• Ene. 17, 2018, media noche

Estimado lector, durante estas navidades, uno de los mejores regalos que obtuve lo recibí de nuestro nuevo y joven amigo Colton Kaplan, amigo de mis nietas, Valeria y Daniella, quien estudia en Purdue y espera crear una cadena de restaurantes merecedores de la Estrella Michelin.  Luego de tratar a Colton y ver la clase de libro que nos obsequió, estamos seguros que logrará su objetivo. Pues bien, el regalo consistió en una copia del libro “Principles” de Ray Dalio y para que tengamos una idea de lo que estamos hablando, deseamos compartir con usted el comentario de Bill Gates sobre esta obra, “Ray Dalio me ha proporcionado una guía invaluable y grandes conocimientos que ahora están disponibles para usted en estos principios”.  

Ray Dalio fue el fundador y CEO de Bridgewater Associates, uno de los “hedge funds” más grandes y exitosos del mundo.  Dalio nos dice que ha llegado a la etapa de su vida donde lo más importante no es su éxito personal, sino ayudar a otros a alcanzarlo y esa es su definición de “heroísmo”.  Por eso decidió escribir este primer libro en el cual comparte con nosotros sus principios en la vida y el trabajo, y nos anuncia que pronto nos entregará un segundo libro sobre sus principios en economía y finanzas, que también leeremos ávidamente.  

El cree que cuando uno se retira, y uno debe saber cuándo retirarse para que no te retiren, debes quedar como un “mentor” disponible a las nuevas generaciones, por si son lo suficientemente inteligentes para recurrir a tus consejos.

Segun Dalio, existen tres categorías de gerentes generales, los que han desarrollado un equipo que ya no necesita de él para a hacer lo necesario correctamente; los que personalmente hacen todo lo necesario correctamente y, finalmente, los que personalmente hacen lo innecesario correctamente o lo necesario incorrectamente.  ¿En qué categoría está usted?  Esperamos que esté en la primera, de lo contrario póngase a trabajar en este campo, antes que otro lo haga por usted y sin usted.

Así mismo nos dice que, la madurez se alcanza cuando somos capaces de rechazar buenas alternativas, para alcanzar otras mejores.  También nos dice que lo más importante y la principal habilidad en el proceso de la toma de decisiones es saber cuándo no tomar solo tus propias decisiones.  Sin embargo, también nos dice que cuando solicitemos opiniones debe ser a personas “creíbles”, es decir, a personas que gozan de competencia en ese campo, porque ya lo han hecho repetidas veces y en forma exitosa.  En este sentido, recordamos una conversación que sostuvimos hace mucho tiempo con nuestro querido amigo, el doctor José Nicolás Marín, en ocasión que una jovencita amiga nuestra sería sometida a una operación y el doctor Marín me decía, “Noel, a quien escogerías, al doctor “X” que ha realizado esta operación solo dos veces, o al doctor “Y” que, exitosamente, ya la ha realizado cien veces”.  Por eso tenga cuidado cuando pida consejo y tenga cuidado de cierto tipo de “asesores”.

Por eso, y como le comentamos recientemente, Dalio dice que las decisiones no se deben tomar ni autoritaria ni democráticamente, sino recurriendo a la “meritocracia”, o lo que llama “the believability weighting decision making process”, es decir, valorar la opinión tomando muy en cuenta la “credibilidad” de quien la emite.

Dalio utiliza este mismo criterio para escoger a su personal y asignarle responsabilidades.  En este sentido nos dice que porque alguien sea un excelente center fielder, no por eso tiene que ser el cuarto bate.  De la misma forma, si alguien es muy bueno en las conceptualizaciones globales, no lo debemos asignar a resolver detalles en la organización, ni viceversa.  Y este es uno de los errores más comunes que cometemos en el mundo corporativo, ya que, de pronto, porque alguien era muy bueno en producción, lo vemos asumiendo el papel de presidente o gerente general de la empresa.  Recordamos una campaña presidencial en Costa Rica, país al que mucho queremos y admiramos, y donde el lema de campaña de uno de los partidos era, “ahora le toca a…” y lógicamente se perdieron esas elecciones, a pesar de que el candidato era uno de los mejores economistas que tenía el país.  Por otro lado, cuando estuvimos al frente del Banco Central, a la hora pedir un consejo, tomábamos más en cuenta la competencia personal del individuo que su posición formal dentro de la estructura de la institución y, posteriormente, una de las personas a las que más recurríamos por consejos, llegó a ser presidente de la institución.  

Dalio también nos dice que así como el cuerpo humano siempre funciona básicamente de la misma forma, así también la economía siempre funciona básicamente de la misma forma.  Y así como las enfermedades afectan al ser humano de la misma forma, independientemente de razas o nacionalidades,  así también operan las enfermedades económicas, como la falta de crecimiento, la inflación, la fuga de capital o la escasez.  Aunque no lo creamos, la historia siempre se repite.  Solo veamos las crisis financieras a nivel mundial, después de cada una de ellas decimos que será la última y que, en todo caso, no volveremos a actuar como lo hicimos, sin embargo, no será la última y volveremos actuar de la misma forma.  No hay tales con el argumento que “nosotros somos diferentes”.  También nos dice que, en su experiencia, cuando un funcionario público con más vehemencia dice que algo no va a ocurrir, es cuando más preocupados debemos estar.  Recordemos al presidente mexicano don José López Portillo cuando, días antes de una gran devaluación, nos decía que él defendería al peso como un perro defiende un hueso.  En este sentido, también nos dice que es necesario saber quién tiene realmente el poder para decidir en el sector público y que está dispuesto a negociar.  Como ya lo hemos dicho muchas veces, las instituciones no toman decisiones.

Según Ray Dalio, para gozar de la mejor vida posible debes conocer cuáles son las mejores decisiones y, más importante que ello, tener el valor para ponerlas en práctica.  En este sentido nos dice: 

1.    Que no debemos confundir lo que deseamos con la realidad.

2.    Que no debemos preocuparnos por lucir bien, sino por alcanzar nuestras metas.

3.    Que no debemos sobrevalorar las consecuencias de corto plazo en relación a las de mediano y largo plazo.

4.    Que no debemos permitir que el esfuerzo o el costo requerido se interpongan frente al provecho del resultado final.

5.    Que no debemos responsabilizar a otros por los malos resultados, que los responsables somos nosotros. Y, para concluir, nos dice que antes de todo debemos tener metas claras y diagnosticar los problemas y sus causas con toda exactitud.  

nramirezs50@hotmail.com