• Dic. 27, 2017, media noche

Nunca antes le había puesto mente a los tres hombres sabios, comúnmente llamados los reyes magos, que visitaron al niño Jesús y le llevaron regalos. Estoy segura que todos, independientemente de nuestras creencias, hemos escuchado la historia del nacimiento de Jesús, donde ellos son parte importante. 

En estos días leí algo que me impactó el corazón respecto a lo que estos tres hombres hicieron, y sentí que debía escribir sobre eso. Regresé a leer el pasaje en Mateo 2:1-12 que dice así: “Después de que Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, llegaron a Jerusalén unos sabios procedentes del Oriente. —¿Dónde está el que ha nacido rey de los judíos?—preguntaron—. Vimos levantarse su estrella y hemos venido a adorarlo. Cuando lo oyó el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalén con él…. Luego Herodes llamó en secreto a los sabios y se enteró por ellos del tiempo exacto en que había aparecido la estrella. Los envió a Belén y les dijo: —Vayan e infórmense bien de ese niño y, tan pronto como lo encuentren, avísenme para que yo también vaya y lo adore. Después de oír al rey, siguieron su camino, y sucedió que la estrella que habían visto levantarse iba delante de ellos hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de alegría. Cuando llegaron vieron al niño 
con María, su madre; y postrándose lo adoraron. Abrieron sus cofres y le presentaron como regalos oro, incienso y mirra…”.

Si analizamos el evento simplemente como “un cuento”, que buen gesto de estos tres hombres llevarle regalos al niño Jésus; esto es lo que yo pensé hasta ese día que al leer sobre ellos se me abrieron los ojos.  Se imaginan lo complicado que era en ese tiempo ir de un lugar a otro sin tener a la mano un “Google map” o Waze; sin embargo, Dios que piensa en todo, colgó en el cielo una estrella más brillante que las demás que los guió para llegar a su destino.

Estos tres sabios caminaron en la oscuridad por cienes de kilómetros con sus ojos fijos en la estrella para no perderse. Pudieron haber desistido en el camino; darse por vencidos, llenarse de temor o de duda, pero decidieron continuar hasta llegar a su destino. Se arrodillaron delante de Jesús y le entregaron los regalos que llevaban como muestra de amor y adoración. Qué ejemplo más grande el que nos dieron, pero cómo los hemos menospreciado todo este tiempo. 

Para mí esa estrella es el mismo Jesús y nosotros podemos ser esos hombres sabios. Por muchos años hice el intento de buscar “la Estrella”, generalmente cuando estaba pasando por una situación difícil o tenía una pila de problemas. Llegaba a ella, encontraba paz y cuando todo se resolvía seguía mi camino. Repetí este ejercicio cienes de veces en mi vida, hasta que me di cuenta que todo lo que yo necesitaba se encontraba al pie de “la Estrella”. En estos días pensaba que en los últimos tres años he pasado por situaciones sumamente difíciles: un cáncer de seno, el fallecimiento de mi mamá ante un cáncer fulminante, la muerte del hijo menor de una amiga, que es una hermana para mí, y hace una semana, un sobrino muy querido que falleció en un accidente. Creo que nunca antes en mi vida había experimentado tanto dolor tan seguido.

Ahora veo para atrás y me doy cuenta que el haber tomado la decisión de permanecer a los pies de ”la Estrella”, me ha dado la fortaleza, la paz, la serenidad, la paciencia y el amor que necesito para enfrentar cada día, las cosas buenas y las no tan buenas.

“La Estrella” está disponible para todos, solo debemos tomar la decisión, buscarla y permanecer.
 

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