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  • AFP

Un gran murmullo de decepción y sorpresa recorrió este martes la plaza San Pedro, donde miles de fieles vieron salir la primera fumata negra anunciado que los cardenales reunidos en la Capilla Sixtina para el primer día del cónclave todavía no han elegido al nuevo Papa.

"Estoy decepcionada pero aún así fue una sensación increíble tener una señal de lo que pasa en el secreto del cónclave", dijo la hermana Barbara, una monja de Nueva York.

El humo negro que a las 18:40H GMT salió durante varios minutos de la chimenea de cobre no fue sin embargo una decepción para todo el mundo. "Estoy contenta de que el humo sea negro, porque podré volver mañana", aseguró Luisa Fernanda, una española de Sevilla.

Desde primeras horas de la mañana la plaza se fue llenando progresivamente, primero con largas colas para asistir en la basílica de San Pedro donde a las 10H00 (09H00 GMT) los cardenales celebraron la misa "Pro Eligendo Pontifice" previa al cónclave.

"Ojalá elijan un Papa con mucha fuerza, sabiduría, mucha coherencia ¡Y que resuelva los escándalos de Vatileaks!", explicó Verónica, una mexicana, de 30 años, que viajó con su marido y su hijo para ver de cerca al futuro líder de la Iglesia católica.

Cardenales se aislaron de la Capilla Sixtina esta tarde

Por la tarde los cardenales se aislaron en la Capilla Sixtina, bajo los magníficos frescos de Miguel Ángel, para elegir al sucesor de Benedicto XVI, en una de las elecciones más rituales y secretas del mundo.

Poco después dos feministas del movimiento Femen llevaron a cabo una acción de protesta cerca de San Pedro con los senos desnudos y lanzando una bengala de humo rosado, aunque fueron rápidamente detenidas por la policía.

La primera jornada de cónclave no despejó la incógnita de quién será el sucesor de Benedicto XVI.

"Benedicto fue un buen Papa, pero rezo para que el próximo tenga el carisma suficiente para unirse a la gente, porque eso también le hará fuerte", pidió la hermana Caterina, de 53 años, una monja de Croacia.

Oración y pantallas gigantes

A pesar de las cortas pero intensas lluvias durante toda el día, los fieles permanecieron en San Pedro, primero para seguir la misa en pantallas gigantes y luego para observar con una mezcla de curiosidad y expectación la chimenea.

"La iglesia tiene dos almas, la parte de la fe y la parte política", explicó un joven latinoamericano, empleado del Vaticano, que pidió no ser identificado porque en "el Vaticano no hay sindicatos".

Según este guía turístico, la Iglesia tiene que volver al Concilio Vaticano II, que en los años 1960 modernizó la Iglesia. "El programa está ahí, sólo hay que aplicarlo", afirmó.

Otros católicos eran más reservados sobre el perfil del nuevo Papa. "Se dicen muchas cosas de la Iglesia pero mi experiencia es la cercanía con la gente", explica Sergio Vázquez, un sacerdote de Ciudad de México, uno de los países más católicos del mundo.

Durante la misa, el decano del colegio cardenalicio, Angelo Sodano, había pedido "humildad", "unidad de a Iglesia" y "cooperación" con el futuro pontífice.

Tras la misa, un torrente de sacerdotes y de monjas salen sonrientes de la Basílica, entre ellas muchas misioneras de la caridad, la orden fundada por Madre Teresa de Calcuta, o monjas de la orden de las Brigidinas, con su peculiar corona blanca con cinco puntos rojos, que representan las llagas de Cristo en la cruz.

También se vieron algunos fieles de rodillas, rezando en silencio, rodeados por curiosos y cámaras de televisión.

"Estamos rezando sin interrupción, día y noche, pidiendo a la gente que venga a apoyar a los cardenales en su plegarias", explicó el francés Fabien Lambert, vicario de la iglesia San Lorenzo in Piscibus, en el centro de Roma.

Este miércoles, en el segundo día del cónclave, todos los ojos estarán puestos de nuevo en el color del humo de la chimenea de la Capilla Sixtina, con la esperanza de oír por fin el "Habemus Papam".