• Oct. 30, 2017, media noche

En esta tierra enfrentamos situaciones difíciles y dolorosas que nos hacen sentir que transitamos descalzados por caminos empedrados y espinosos. 

Cuando está debilitada la capacidad de afrontar situaciones difíciles y dolorosas como pérdida de seres queridos, agresiones, infidelidades, rencores, desempleo, problemas económicos, etc., la persona es presa de incertidumbre que activa sentimientos y emociones insanas como angustia y miedo, desembocando en estados depresivos, que la pueden empujar a refugiarse en el alcohol, drogas ilegales y legales, etc. En fin, en un proceso autodestructivo que a veces pareciera no tener límite.

Esta situación no es ajena a mi vida. En estos días visité a una persona muy querida en mi familia, el cuadro que vi me remontó al período entre 1997 y 2002, en que la pérdida de sentido y el consecuente estado depresivo me hizo esclavo del alcohol y drogas legales. 

A mi querido amigo y a toda persona que esté pasando por el calvario de la depresión y la adicción al alcohol o las drogas, quiero decirles que hay salida, que están llamados a vida plena, por eso y solo por eso quiero comentarles brevemente mi vivencia.

En ese período debido al fallecimiento de una de las personas que más he amado en esta tierra, caí en el profundo pozo de la depresión y, para distanciarme de la realidad, el vehículo que fallidamente utilicé fue el alcohol y las drogas legales. 

Utilizar ese vehículo agudizó el estado depresivo y el dolor adquirió niveles de amargura, que me llevaron a la conclusión que la única salida era dejar de existir, porque la vida en esas circunstancias no tenía ningún sentido. Solución que gracias a Dios no tuve el valor de poner en práctica. 

Después de 5 años de esclavitud alcohólica, un día del año 2002 me despojé de la arrogancia, reconocí que estaba destruyendo mi vida, mi familia, todo por lo que había luchado y en esas circunstancias clamé a Dios, le pedí ayuda, y por su gracia, misericordia y compasión, me condujo en un proceso de liberación, lento pero eficaz, que hoy se traduce en vida abundante, salud, alegría, paz en mi corazón, una familia reconstruida y las cadenas que me mantenían aprisionado al alcoholismo, a la droga legal, se rompieron. Para honra y gloria de Cristo Jesús, soy libre.

Amigo querido, me dijiste que el alcohol lo utilizás para calmar el dolor en tu espalda, pero como dice un anciano lleno de sabiduría: “no es la espalda lo que duele, son las cargas; no es el alcohol la medicina amigo, es el amor; a Dios sobre todas las cosas, a tus hijos, a tu prójimo y a vos mismo”. 

Querido amigo, clame a Dios, acepte que usted quiere ser libre de la esclavitud al alcoholismo, que se siente cansado, sediento y derrotado. Amigo, si ha probado diversas opciones y ninguna le ha dado resultado, pruebe a Jesucristo, dígale: Jesús mío, te invito a entrar y vivir en mi corazón, te acepto como mi Señor, Salvador y Sanador. 

Si usted hace esta sencilla oración, será nueva criatura, apóyese en Él y acepte ayuda profesional, entonces iniciará un proceso que lo conducirá a apreciar y disfrutar el milagro de la vida diaria. Garantizado.

Queremos saber de usted, escríbanos al correo electrónico: crecetdm@gmail.com. 

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus