• Dic. 20, 2017, media noche

Cuando conocí a Jesús, de forma práctica y aterrizada, hace 22 años, comencé a ponerle atención a las personas que decían que Dios hablaba. Al principio me parecía algo ilógico, pero claro está que Dios “no es lógico”; me decían que Él podía hablarte de diferentes maneras: por medio de otras personas, a través de canciones (alabanzas), pasajes de la Biblia (ahí está Su Palabra), en sueños y visiones, pero lo que menos me hizo “click” fue cuando alguien me dijo que también podía hablarle a mi espíritu, “casi de forma audible”. Todo me parecía creíble, pero esto último lo vi como una exageración.

Hace 21 años, un sobrino muy querido, a los tres meses de nacido, se enfermó de neumonía. Lo hospitalizaron unos días, estaba muy mal. En ese tiempo yo trabajaba en el Centro Banic y vivía en la Carretera Sur. Recuerdo que el sábado al mediodía salí de trabajar y agarré rumbo a mi casa.

En el camino “escuché” una voz en mi espíritu que me dijo: “Anda ora por Ricardo”. Me pareció raro, pero seguí mi camino. Nuevamente escuché lo mismo y mi corazón comenzó a palpitar muy fuerte, y otra vez  “anda ora por Ricardo”… me detuve y casi que me dije yo misma, ok voy a ir al hospital a ver cómo está, de todas maneras pensaba hacerlo después de almuerzo junto con mi esposo. Cuando llegué a la habitación, estaban mi cuñado y concuña, mi suegra, y un par de amigas.

Escuché que estaban muy preocupados esperando al médico, quien había dicho que tendría que cambiarle los antibióticos porque no estaba respondiendo. Me senté en la cama de visita mientras escuchaba la conversación, y nuevamente la voz: “Ora por Ricardo”, sentía como taquicardia, entonces me levanté al baño y me comenzaron a salir lágrimas sin parar; me lavé la cara y salí. Por dentro yo pensaba ¿Cómo voy a orar por Ricardo? no sé cómo hacerlo… me da pena, van a decir que estoy loca… en ese tiempo no sabía exactamente qué significaba orar, pero sentí que si no lo hacía me iba a morir yo más rápido de un ataque cardíaco.  Cuando salí del baño le dije calladito a mi cuñado: haceme un favor, sácame a estas mujeres de aquí que voy a orar por Ricardo.

Cuando todos habían salido, me acerqué a la cama y le dije a Sandra (la mamá del niño), con mucha convicción,  voy a orar por Ricardo; tomé su mano y junto a la mía la puse en el pecho del bebé y comencé a orar. No recuerdo todo lo que dije, pero fue algo como “Señor,  vos sabés cuánto tiempo esperaron a este niño, no vas a venir ahora a quitárselos, tenés que sanarlo en el nombre de Jesús”, y comencé a llorar junto a su mamá. Cuando terminé me volví a sentar en la cama de visita a esperar que llegara el médico. Me sentía liviana y con una paz inexplicable. El médico llegó y se sorprendió de ver al bebé reaccionando; en un par de días salió del hospital. Siempre hubo algo especial entre ese niño y yo. Estoy convencida que esta experiencia tuvo mucho que ver.

Ese momento marcó un antes y un después en mi relación con Dios. Entendí que Dios no es complicado e inalcanzable como pensaba; aprendí que cuando nosotros nos disponemos a ser instrumentos de Él aquí en la tierra, nos va a usar, y ¡qué privilegio ser usados por Dios!

Ese bebé del que les hablo falleció esta madrugada en un accidente de tránsito, a sus 21 años. Hoy amanezco con mi corazón entristecido, habiendo querido tener la oportunidad otra vez de ser instrumento de Dios, pero yo creo “que la riqueza, la sabiduría y el conocimiento de Dios es grande. ¡Es realmente imposible para nosotros entender sus decisiones y sus caminos!” Romanos 11:33

Aunque su vida fue corta, yo sé que impactó muchas vidas comenzando por la mía.