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Cuando un grupo de mujeres de El Astillero, comunidad del municipio de Tola, comenzaron a recoger en las calles las bolsas plásticas para usarlas como materia prima en la elaboración de artesanías, las apodaron “Las Zopilotas”, y hasta pensaban que estaban locas. Cinco años después, son el orgullo de la comunidad costera, y un ejemplo de lo que se puede hacer por el medioambiente, obteniendo a la vez una fuente de ingreso para el hogar.

En total son 21 mujeres las que realizan la ardua labor que mantiene libres de plástico las costas de El Astillero y sus áreas aledañas, aportando de esa manera a la conservación de las tortugas que año con año arriban entre los meses de julio y enero a las costas de Chacocente.

Al estar a la orilla de El Astillero, el plástico representaba un peligro para los quelonios, y, a la vez, la cercanía facilitaba la sustracción de huevos, ya que era contemplado como una alternativa de generar ingreso en el hogar.

Ana María Cerda, quien participa en la elaboración de artesanías, dijo que el lema de ellas es “una bolsa menos, una tortuga más”, y al proyecto lo denominan “Tejiendo por la Naturaleza”. Comenzaron en agosto de 2007, con apoyo de Flora y Fauna Internacional y la Cooperación Alemana.

Cerda explicó que cuando comenzaron a recolectar las bolsas dispersas en las calles, potreros, patios y la zona costera, “nos llamaban ‘Las Zopilotas’, y nos sentíamos mal, porque pensábamos y creíamos que no íbamos a vender los productos que elaboraríamos a partir de los desechos plásticos, pero el esfuerzo siempre nos sacó adelante”.

Agregó que lo primero que hacen es recolectar las bolsas, luego las lavan y desinfectan, y una vez que las secan, las clasifican por colores para luego iniciar a tejer los carretes de plástico hasta transformarlos en vistosos bolsos, sombreros, fajas, monederos, chapas, pulseras, y hasta calzonetas.

Los precios de los artículos van desde los C$30 hasta los C$450, y de acuerdo con Cerda, el objetivo del proyecto es concienciar a la gente a no comer huevos de tortuga, y que existen otras maneras de llevar el sustento al hogar, preservando el medioambiente, y puso como ejemplo los que ellas están dando.

Afanada con su aguja y su carrete de plástico, Sandra María Berroterán, de 35 años, comentó --sin perder su concentración-- que antes de aprender este oficio, ella y su marido se dedicaban a reparar las redes de los trasmallos, y al “ingresar a este proyecto me ha ido bien y aporto a la economía de mi hogar”.

Detalló que inicialmente una de ellas fue trasladada a Colombia para que desarrollara sus destrezas y habilidades respecto de lo que se puede hacer con las bolsas plásticas, y que al regresar se encargó de transferir la experiencia a diez mujeres, y estas al resto.

El Astillero sin bolsas

El trabajo de estas mujeres de manos habilidosas y mentes innovadoras, ha hecho desaparecer las bolsas plásticas en El Astillero, y según Berroterán, necesitan que alguien las apoye con trasporte para trasladarse a buscar materia prima a los basureros de los municipios de Rivas.

Por su parte, la tejedora Gloria Velásquez aseguró que al ya no encontrar bolsas en las calles y áreas costeras de El Astillero, han tenido que trasladarse en busca de materia prima hasta las ciudades de Rivas, Nandaime, y al municipio de Santa Teresa, en Carazo.

Aseguró que no contabilizan la cantidad de bolsas plásticas que procesan semanalmente, y agregó que la gente que ya las conoce, les acopia bolsas, pero considera que sería importante hacer coordinaciones con las alcaldías, para reciclar mayores cantidades.

Las damas señalaron que hasta disponen de oficinas donde permanecen laborando de lunes a sábado. El local lo obtuvieron gracias al apoyo del Centro Empresarial Pellas, y en el mismo exponen las artesanías, las cuales también son ofrecidas en ferias.