• Oct. 25, 2017, media noche

Ayer falleció el hijo menor de una de mis mejores amigas, una hermana del corazón. Pocas veces permito que mis emociones me controlen, pero anoche, tan pronto supe la noticia “perdí el norte” y estallé en llanto. Podía sentir su dolor, quería haberla tenido cerca para abrazarla lo más apretado posible, poder llorar con ella, decirle… ¿decirle qué?...no hay nada que uno pueda decir a una madre que ha perdido a su hijo. Pude hablar un momento con ella; no recuerdo que le dije, lloró mucho y me agradeció. 

Hoy en la mañana, después que había comenzado a escribir sobre el tema que tenía planeado, recordé uno de los capítulos del libro que escribí, “El Poder del Amor”, mi experiencia con el cáncer de seno, que se titula “El Reino de los cielos funciona al revés”. En él comparto tres revelaciones que he tenido en mi vida, dos de ellas después de estudiar algunos pasajes de la Biblia, y una durante mi experiencia con el cáncer:

1El principio de poner la otra mejilla: por supuesto que eso suena absolutamente tonto y débil, y cuando alguien nos hace daño lo que uno quiere hacer como mínimo es “arrancarle la cabeza” a esa persona… ¿cómo voy a estar poniendo la otra mejilla? Pero a través de los años, después de poner en práctica este principio, en mi matrimonio, en mi trabajo, etc., entendí que Jesús tiene razón. 

2El principio de dar: la lógica matemática del mundo dice que si regalas algo, entonces te queda menos “algo”.  Por ese motivo matemático es que a la mayoría de las personas les cuesta mucho compartir. Y hay personas que comparten porque tienen mucho, pero, ¿qué hay de compartir cuando a uno le hace falta? Compartir cuando uno no tiene es un acto de fe poderoso y si bien a lo inmediato, tengo menos, en el ámbito espiritual los cielos se abren y se nos multiplica por otros lados. 

3El principio de alabar, a pesar de: en mis momentos de mayor tristeza, de preocupación, de temor (que tuve muchos durante la quimioterapia), fue la parte más difícil para mí; en vez de quejarme, de compadecerme, de reclamarle a Dios, o cuestionarle, descubrí que si lo alababa, lo glorificaba y le daba gracias por lo que estaba pasando, poco a poco la paz tomaba el lugar de todas esas emociones negativas, incluso las molestias físicas desaparecían, o las podía tolerar de mejor manera. 

Unos meses después de haber terminado con mi tratamiento, mi mamá fue diagnosticada con un cáncer agresivo que se la llevó a los pocos meses. Mientras ella estuvo enferma, a pesar de que no sufrió todo lo que nos habían pronosticado, era muy duro para mí verla deteriorarse tan rápido. Muchas veces que la visité después del trabajo, llegaba tratando de lucir tranquila y animada, pero tan pronto me montaba en el carro lloraba todo el camino hasta mi casa. Cuando murió, una parte de mí sintió alivio y tranquilidad de saber que ella ya no iba a sufrir; la otra parte lloraba en silencio por su partida.

En esos momentos difíciles con mi mamá, descubrí una canción que se llama “Aún en medio del dolor” (Even when it hurts de Hillsong United) que llenó mi espíritu muchas veces; que cambió mi tristeza en esperanza, que me dio fortaleza en los momentos de cansancio; que le dio respuestas a mis dudas. 

Hoy quiero regalarle a mi amiga del alma, hermana del corazón, dos versos de esa canción, esperando que la consuelen y le den la fortaleza que necesita en estos momentos:

“Toma el peso de esta montaña 

Toma este océano de lágrimas. 

Abrázame a través de la prueba 

Trae tu esperanza de nuevo”. 

“Incluso cuando la lucha parece perdida, 

Te alabaré 

Incluso cuando duele profundamente, 

Te alabaré 

Incluso cuando no tiene ningún sentido cantar,

Más fuerte cantaré Tu alabanza”. 

“Bendeciré al Señor en todo tiempo; su alabanza estará siempre en mi boca. Alabaré al Señor con toda el alma”. Salmo 34:1-2

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus