• Ene. 3, 2018, media noche

Estimado lector, durante esta época es costumbre hacer un regalo a nuestros familiares y amigos y aprovechando esta oportunidad, deseamos como regalo de nuestra parte, recomendarle leer el libro El arte de la prudencia, del jesuita Baltazar Gracián, publicado por primera vez en 1647 y reeditado en el 2007 por Ediciones Temas de Hoy. Su lectura fortalecerá su posición competitiva, no solo en el mundo de los negocios, sino en la vida en general; a pesar que como nos dice Gracián, en uno de sus 300 aforismos, “ningún libro puede captar la riqueza del mundo”, por eso nos dice que “el lector prudente no es quien sigue a la letra cualquiera de los consejos del moralista, sino quien, asimilando sus estratagemas y maniobras textuales, responde como él a las peculiaridades únicas de diferentes situaciones”. 

Usted siga estos consejos al pie de la letra, aunque esté leyendo nuestros libros o nuestros artículos. Le decimos esto porque la consistencia es fundamental.

Así como el arte de la prudencia es fundamental y Gracián nos dice que “no hay más buena o mala suerte que la prudencia o la imprudencia”, el arte de la paciencia en los negocios también lo es, y de ello queremos conversar con usted, en esta oportunidad.

Recientemente nos invitaron a tomar un café tres jóvenes banqueros, para conversar sobre el entorno macroeconómico y la situación de la industria bancaria. Nosotros les brindaríamos nuestras impresiones sobre la situación económica y ellos nos brindarían sus impresiones sobre la situación actual y el futuro de corto plazo de la industria que ellos conocen perfectamente. El capuchino, como siempre fue excelente, pero la conversación fue mucho mejor, ya que en muy poco tiempo aprendimos mucho sobre el negocio bancario y nos dimos cuenta que esta nueva generación de banqueros es, como diría Rosabeth Moss Kanter, profesora de la escuela de negocios de Harvard, realmente de calidad mundial. Son unos verdaderos banqueros, conscientes de que están trabajando con “el dinero de otros” y que su negocio es básicamente “un negocio de confianza”.

Este comportamiento dista mucho del que observamos en algunos presidentes y directores de bancos hace ya algún tiempo, que olvidaron que trabajaban con el “ahorro de otros” y que, al verse enfrentados a los problemas por ellos mismos creados, cayeron en la “gerencia desesperada”, otorgando grandes financiamientos a ellos mismos o a personas que no eran sujetos de crédito.

En cambio, estos nuevos “tres mosqueteros” de la banca nos dejaron muy claro que, para ellos, la rentabilidad es más importante que el tamaño y que el crecimiento, para que valga la pena debe ser rentable, ya que, de lo contrario, en lugar de crear valor para la empresa y sus accionistas, puede llegar a destruirlo. Esto es algo que con frecuencia lo leemos en los libros de gerencia que se publican a diario, pero es muy satisfactorio encontrarlo en el comportamiento de estos tres jóvenes banqueros. Ellos nos contaron de líneas de negocios a las que han renunciado, aunque ello signifique renunciar a un mayor crecimiento, simplemente porque no eran rentables. Este comportamiento que parecería natural, es de lo más difícil de encontrar en el mundo gerencial. Ya que, como decía Luis Valls, presidente del Banco Popular español, cuando esta institución era considerada el banco más rentable del mundo, “lo más difícil es decir no, pero esa es mi tarea.  Yo bajo dos días de la semana a Madrid para decir no a lo que tengo que decir no”. Sin embargo, no hay que bajar la guardia y el Banco Popular bajó la guardia un tiempo después y por ello tuvo que ser adquirido por Ana Botín por uno o dos euros, para salvaguardar al sistema bancario español. Por lo tanto, el buen comportamiento debe ser permanente y para poder decir no, debemos tener el carácter suficiente para tener paciencia.

Un ejemplo similar nos lo brinda Warren Buffet con sus compañías de seguros. Como usted sabe, el negocio de los seguros es una industria con un flujo de caja maravilloso, la famosa “float”, si la sabemos administrar, ya que primero recibimos las “primas” que nos pagan los asegurados, con el compromiso que si en el futuro ocurren los “siniestros”, les debemos entregar los montos acordados. Pero si el riesgo lo hemos valorado correctamente y el precio que le hemos asignado es adecuado, este será muy bajo y mientras tanto podremos invertir, con prudencia y paciencia, todo ese flujo anticipado que estamos recibiendo y cuyo costo financiero es la “siniestralidad” que debemos pagar cada año. Por ello, Buffett nos dice que los factores clave de éxito en esta industria son primero el tamaño de la “float”, es decir, las primas recibidas, segundo, su costo y tercero, el comportamiento a largo plazo de estas dos variables y que ello es lo más importante. 

Además, según Buffett, que es el inversionista por excelencia, este negocio vale la pena, solo si el costo de las primas recibidas, que no nos pertenecen, es menor que el costo de otras alternativas de financiamiento, ya que él supone que todas sus inversiones generarán rendimientos excelentes. Sin embargo, el riesgo con este tipo de negocio es que estamos hablando realmente de un “commodity”, donde el precio de la póliza es el factor que rige a la competencia y donde cíclicamente se cae en “guerras de precios” que “obligan” a la mayoría de la compañías de seguros, especialmente a aquellas que sienten la imperiosa necesidad de crecer permanentemente, a continuar emitiendo pólizas con primas muy bajas que no son consistentes con los riesgos futuros que se están asumiendo, elevando el costo de la “float” y debido a que los riesgos se concretizan en el futuro, los directores y gerentes de estas empresas, creen que se están “luciendo”, cuando en realidad están haciendo todo lo contrario.

Y es aquí donde entra en juego la prudencia y la paciencia de Buffett, ya que cuando las primas caen, Buffett prefiere no crecer, esperando a que la competencia se reduzca con la salida del mercado de varias compañías de seguro, para luego crecer vigorosamente cuando las primas de nuevo se incrementan sustancialmente.  Esta estrategia de la paciencia ante la imperiosa necesidad del crecimiento permanente, le ha permitido a Buffett obtener utilidad en el proceso de la emisión de pólizas, haciendo que el costo de la “float” sea cero o negativa. Parece magia, pero es la verdad. Pero para ello, se necesita saber tener paciencia y no estar sujeto a la presión del grupo. Por eso es que Buffett siempre dice que prefiere un rendimiento irregular promedio de 15 por ciento, que uno permanente de 12 por ciento. Y como su mayor virtud es la paciencia, no acostumbra llevar una agenda de trabajo y como ya lo hemos dicho, lo que le gusta es leer estados financieros, en lugar de leer revistas de “playboy” y, en lugar de administrar, simplemente le gusta asignar los recursos de capital y escoger a sus gerentes generales.  

nramirezs50@hotmail.com