•  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

El cauce de Waspam, ubicado en el Distrito VI, es uno de los más pequeños de la capital, pero basta con su corta extensión para causar serios problemas en no menos de siete barrios, ya que en menos de 4 kilómetros, su pendiente baja desde los 103 metros hasta los 41 metros sobre el nivel del mar, correspondiente este último al del Lago de Managua.

Este cauce, tal como pudo apreciar El Nuevo Diario al recorrerlo, no se encuentra revestido en su totalidad, y la comuna ha “parchado” algunos puntos, mientras en otros las escorrentías han socavado las paredes, a tal punto que algunos lavaderos y cercos han sido arrastrados.

Llegando a su parte más baja, el cauce divide los barrios Waspam Norte y “Walter Ferreti”, entrelazados por un puente cuyas bases ya se encuentran socavadas. Sin embargo, esa estructura metálica constituye la vía más rápida de comunicación.

En 2005, las lluvias dejaron daños en este cauce por el orden del millón 700 mil córdobas, y aunque las reparaciones eran “urgentes”, no se realizó ningún tipo de labor en la zona.

Cuatro años después, en 2009, los pobladores del sector protestaron por la falta de atención de la municipalidad, ya que niños, jóvenes y adultos tenían que caminar por el lecho del cauce para poder cruzar al otro barrio, enfrentándose a serios riesgos y peligros.

Tiempo antes, la comuna había abierto varias zanjas, y hasta lo que parecía un camino, muy poco después quedó destruido con la intensidad de las corrientes.

En el Plan de Inversión Anual de ese año (2009), la municipalidad había destinado C$3 millones para la construcción de 900 metros de cortinas y muros en el barrio “Walter Ferreti”, en la zona donde precisamente pasa el cauce.

La ejecución comprendería tres meses, y para abril se esperaba la finalización de la obra, sin embargo, no se hizo nada, en cambio en la reforma presupuestaria se determinó que los fondos que se iban a ocupar se trasladarían a otro proyecto, y los trabajos ya no se ejecutarían.

Inicialmente, el proyecto tendría “prioridad” de ejecutarse, pues en ese momento 60 viviendas estaban en alto riesgo.

La zona quedó en el olvido, y fue hace más de un año que se colocó el puente --que ya se encuentra en mal estado-- y un muro de gaviones, el que en su gran parte ya no existe, dado que las corrientes se encargaron de arrastrarlo a orillas del lago Xolotlán.

Marbely Martínez y su familia tienen apenas dos años de vivir en las orillas del cauce, pese al peligro, construyeron casa, y ahora producto de las lluvias se han quedado sin patio trasero, y cada vez que llueve los derrumbes ponen en zozobra a sus moradores.

Ellos viven en la parte más baja del cauce, por tanto, aunque no llueva, las corrientes de aguas residuales son permanentes, así que además de ir socavando la infraestructura, mantienen en alerta permanente a los pobladores por la proliferación de focos de contaminación y casos de diarreas.

Manjoles no soportan presión de las aguas

La falta de capacidad del sistema de drenaje de la capital se ha convertido en el otro dolor de cabeza, ya que cercano al cauce Waspam se ubican dos manjoles que se encuentran rebasados.

“Los vecinos vinieron y le hicieron un hoyo al manjol para que el agua corriera, y cuando llueve, el agua todo se lleva. Fuimos a la Alcaldía, pero solo nos llevan en veremos, seguimos esperándolos”, señaló Claudia Mena.

Más preocupada está Alyeris Duarte, ya que una gran parte de su cerco no existe. El lecho del cauce es la vista con la que se topa cada mañana que utiliza el lavadero, y su humilde vivienda corre el peligro de sucumbir ante las fuertes corrientes.

La Promotoría Solidaria hace poco tiempo hizo entrega de planes techo en la zona, pero a Duarte presuntamente no le dieron ni un clavo, porque necesitaba trasladarse a un lugar más seguro, sin embargo, sigue esperando.

A una vecina, doña Olga, quien está en un terreno apenas más alto que el de Duarte, le construyeron su vivienda solidaria, aunque el sitio esté catalogado como zona de riesgo. Dice que ahora no puede dormir pensando que las aguas del cauce destruirán el patrimonio de sus hijos.

En Managua hay 169 kilómetros de cauces, de los cuales casi 80 se encuentran sin revestir. Cada uno de los caudales que desembocan en el lago, son generalmente pequeños afluentes que se abren paso entre la vegetación.

En las recientes declaraciones a medios oficialistas, el secretario de la comuna, Fidel Moreno, precisó que están revistiendo 43 kilómetros de cauces, pero este año esperan trabajar en 38 kilómetros adicionales.