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Con carretillas, en carretones de caballo, a pie. Las maneras sobran para que la población capitalina traslade la basura y la evacue en los cauces. Este mal hábito contribuye a que, cada vez que llueve, las aguas se desborden y causen estragos en gran cantidad de viviendas que están asentadas en sus orillas. El cauce de Portezuelo no es la excepción.
En la parte más baja de este cauce, donde faltan menos de ocho cuadras para que desemboque en el lago, decenas de familias han poblado las orillas, y ahora cada vez que llueve tienen que estar pendientes de que el agua no se los lleve a ellos, ni sus pertenencias.
La lluvia del pasado 29 de mayo causó más que anegaciones en el sector del paso a desnivel de Portezuelo. Una vivienda colapsó  y lejos de buscar un lugar seguro, los propietarios decidieron levantar nuevamente las casas, utilizando otros materiales.

Infografía El terror de las zonas bajas

 

El cauce de Portezuelo tiene el “privilegio” de estar revestido en casi todo su trayecto, pero la basura arrojada por los pobladores que habitan en sus orillas, ha contribuido a que el agua de las lluvias provoque estragos, que van desde anegaciones hasta colapso de viviendas.

Durante la jornada de limpieza de cauces, cuadrillas de la comuna retiran los sedimentos y todo tipo de desechos para evitar que estos perturben el curso de las aguas cuando llueve, sin embargo, puede más la cultura de ensuciar de la población, la cual, al final, resulta ser afectada.

La lluvia del pasado 29 de mayo causó más que anegaciones en el sector del paso a desnivel de Portezuelo. Una vivienda colapsó por las fuertes escorrentías del cauce. Lejos de buscar un lugar seguro, los propietarios decidieron levantar nuevamente las casa, solo que utilizando otros materiales.

En la parte más baja del cauce, donde faltan menos de ocho cuadras para que desemboque en el lago, decenas de familias han poblado las orillas, y ahora cada vez que llueve tienen que estar pendientes de que el agua no se los lleve a ellos ni sus pertenencias.

María Auxiliadora Urbina “chapalea” cada vez que llueve. Se apoya de un balde para intentar sacar el agua de su casa, y asegura que mientras en la parte más alta de la ciudad siga lloviendo, el cauce no baja de nivel. Siempre que hay un aguacero, está pendiente de que la corriente no la arrastre junto a su familia y su sencilla vivienda.

Urbina tampoco tiene salida. Frente a su casa, la calle pedregosa desaparece por el agua y es imposible poder cruzar.

“La gente de la Alcaldía vino a rellenar con tierra, pero el agua se la llevó toda, no sirve de nada lo que hacen, porque de todos modos siempre queda el hoyo aquí frente a la casa”, señaló Urbina.

Ella tiene cinco años de vivir en la zona, y aunque le han prometido trasladarla, aún está esperando. Otros afectados, en cambio, han acondicionado con piedras la pequeña franja de tierra que tienen como patio, para intentar controlar el ingreso de las aguas, sin embargo, el esfuerzo es inútil.

En otro punto aún más bajo, los pobladores han colocado sacos con arena. Poco a poco las corrientes se han encargado de eliminarlos.

“La corriente de la calles es enorme, como la del cauce, y se forma un fuerte remolino”, explicó don Bartolo Dávila.

Existe un proyecto de construcción de 50 casas para reubicar a las familias afectadas, pero hasta ahora todo ha quedado en papeles. Dos casas están en peligro de colapsar y la coordinadora de personas de la tercera edad del barrio, Martha Hernández, aseguró que aunque quiten a la gente de las orillas del cauce, llegan nuevos moradores.

Ramal sin revestir

Como la corriente del cauce es muy fuerte, cuenta con un ramal que desemboca pocos metros después de la zona franca de Portezuelo.

Aquí, al menos 10 familias viven a orillas del cauce y del lago Xolotlán. Un puente improvisado es su comunicación corta con el barrio cercano, sin embargo, a diferencia del cauce central, el ramal no está revestido y se socava cada vez que llueve.

“A nosotros no nos toman en cuenta ni para el zinc, y ese cauce conforme el agua pasa, se va desbarrancando: de todo pasa por ahí”, detalló María López.

En 2007 se hizo un amplio trabajo en seis cauces de la capital, entre los que se incluía el de Portezuelo. Este año, el único trabajo que ha hecho la comuna en la zona es el adoquinado de 300 metros de calle, cuyo costo alcanzó el millón 200 mil córdobas.

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