• Dic. 13, 2017, media noche

Mi abuelita Vida cumplió 92 años en octubre pasado y no deja de sorprendernos. La Mamía, como cariñosamente le decimos algunos nietos y bisnietos, ha sido una mujer excepcional. Mujer de fe, amorosa, inteligente, audaz, positiva y tenaz, ha vivido a plenitud y ha gozado su vida a pesar de que no la ha tenido fácil. Ella ha sido parte importante de mi vida. Aunque nos ha tocado vivir en diferente país desde finales de los años setenta, voy a visitarla tantas veces tengo oportunidad de hacerlo; y ahora con la facilidad de las comunicaciones, ella está al tanto de nuestra vida por medio de Facebook y WhatsApp. No usa las aplicaciones, pero mi tía que vive con ella, le pasa los mensajes y la actualiza todos los días sobre los acontecimientos de la familia. Está pendiente de sus hijos, yernos, nueras, nietos y bisnietos. Le encanta leer libros de política e historia y los periódicos de Nicaragua. Hace dos años que estuve con ella mientras yo recibía el tratamiento de cáncer, cada vez que mi esposo o uno de mis hijos llegaba de visita, la mitad de las maletas iban llenas de periódicos. Le encanta coser y tejer; es la fecha y repara la ropa de toda la familia que vive cerca.

Hace tres semanas alguien puso en Facebook fotos de unos forros tejidos. Cuando las vi recordé que tenía dos banquitos redondos que necesitaban ser tapizados, y se me ocurrió que tal vez mi abuelita podía tejerlos. Le mandé la foto a mi tía y casi de inmediato me mandó mensaje de mi abuelita diciendo que sí podía hacerlo; me pidió las medidas y me mandó muestras de los colores de las lanas para escoger. Al ver tanta eficiencia, fui a buscar los banquitos y le tomé medidas a la circunferencia de los asientos. Me mandó a preguntar para cuándo los necesitaba, a lo cual le dije que se tomara su tiempo. Hace dos días recibí dos pares de forros y una nota de parte de ella que decía: “Te mando dos juegos de forros tejidos en diferentes puntadas, cualquier error me lo haces saber para corregir, pues es hasta ahora que estoy tejiendo por Internet.” Tan pronto desempaqué la caja donde venían, corrí a ponérselos a los banquitos... Les quedaron perfectos. 

Buscando el significado de diligencia encontré este que me gusto: “es el esmero y el cuidado en ejecutar algo, haciéndolo con prontitud y agilidad”. La diligencia es una virtud que todos podemos aprender y poner en práctica. La diligencia es sinónimo de excelencia; es lo contrario a la pereza, el descuido, desinterés, negligencia y lentitud.

Hay un principio que dice: “¿Has visto a alguien diligente en su trabajo? Se codeará con reyes y nunca será un don nadie.” (Proverbio 22:29). 

Ahora puedo entender por qué mi abuelita Vida, cuando se fue a Estados Unidos, al exilio, nunca le faltó trabajo. 

Esos dos pares de forros tejidos los guardaré siempre en un lugar especial.