• Dic. 20, 2017, media noche

Estimado lector, como usted sabe, la mayoría de edad no solamente la alcanza el ser humano, al alcanzar una determinada edad biológica, de acuerdo a la constitución de cada país, sino que también la alcanzan las organizaciones y los Estados, cuando llegan a institucionalizar cierto tipo de comportamiento.  Pues nosotros creemos que lo mismo ocurre con la política económica.

¿Cuándo podemos decir que un país ha alcanzado la “mayoría de edad” en política económica?

Para responder a esta pregunta, que es fundamental para atraer la inversión nacional y extranjera y alcanzar un crecimiento en forma sostenible, como dicen en mi pueblo, Masatepe, debemos comenzar por el principio y terminar por el final.

Y el principio es la adolescencia, es decir, la época en que cometemos muchos errores, que casi siempre se justifican diciendo, “es que es un o una adolescente”.  Sin embargo, aun en esta etapa de la vida, cuando casi todo se justifica y hasta se admira, podemos cometer errores que nos afectan para toda la vida.

¿Y cuándo un país es “adolescente” en política económica?

Pues bien nosotros creemos que un país es adolescente en política económica cuando, al menos un partido político con la posibilidad real de llegar al poder, se comporta como adolescente, aunque el resto de las agrupaciones políticas ya hayan llegado a la mayoría de edad o hayan nacido siendo ya mayores.  En estos casos y en el mejor de los casos, siempre tendremos la posibilidad de que el partido adolescente destruya todo lo que se ha construido con los partidos que cuando han estado en el poder, se han comportado como mayores de edad.  En este caso, el país como un todo no será considerado como un país “brújula”, que siempre va por el buen camino, sino como un país “péndulo”, que durante un tiempo va por un buen rumbo, pero existe la posibilidad real que durante otro periodo vaya por un rumbo desastroso.  

La “brújula” atrae a la inversión y promueve el crecimiento económico y la generación de empleo que, a nuestro juicio, es la mejor política social que puede desarrollar un gobierno.

El “péndulo”, por el contrario, ahuyenta la inversión, destruye el crecimiento sostenible y acaba con la posibilidad de generar empleo productivo.  Lo único que florece es la especulación y el subempleo.

Afortunadamente en la actualidad, la mayoría de los países se están acercando a la categoría de “brújulas” y eso nos obliga a ser cada día más responsables con la política económica, ya que la competencia por atraer las inversiones es cada día mayor.  Desafortunadamente todavía existen algunos casos que insisten en ser “péndulos”, o peor aún, que se aferran en ir en contra de la “brújula”, porque ellos son “diferentes” y las leyes del funcionamiento de la economía a ellos no se les aplican.  Y cuando empiezan a ver los resultados con una caída en la producción, una gran inflación y una profunda escasez, las causas se las atribuyen a fuerzas externas.  Y como la historia nos ha demostrado en repetidas ocasiones, en este último caso, eventualmente, se pierde el poder, pero el daño es enorme y la recuperación es larga y dolorosa.

A estas alturas, usted intuitivamente ya sabe a qué nos referimos cuando hablamos de un país “péndulo” y de un país “brújula”, pero tratemos de no definir, pero sí de delinear un poco más, que significa ser adolescente y que significa tener mayoría de edad en el manejo de la política económica.

Ser mayor de edad, significa:

Reconocer que la única forma de crear empleo y reducir la pobreza de forma sostenible, es promoviendo la inversión privada, ya que nadie está haciendo fila para ir a invertir a un país y utilizar la inversión publica (no el gasto corriente) como su complemento.

Reconocer que para que la inversión privada, nacional o extranjera, vaya a un país, esta debe ser, primero segura, y luego rentable.

Reconocer que la mejor política social que puede impulsar un gobierno, es aquella política económica que promueva la inversión privada, y por lo tanto la creación de empleo y la reducción de la pobreza.

Reconocer que si bien es cierto, la estabilidad monetaria, o estabilidad macroeconómica, no es un fin en sí, es la condición necesaria para promover y alcanzar el crecimiento económico en forma sostenible.

Reconocer que así como con la democracia, con todas sus limitaciones, al día de hoy, es la mejor alternativa que tenemos en el plano político, así también, la economía de mercado, con todas sus limitaciones, es la mejor alternativa que tenemos en el plano económico.

Y reconocer que no hay nada más político que la política económica.

Aquellos países o partidos políticos que todavía no reconocen estos postulados fundamentales y evidentes, y que todavía creen que la economía se maneja por decreto, que la inflación desaparece por controles de precios y que la clase laboral estará mejor con simples incrementos en los salarios nominales, todavía son adolescentes y todavía hacen que sus países, desafortunadamente, sean considerados “péndulos” y no “brújulas”. 

nramirezs50@hotmail.com 

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