• Ene. 17, 2018, media noche

Me atrevo a decir que la mayoría de nosotros conoce la historia de David y Goliat, ya sea porque la leímos en la Biblia o la escuchamos en el colegio. Goliat era el filisteo, gigante, que tenía aterrado al ejército israelí. Con solo la descripción que está escrita de este hombre, puedo entender que estuvieran horrorizados. Los retaba constantemente para que mandaran a un guerrero a luchar contra él, pero por supuesto que nadie se atrevía, al ver a semejante espécimen cubierto de metal de pie a cabeza, hasta que apareció David. Este muchacho, cuyo oficio era cuidar ovejas, dijo que él pelearía contra Goliat; fue con el rey Saúl y se ofreció. Aunque Saúl lo miró con escepticismo, asumo que no le quedó otra opción más que aceptar la oferta del muchacho y para ayudarlo lo vistió con su armadura y le dio sus armas.

El pobre no pudo dar paso de tanto peso que llevaba encima, entonces se quitó todo, buscó cinco piedras lisas, tomó su honda y se fue al encuentro del gigante. Cuando Goliat lo vio, le gritó con desprecio y lo amenazó, pero ese muchacho de apariencia frágil, pastor de ovejas, sin ninguna experiencia de batalla le dijo con firmeza, y lo copio textual: “Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina, pero yo vengo a ti en el nombre del Señor Todopoderoso, el Dios de los ejércitos de Israel, a quien has desafiado. Hoy mismo el Señor te entregará en mis manos;” agarró la piedra, enfundó la honda y le disparó en la cabeza, derribando a Goliat, y luego lo mató con su propia espada. Pueden leer la historia completa en 1 Samuel 17:1-58

Hace un tiempo conocí a una mujer que batalló por años con el alcoholismo y un día me dijo que el licor era su Goliat, porque era un gigante con el que había luchado por años. Me impresionó mucho esa analogía. Hace unos días comencé a leer un libro que se llama “Goliat debe caer: gana la batalla contra tus gigantes”, de Louie Giglio, y en el libro, el autor desarrolla lo que considera gigantes en la vida de una persona:

1.    El temor

2.    El rechazo

3.    La comodidad (la falta de compromiso, quedarnos en nuestra zona de seguridad)

4.    La ira

5.    La adicción

Yo agregaría el rencor y el dolor.

De lo anterior, lo que considero ha sido mi Goliat, es el temor. He batallado contra él en diferentes etapas de mi vida y por diferentes motivos; pero cuando fui diagnosticada con cáncer de seno hace tres años, lo lógico era que el Goliat del temor me amenazara nuevamente y yo hubiera caído rendida a sus pies, como habría de esperarse en una situación como esta. Pero algo pasó, salió el David que tenía adentro; en la debilidad que sentí (física, mental, emocional) en los meses de tratamiento, desde las cirugías hasta la quimioterapia, encontré fuerzas en Jesús, en su nombre y agarrada de su mano pude derribar al gigante del temor las veces que me quiso amedrentar. Pablo nos dice en 2da de Corintios 12:9-10 “….pero Él (el Señor) me ha dicho: “Con mi gracia tienes más que suficiente, porque mi poder se perfecciona en la debilidad.”… Por eso, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en las afrentas, en las necesidades, en las persecuciones y en las angustias; porque mi debilidad es mi fuerza.” 

En el último año, el gigante del temor se ha estado asomando constantemente en mi vida, tratando de amedrentarme con sus amenazas; y debo confesarles que a veces siento que me va a vencer, pero agarro mi honda (la oración que me permite depositar todos mis temores en manos de Jesús), y las piedras (las promesas que Dios nos dejó en su palabra), y con el escudo de la fe me enfrento a Goliat.

¿Cuál es su Goliat?

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