dióxido de Carbono. Además, cuando yo lo entierro, el agua la disuelve y caen los lixiviados, que son contaminantes de los mantos acuíferos.

Pero muchos tienen la idea de que lo orgánico es como la cara buena de la basura…

Uno debe abarcar la mayor parte de un problema, y si yo sé que algo tiene el 70% del problema, es para que me concentre en eso. ¿Qué pasa? Lo inorgánico es más fácil de separar y más fácil de comercializar, sobre todo el plástico o el aluminio. O sea, si yo reciclo, yo soy el bárbaro, el perfecto, pero mi basura (orgánica) sigue fregando, porque sigue dando mal olor, sigue dando vectores, sigue produciendo gas de efecto invernadero… entonces, no he hecho nada, resolví una pequeña parte y la más fácil, por cierto.

¿Cuál es la manera más efectiva de tratar la basura orgánica?

Según nuestro punto de vista es producir biogás, porque así mato varios pájaros de un solo tiro. Con el biogás puedo cocinar, o sea, sustituir la leña y el gas licuado; puedo producir vapor en una caldera, puedo hasta mover vehículos con él, además, se puede convertir en energía eléctrica, y con eso estoy evitando el escape de gases de efecto invernadero. Pero lo que se convierte en biogás es lo orgánico que se descompone, y el nitrógeno, el fósforo y el potasio, que es lo que las plantas necesitan, se va en el biol, entonces, el segundo producto importante (del tratamiento de la basura orgánica) es el compost (o fertilizante).

¿En qué consiste el tratamiento biotecnológico que le dan a la basura orgánica?

¿Por qué es biotecnología? Porque el biogás se hace mediante la descomposición de la materia orgánica a través de bacterias que se llaman metanogénicas, porque son generadoras de metano, que es el principal componente del biogás. Ese metano sale de la materia orgánica, léase restos de comida, cáscaras, frutas, granos, hojas, hierba, etc. ¿Pero cómo se descompone? No se descompone al aire libre, sino que se descompone en un lugar cerrado donde no haya oxígeno; se le dice digestión porque es igual a lo que hace uno en el estómago, y anaerobio porque es sin oxígeno.

Su sueño para Nicaragua

Este cubano, que a pesar de que tiene poco tiempo de vivir en Nicaragua, usa con mucho arraigo el término “riales” para referirse al dinero y “fregar” para referirse a “dañar”, es el fundador y director del Centro de Estudios Biotecnológicos de la Upoli.

Sus dos proyectos pilotos son dos biodigestores, uno que trata la basura orgánica que se produce en la Upoli, y otro, el estiércol del ganado y de los cerdos que matan en el rastro municipal de Juigalpa. Con ambos se produce biogás.

Explica que el biodigestor de la Universidad tiene capacidad para procesar 115 kilos al día, y que con ello se producen seis metros cúbicos de biogás, los cuales equivalen a seis libras de gas licuado. “Es decir, que al mes son 180 libras”, subraya orgulloso de contribuir a la producción de energía renovable.

Sin embargo, asegura que su sueño como amante de la biotecnología es implementar, siempre en Juigalpa, un proyecto igual, pero con más alcance y con un enfoque comunitario.