• Ene. 2, 2018, media noche

Cada año me sorprende la cantidad de mensajes, especialmente videos, que recibo el 31 de diciembre, una buena parte de ellos se repiten una y otra vez; este año el que recibí más veces fue el de un reloj. Si bien el contenido puede variar, el mensaje principal es esperar el Año Nuevo que nos traerá cosas buenas para que seamos felices. Me detuve a pensar en el significado más común de prosperidad y me di cuenta que para la mayoría de las personas la palabra prosperidad está ligada a dinero y bienes materiales.

Este año, mi esposo, hijos y yo tuvimos la oportunidad de compartir con la familia de uno de mis cuñados. Él y su esposa son pastores de una iglesia que fundaron en Ciudad Obregón, México, hace muchos años. Sus cuatro hijos y dos yernos se dedican tiempo completo a servir a Dios. También fundaron un colegio con un sistema educativo innovador donde los principios cristianos son la base de la enseñanza. Desde el día que llegamos fue como entrar en otra dimensión; para mí fue como “bajarme del mundo” agitado, estresado, afanado en el que a veces nos sumergimos. Confieso que me tomó unos días terminar de aterrizar en un ambiente de amor, paz, y tranquilidad.  Y no es que esta familia viva en una nube, como ángeles tocando arpa; ellos tienen sus retos como los de cualquiera de nosotros. Tienen sus luchas, sus temores, sus preocupaciones, pero la gran diferencia es que viven para servir a Dios y a los demás. Tienen sus vidas cimentadas en Jesús y todo lo que hacen lo hacen como para Él.

Hace muchos años mi esposo yo nos dimos cuenta que el significado de prosperidad es más que dinero y bienes materiales. Esta última semana del 2017 nuestra familia pudo experimentar de forma palpable lo que significa la verdadera prosperidad. 

Ser próspero es:

1.    Vivir para los demás; para dar y no para recibir.
2.    Luchar cada día para mantener el matrimonio. Ceder y perdonar las veces que sea necesario; amar sin condición
3.    Enseñar a nuestros hijos, con nuestro ejemplo, los principios y valores que Dios nos dejó en su Palabra.
4.    Ver a nuestros hijos encaminados en el propósito que Dios tiene para sus vidas. 
5.    Despertarnos cada mañana ofreciendo nuestro tiempo, energías y recursos para servir a otros donde sea que Dios nos haya plantado.
6.    Compartir de lo que nos falta, no de lo que nos sobra.
7.    Poner a Jesús en primer lugar en nuestra vida; dedicarle tiempo, escucharlo y obedecerle.

Este domingo, el pastor (mi cuñado) al final de su mensaje cerró con una reflexión que le envió un amigo, el mejor mensaje de fin de año que recibí. En resumen dice que, cuando hacemos lo bueno nos convertimos en dadores; cuando solo buscamos la felicidad somos “recibidores”. Entonces, no es desear “Que tenga un Feliz Año”, es más bien “Que tenga un Buen Año”, porque si compartimos nuestro tiempo y recursos para bendecir a otras personas, sin esperar nada a cambio, estaremos haciendo lo bueno y por ende seremos felices.

Hay un pasaje de la Biblia que me encanta que dice “Amado, deseo que seas prosperado en todo (en tu vida, en tu matrimonio, en tu negocio, en tu trabajo, etc.), y que tengas salud, a la vez que tu alma prospera (amar a Dios y obedecer sus principios).” 3 de Juan 1:2. Deseamos que, en este 2018, nuestro propósito no sea buscar la felicidad, sino más bien, ser instrumentos para lograr la felicidad de otros, y les garantizamos que eso traerá verdadera felicidad y éxito a nuestras vidas.

¡Que tengan un BUEN Año!

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