•   Ciudad Del Vaticano  |
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  • EFE y AFP

Benedicto XVI, el 265 sucesor del apóstol San Pedro al frente de la Iglesia, dejó de ser Papa ayer para convertirse en un “simple peregrino que inicia la última etapa de su vida”, que dedicará a la oración en el Vaticano, a pocos pasos del futuro Pontífice, al que ya ha prometido “respeto y obediencia”.

Una muchedumbre emocionada asistió este jueves al histórico adiós del Papa desde el balcón de la residencia veraniega pontificia de Castel Gandolfo, desde donde Benedicto XVI se despidió de su pontificado.

“Seré un simple peregrino”, confesó Benedicto XVI ante miles de personas que lo despedían y lo aclamaban, abrumados al presenciar un momento irrepetible.

“Ya no seré Papa, sino un simple peregrino que se encamina para su última etapa del peregrinaje en esta tierra”, afirmó desde el balcón de la residencia papal, en su último mensaje a los católicos como pontífice.

Los habitantes de la pequeña ciudad medieval al sur de Roma, donde residirá “el Papa emérito Benedicto XVI” en los próximos dos meses, antes de retirarse en un monasterio de clausura en el Vaticano, organizaron un adiós simple y cariñoso, con pancartas y banderas.

“Gracias, gracias de corazón”, clamó el Papa, antes de que los guardias suizos cerraran a sus espaldas las grandes puertas de la residencia veraniega en una ceremonia inédita transmitida en directo por televisión.

El adiós histórico del Papa, que abre una nueva etapa de la historia reciente de la Iglesia milenaria, será recordado en todo el mundo.

Visto por millones

La imagen de un Papa que abandona el Vaticano en helicóptero fue vista por cientos de millones de personas en todo el mundo.

En Castel Gandolfo permanecerá unos dos meses hasta que estén acabadas las obras del monasterio de monjas de clausura “Mater Ecclesia”, que se levanta en los jardines del Vaticano, donde se alojará.

El miércoles, tras ocho años de pontificado, se despidió de los fieles en una audiencia pública a la que asistieron unas 200,000 personas, a las que dijo que “no abandona la cruz”.

Ayer se despidió de los cardenales; 144 de los 207 que forman el Colegio Cardenalicio, a quienes les dijo: “Entre vosotros está el futuro Papa, al que prometo mi respeto incondicional y obediencia. Continuaré rezando, especialmente en estos días (del cónclave)”.

Con esas palabras, según los observadores vaticanos, Benedicto XVI quiso dar seguridades de que el próximo pontífice no estará “condicionado” por un Papa emérito, que además vivirá a un centenar de metros de distancia.

Con lágrimas, entre ellas las de su secretario y Prefecto de la Casa Pontificia, Georg Ganswein, que no pudo contener la emoción, le despidió el personal del Vaticano en el patio de San Dámaso.

En algunos momentos también se le vio a él emocionado, pero inmediatamente recuperó la sonrisa y la serenidad, la misma que mostró cuando saludó desde el balcón del palacio de Castel Gandolfo a los cerca de 10,000 fieles que le acogieron.

Les dijo que no era un día como otros del Pontificado, y que a las ocho de la tarde, la hora en que dejaba de trabajar todos los días, dejaría de ser el líder de los más de 1,200 millones de católicos de mundo, para convertirse en un “simple peregrino más que inicia la última etapa de su vida”.

La única señal visible que anunció al mundo que Benedicto XVI ya no era Papa, fue el momento en el que se escuchó, en el reloj de palacio, las campanadas de las ocho de la tarde, e inmediatamente la Guardia Suiza cerró la puerta del edificio, dando por concluido su servicio al papa Ratzinger y abandonando el lugar.

A partir de ese momento, dio comienzo la Sede Vacante --el interregno que va desde que fallece o renuncia un Papa hasta que se elige el sucesor--, y el gobierno provisional de la Iglesia pasó a manos del cardenal camarlengo, que es también el Secretario de Estado, Tarcisio Bertone.

Lo primero que ha hecho Bertone ha sido sellar el apartamento papal y el ascensor que lleva al mismo en el Vaticano.

La normativa vaticana prevé que tras la muerte o, en este caso, renuncia del Papa, el apartamento papal tiene que quedar libre y es sellado hasta que haya nuevo pontífice.

También tendrá que anular el anillo del Pescador, que simboliza el poder pontificio. Su destrucción es la señal de que el reinado ha concluido.

El viernes, el cardenal decano, Angelo Sodano, comenzará a llamar a los purpurados de todo el mundo para preparar el cónclave que elegirá al sucesor de Ratzinger, y participar en las congregaciones preparatorias.

 

Primer encuentro

La primera congregación se celebrará el lunes 4 de marzo, anunció ayer el cardenal de Nápoles (Italia), Crescenzio Sepe, y tal vez ya ese día se anuncie la fecha del cónclave.