• Nov. 20, 2017, media noche

Las sociedades tradicionales o economías atrasadas se han caracterizado por tener un ingreso per cápita estacionario. La primera Revolución Industrial es un término utilizado para representar el período de transición entre la sociedad tradicional y la sociedad industrializada caracterizada por tener un ingreso per cápita creciente. Esta Revolución Industrial no afectó a todos los países por igual. Se crearon dos polos, uno con economías muy avanzadas y otro con economías muy atrasadas. La economía del desarrollo es un término utilizado para representar el esfuerzo de muchos economistas que desarrollaron teorías y modelos conceptuales para explicar cómo los países o regiones atrasadas podrían acelerar su crecimiento del ingreso per cápita. A su vez, la economía del crecimiento es el área de pensamiento que ha tratado de explicar cómo los países industrializados consiguieron salir de la trampa de la pobreza.

En sus comienzos (1940-1960) ambos paradigmas, la economía del desarrollo y la economía del crecimiento coexistieron al mismo tiempo. Rosenstein-Rodan, Hirschman y Myrdal teorizaron en el mismo período que Samuelson formalizaba el modelo de Heckscher-Ohlin del comercio internacional y Solow elaboraba el modelo neoclásico de crecimiento económico.

Sin embargo, la economía del desarrollo desapareció de la escena para 1980 cuando justamente despegaban las ideas modernas sobre el crecimiento. Aunque hubo muchos factores responsables de este cambio, es importante subrayar que ideas hoy en boga en los textos de crecimiento fueron ya desarrolladas en el paradigma desarrollista. Conceptos tan importantes como los de economías de escala (o sea funciones de costos decrecientes en la industria), complementariedad estratégica y economías de oferta estuvieron en el centro del pensamiento de los economistas del desarrollo. Quizás esto señala el quiebre entre uno y otro paradigma ya que la economía del desarrollo se basó en los supuestos del mercado competitivo y se requería modelar a mercados imperfectos para lo cual no contaban ni con el instrumental matemático ni con los principios de la organización industrial ni con los sistemas informáticos de la actualidad.

Esta fue la limitación de la teoría del Big Push de Rosenstein-Rodan, que se apoyó en dos supuestos importantes para su idea de la coordinación de programas de inversión: 1) el de economías de escala internas a la empresa, 2) una oferta ilimitada de la mano de obra que se extrae de la agricultura a la industria. Hay una interacción entre la oferta de trabajo y la economía de escala que crean una externalidad de demanda. El fallo de coordinación se presentaba al fallar estos supuestos. Las ideas de Hirschman van por el mismo camino. Sus ideas sobre encadenamientos inter-industriales y externalidades de demanda aluden implícitamente a las economías de escala.

El trabajo más famoso y que más perduró al menos entre los políticos fue el de Arthur Lewis con el supuesto de “surplus labor”. El supuesto base es que el costo de oportunidad del salario en el campo es cercano a cero, en consecuencia la migración campo-ciudad crea un beneficio social mayor al beneficio privado ya que los salarios industriales son superiores al del campo justificándose la protección a la industria incipiente.

Sin embargo, la idea más controvertida fue la de Albert Hirschman sobre encadenamientos interindustriales hacia adelante y hacia atrás. Los encadenamientos hacia atrás se crean cuando la demanda de una industria hace posible la existencia de otra industria o sector con la escala mínima de producción. Los encadenamientos hacia adelante se dan cuando una industria, por su eficiencia, reduce los costos de potenciales demandantes de sus productos o insumos. Es una interacción entre escala y tamaño de mercado. Otros economistas sostenían que las interacciones verticales eran más importantes que las horizontales de Rosenstein-Rodan.

Las ideas de Hirschman, que suponen externalidades en la cadena de insumos, llevó a la identificación de industrias estratégicas que suplen insumos a otras industrias y condujo a las tablas insumo-producto y la planificación del desarrollo, tan en boga en los años 1960. La controversia radica en la interpretación de los encadenamientos. Puede ser que la empresa A compre el producto en la empresa B; o bien, que la inversión en A, al impulsar el tamaño del mercado de B, induce a una más eficiente escala de producción. Lo importante es pensar la hipótesis en términos de escala y no de simple demanda, es decir en términos de complementariedad estratégica.

