• Dic. 13, 2017, media noche

Estimado lector, al final de cada año las empresas realizan sus sesiones de planeamiento estratégico y, como resultado fundamental de corto plazo, elaboran el presupuesto del próximo año. Sin embargo, recordemos a Peter Drucker, que siempre nos dice que no confundamos la estrategia empresarial con las simples proyecciones que realizamos para elaborar los presupuestos anuales. Además, recordemos que en estas tareas debemos incluir, no solo a la dirección superior y, peor aún, solamente al departamento de planeación y presupuesto, sino también a todos los niveles de la empresa y en especial a los que están diariamente en la “línea de fuego”, ya que la pasión en la ejecución es más importante que la perfección en el diseño de la estrategia o la elaboración del presupuesto, aunque reconocemos que los presupuestos son excelentes instrumentos de control, ya que lo que no se puede medir, no se puede mejorar.

Además, nosotros sabemos que para realizar estos ejercicios anuales, especialmente en países como los nuestros, que pertenecen al grupo de las economías “pequeñas y abiertas”, el análisis del entorno económico es fundamental.

Así mismo, también hemos dicho que para realizar este análisis es fundamental saber quién toma o influye seriamente en las decisiones de política económica, ya que las instituciones no toman decisiones y necesitamos saber cómo piensa esa persona. Y no olvidemos que, muchas veces, es más importante el riesgo de la empresa o la industria que el “riesgo país”.

De igual forma, hemos dicho que, al menos en países como los nuestros, con grandes limitaciones de recursos, como regla general, las principales fuentes de información para realizar este ejercicio son las fuentes oficiales de los Bancos Centrales y los Ministerios de Hacienda, por un lado, y las fuentes del Fondo Monetario Internacional (FMI), por el otro. Pero también es necesario indicar que, a medida que en estos países se van desarrollando los llamados “centros de pensamiento”, estos empiezan a jugar un papel relevante.  

En este sentido, los Bancos Centrales y los Ministerios de Hacienda pueden y deben jugar un papel fundamental como comunicadores de la información económica y como “moldeadores” de las “expectativas” económicas de corto plazo.  

En este sentido, cuando estuvimos al frente del Banco Central, nuestra prioridad fundamental, más que la administración de la institución en sí, era persuadir al presidente de la República que los proyectos de presupuestos nacionales, que se presentaban anualmente a la Asamblea Nacional, para su análisis, modificación y eventual aprobación, fueran consistentes con los programas que el país había suscrito con el Fondo Monetario para garantizar un buen manejo de la política económica, la estabilidad monetaria y cambiaria, el acceso a la cooperación internacional y la condonación de la deuda externa.  Recordemos que la ley del presupuesto nacional es la ley más importante que se aprueba anualmente, ya que contiene las prioridades del Gobierno de la República. Y hablamos de “persuadir” al presidente de la República, porque el Banco Central, jurídicamente, no tiene facultad ni responsabilidad alguna sobre el uso de los recursos del Gobierno, ni siquiera sobre los depósitos que el Gobierno mantenga en el Banco Cent
ral. En ese periodo el Fondo Monetario fue nuestro mejor aliado. En este sentido también le hemos comentado que, cuando necesitábamos abordar algún tema con el presidente, siempre solicitábamos que solo estuvieran presentes los ministros directamente involucrados con el asunto a tratar, incluyendo algunas veces al representante del FMI, pero evitando la presencia de “asesores”, que no tenían responsabilidad alguna y no dominaban lo que se discutiría. Y nuestra segunda prioridad era, permanentemente, comunicar a los agentes económicos la lógica de la política económica, los beneficios de cumplir con ella y las metas y proyecciones que queríamos alcanzar.

Siempre hemos creído que, para que esta información sea útil para el sector empresarial, es importante tratar de reducirla a un número “manejable” de variables macroeconómicas: el crecimiento real de la producción, la tasa de inflación y la tasa de cambio o la política cambiaria en general.

Sin embargo, en este sentido, debemos tener presente dos aspectos fundamentales.  El primero, que nadie tomara las declaraciones del presidente del Banco Central o del ministro de Hacienda como un acto de fe. Por lo tanto, es importante dar a conocer los supuestos fundamentales en los cuales están basadas las metas o proyecciones de las tres variables mencionadas, para que los agentes económicos puedan formar su propio criterio. Y el segundo, que una cosa es una “meta” y otra muy distinta es una “proyección”.

Sobre el primer aspecto ya hemos conversado y le hemos dicho que para sustentar el crecimiento económico, la tasa de inflación y la tasa de cambio que esperamos para el siguiente periodo, es necesario tener una idea del comportamiento de las exportaciones e importaciones, de la inversión extranjera directa, incluyendo las remesas, de la cooperación internacional y del comportamiento de las reservas internacionales. Pero también es fundamental tener una idea del déficit del sector público como porcentaje de la producción y una idea del crecimiento nominal del crédito interno, es decir, el crédito al sector público y al privado.

No obstante, ahora, el tema que deseamos incorporar es la diferencia que existe entre una “meta” en relación a una variable macroeconómica y una simple “proyección”.  Ambas requieren de un sustento en políticas económicas consistentes y realistas, ya que de lo contrario carecen de valor alguno, pero las autoridades a cargo de la política económica solo están asumiendo un verdadero compromiso en relación a las “metas”.  Esta diferencia parece carecer de importancia, pero es crucial. Para profundizar en este tema le recomendamos leer la obra de Ben Bernanke, expresidente de la Reserva Federal de Estados Unidos y otros colegas, titulado, “Inflation targeting”. 

Sin embargo, para motivarlo y concluir con estas reflexiones le comentamos lo siguiente: primero, que cuando estuvimos al frente del Banco Central, el crecimiento económico y la inflación eran simples “proyecciones”, basadas en la política económica que estábamos poniendo en práctica (fiscal, monetaria, comercial y laboral); pero la tasa de devaluación, la cual logramos reducir del 12 al 6 por ciento anual, era una “meta”, es decir, un compromiso del Banco Central. Para que este compromiso fuese cumplido, necesitábamos el respaldo del Ministerio de Hacienda. Por ello, nunca sobreestime la influencia del presidente del Banco Central, ni subestime la del ministro de Hacienda y mucho menos su colaboración, ya que cuando el ministro de Hacienda falla, es muy difícil cumplir con las metas establecidas. En otras palabras, nuestra política cambiaria era nuestra “ancla nominal” para “moldear” las expectativas de los agentes económicos.  Sin embargo, últimamente, a nivel conceptual, se han puesto de moda otras anclas 
adicionales, como el crecimiento en la oferta monetaria, o la base monetaria, que forma parte de la primera, o la tasa de inflación “esperada”; pero nosotros siempre hemos creído que, en una economía “pequeña y abierta”, donde no se tiene control sobre la oferta monetaria y solo se puede controlar el crédito doméstico y además, el precio más importante es la tasa de cambio, es mejor utilizar como “ancla” esa tasa de cambio. 

nramirezs50@hjotmail.com

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