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Lo que Rosa Mendoza recuerda como un camino verdoso, rodeado de frondosos árboles que alojaban una variedad de aves silvestres, cuyos trinos alegraban el paso de las carretas haladas por bueyes o caballos, ahora no es más que un pasaje “perdido” entre el hedor y las aves de rapiña que abundan en “La Churequita”, el botadero de Ciudad Sandino que ya está saturado y comienza a invadir espacios.

El insoportable humo que nubla el cielo, los voraces zopilotes que hurgan entre la basura, las moscas que proliferan por doquier y el nauseabundo hedor que proviene de los improvisados cerros de desechos, han contaminado aquel hermoso lugar que, hace unos 20 años, era considerado por los lugareños como un remanso de paz.

Pablo Moreno, poblador y pastor de la comarca Trinidad Central, situada en los sectores aledaños a La Churequita, recuerda que fue hace más de 10 años que ese camino empezó a ser la vía habitual de los camiones recolectores que trasladan desechos.

Pero con el paso del tiempo y el incesante ir y venir de los pesados tractores, el camino se deterioró, a tal punto que en invierno es totalmente intransitable.

Rosa Argentina Roa, otra vecina de la zona, comentó que debido al mal estado del camino, los operarios de limpieza de la municipalidad han optado por echar la basura sobre la vía de unos tres kilómetros, que va desde los límites del barrio Nueva Vida hasta la llamada “Chureca de Ciudad Sandino”.

“Vivimos en frente de la basura. ¡Ya no digamos en frente…! ¡Vivimos con la basura!”, lamenta la señora Roa.

Matadero también llega a dejar desperdicios

Según María Aurora Zamora, quien habita a menos de 10 metros de una montaña de basura, al sitio no solo llegan los operarios municipales de la basura, también lo hacen empleados de un matadero situado en Ciudad Sandino que llegan a dejar restos de animales, incrementando la pestilencia que se mete por las rendijas de las 200 casas aledañas.

“¡Imagínese estar oliendo sangre podrida y desechos de las reses! ¡Nuestros pobres niños son los que más sufren porque hasta se nos ponen a vomitar a cada rato!”, cuenta Jessenia Ramírez.

El Nuevo Diario realizó un recorrido por la zona y confirmó la versión de los pobladores, constatando, además, la presencia de los vehículos de la comuna que vierten los desechos sobre el camino, sin importar que existan casas aledañas.

Vertedero sin espacio

Y todo hace indicar que el problema de salubridad que por ahora afecta a las comunidades de Trinidad Central y otras ubicadas en los límites de Nueva Vida, podría expandirse, debido a que no hay espacio para más basura en el botadero.

El vertedero situado al oeste del barrio Nueva Vida llegó a su límite hace tres años, razón por la que los operarios de la comuna han ido esparciendo la basura sobre el camino que conduce a “La Churequita” y a Trinidad Central.

Desde ese entonces, la comuna tiene plasmado en papeles el proyecto de relleno sanitario que estaría situado en la comarca Trinidad Norte, donde se daría un tratamiento integral a la basura, sin embargo, “hasta ahora la obra que costaría US$1,000,000, no ha podido ejecutarse en su totalidad por falta de financiamiento”, dijo una fuente de la municipalidad.

Delincuencia es otra plaga

Al problema sanitario que enfrentan las 200 familias de Trinidad Central y sectores aledaños, se suma la inseguridad que ahora reina en el lugar.

“Hay chavalos vagos, huele pegas que vienen al camino a esperar los camiones de la basura para buscar cómo asaltar a los que andan “churequeando”. Incluso, a veces hasta se suben en el camión, y desde arriba --mientras rebuscan en la basura-- la van tirando en las casas”, cuenta Irene Campos, pobladora del sector.

De momento, la esperanza de los comunitarios es que las autoridades municipales atiendan pronto el problema de la basura, pues temen brotes de enfermedades.

Otros vecinos, como Manuel Castro, manifiestan su hastío con tono de resignación: “Ojalá que tomen cartas en el asunto, una vez que ya se sientan cansados de tanto que les pedimos que nos ayuden”.