Todas estas ideas importantes no fueron olvidadas, como sugiere Krugman, sino que pasaron desapercibidas cuando fracasaron los esquemas de planificación y la ayuda al desarrollo. Fue la época de los grandes planes de ayuda al estilo de Kennedy y Johnson. La razón principal es que no pudieron desligarse de los modelos competitivos, los de rendimientos constantes de escala y rendimientos decrecientes a nivel del capital. Con el trabajo de Roberto Solow, en los 1960, se inician las versiones modernas del crecimiento económico.

Nicholas Kaldor había presentado una serie de “hechos estilizados”, que todo modelo de crecimiento debería explicar, entre otros: 1) el producto per cápita crece a largo plazo; 2) la relación capital/trabajo también crece continuamente; 3) el trabajo y el capital mantienen proporciones constantes en el PIB (distribución funcional del ingreso); 4) hay grandes diferencias en el crecimiento del PIB y de la productividad global (de todos los factores) entre países, especialmente entre países avanzados y atrasados.

El modelo de Solow presentaba otras características.: 1) el crecimiento del PIB se explica parcialmente por el trabajo y el capital y mayormente por un factor residual que llamó productividad global o de todos los factores; 2) este factor residual es exógeno al modelo, lo que significa que excluye cualquier política pro crecimiento. El factor residual sólo respondía a los descubrimientos científicos básicos; 3) al igual que con los desarrollistas, la teoría de Solow supone rendimientos constantes a escala pero decrecientes al nivel de los factores, de modo que en el largo plazo la productividad del capital decrece y también su rentabilidad; 4) lo anterior implica que en los países atrasados la productividad del capital es mayor que en los avanzados y también su rentabilidad; 5) el flujo de capital externo aumenta hacia los países atrasados debido a la mayor rentabilidad del capital.

Estas características originaron el descubrimiento de un nuevo concepto muy importante: el de la convergencia. Había dos preguntas a ser respondidas: 1) ¿Por qué crecen los países a lo largo del tiempo?, y 2) ¿Convergen los países atrasados al nivel de ingreso y al nivel de vida de los avanzados? El modelo de Solow responde de manera  insatisfactoria ambas preguntas.

El supuesto de rendimientos decrecientes conduce al estado estacionario, o sea cuando ya no hay crecimiento y se contradice con la realidad económica en ambos casos. Como sostiene Robert Lucas, por el momento habían dos teorías de producción: una consistente con las características de las economías atrasadas y otra consistente con las de las economías más avanzadas. Pero lo que se necesitaba era comprender el período de transición, es decir, la convergencia.

En los países atrasados la tasa de fertilidad es alta por lo que los aumentos de producción los absorbe el crecimiento demográfico y no el ingreso per cápita. Solow en su modelo mantiene constante la tasa de fertilidad y, por ende, la oferta de trabajo. Con un crecimiento estacionario en la oferta de trabajo, la acumulación del capital no garantiza el crecimiento sostenido del ingreso per cápita. Es decir, el crecimiento del capital está inversamente relacionado con el nivel del capital por trabajador. Esto lleva al modelo de Solow a una relación negativa entre la renta inicial y su tasa de crecimiento, relación conocida como convergencia: las economías con un stock de capital por persona ocupada bajo tendrán un PIB por trabajador creciendo más rápido que las economías avanzadas, por tanto hay incentivos para que el capital fluya desde los países ricos hacia los pobres. 

Esta predicción sobre convergencia derivada del modelo neoclásico es válida sólo cuando la única diferencia entre los países se debe a sus stocks iniciales de capital. Si la diferencia se debe a la tecnología empleada, al ahorro, o al crecimiento de la población la convergencia no se dará.

Como veremos en una segunda entrega, la ruptura de los rendimientos decrecientes del capital es la clave para las versiones actuales también llamadas endógenas del crecimiento económico.
 

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