• Nov. 12, 2017, media noche

Mucho se ha hablado respecto a los procesos de internacionalización y de globalización de las economías. Generalmente estos términos se han utilizado como sinónimos, sin embargo cabe una revisión mas detallada de estos conceptos. Internacionalización es el proceso de apertura de las economías nacionales, mientras que globalización alude a la integración de estas en un espacio mayor, implicando el cuestionamiento de los factores que fundamentan la existencia de una economía nacional (Guillén Romo. Globalización Financiera y Riesgo Sistémico. México, 1997).

De todas maneras, para los analistas de los procesos globalizantes de las últimas décadas ambas premisas poseen un punto de convergencia, considerando que globalización se puede definir como la forma de organización del espacio mundial resultante de diferentes procesos de internacionalización (Dabat. Tendencias y Perspectivas de la Economía Mundial. México,1997).

La pérdida de la relevancia económica de las fronteras nacionales no es un proceso nuevo. A modo de ejemplo se podrían observar los efectos globales del crash bursátil de 1929 en la bolsa de Nueva York y su implicancia en la crisis económica global resultante en la gran depresión de los años 30. 

Hoy en día, para economías como la de Nicaragua, los procesos de internacionalización financiera se hacen relevantes dado que de hecho este fenómeno se está dando (y con fuerza), en la economía real. A modo de ejemplo, 25% de las importaciones provienen de los vecinos de Centroamérica, 28% de Norteamérica (México y EE. UU.) y 14% de China, mientras el 55% de la matriz exportadora se destina a EE. UU., 10% a México y 23% a Centroamérica. Por su tamaño, el mercado interno por si solo no puede empujar el carro del crecimiento, y por ello el producto nacional vuelca su mirada al mundo en busca de mercados donde poder colocarse.

El mercado de valores no debería ser una excepción, dado que como mercado representa en su conjunto a los distintos aspectos de la economía. Varios de sus emisores privados son compañías con operaciones internacionales (como los mismos bancos), mientras que en su seno ya se transan fondos de gestión inmobiliaria provenientes de Costa Rica.

¿Qué pasos debiéramos dar para profundizar la internacionalización de nuestro mercado financiero?  Y quizás antes de eso, ¿debiéramos buscar esa internacionalización? 

Para dilucidar esto primero habría que definir lo que significa para Nicaragua la apertura al exterior de nuestro mercado financiero. En primer lugar, esto implicaría que para las emisiones locales la demanda de valores no provendría exclusivamente de inversionistas nicaragüenses, sino que también habría acceso a inversionistas de más allá de nuestras fronteras. Para el mercado de deuda este aumento de la demanda de títulos podría significar una tendencia a la baja en las tasas de interés. Por otro lado, en el marco de acuerdos internacionales de participación bipartita o multipartita, de la misma manera que inversionistas internacionales podrían acceder al mercado local, inversionistas nacionales podrían acceder a emisiones de valores de otros mercados, diversificando de esta manera el riesgo.

Otro aspecto importante es la diversificación de la oferta. Hoy en día en Nicaragua el grueso de las emisiones en bolsa son de corto plazo, por lo que la entrada de inversionistas internacionales significaría también un aumento de la demanda de distintos tipos de plazos y estructuras, estimulando emisiones más largas, las cuales por sus características potenciarían un mercado secundario. Esto significa mayor liquidez para los valores transados en la bolsa, lo que incide a su vez en una reducción de las tasas de interés y en el costo financiero del financiamiento empresarial.

La inserción de los mercados locales a las dinámicas internacionales de negociación de valores implica también una estandarización de los procesos operativos y controles. Esto de suma relevancia tomando en cuenta que la sinergia internacional de transacciones influye en el mercado cambiario, y en la creación y adopción de nuevas herramientas orientadas a facilitar el intercambio de divisas.

Por último, así como para el mundo corporativo es positiva la diversificación de la matriz de fondeo, a nivel nacional se aumentan las vías de financiamiento, complementando la oferta que existe hoy en día proveniente de organismos multilaterales.

Una internacionalización del mercado local enfocada en el respeto de las características locales es positiva per se, y para ello cada realidad nacional es distinta. En el caso de Nicaragua, es necesario el ingreso de nuevos actores al mercado financiero, con tal de dinamizarlo y de diversificarlo. Para ello, es importante ir dando pasos hacia la integración de mercados regionales. Tal es el caso de BOLCEN, iniciativa de los mercados centroamericanos y República Dominicana para crear un mercado integrado, que en conjunto significan la cuarta economía latinoamericana por PIB. Esta iniciativa se viene desarrollando desde 1994, y ya este año ha acordado el desarrollo de una pantalla de ofertas integrada, con los principales valores de cada país, así como una estandarización y publicación de curvas de deuda soberana, medidas enfocadas en una primera etapa hacia la visibilidad de los mercados nacionales en el contexto internacional.

Se deben nutrir estos esfuerzos bipartitos entre mercados, así como lo han llevado a cabo El Salvador y Panamá, con un acuerdo que permite que emisiones de un país se puedan transar en el otro, con la participación de puestos de bolsa internacionales acreditados en cada mercado.

En definitiva, para Nicaragua la internacionalización del mercado financiero facilita  una relación óptima entre riesgo y rendimiento, propiciando una mayor eficiencia en los flujos de capital y que los recursos fluyan cada vez con mayor facilidad hacia proyectos públicos y privados cuyo desarrollo implica generación de empleo y bienestar.

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