• Feb. 5, 2018, media noche

Nicaragua, nuestra amada y gran patria, acumula casi tres décadas de paz social. Durante este período, para la mayoría de nicaragüenses la paz social representa uno de los valores más apreciados, en el tanto, es una clara expresión de las transformaciones que nuestra sociedad experimenta, que mediante la práctica del respeto, la paciencia y la tolerancia, propician espacios para cohabitar en armonía, y de esa manera, crear condiciones para la inversión, nacional y extranjera, el trabajo, el desarrollo y el bienestar para todos.

El ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. Ha sido configurado para ser guiado, en esta vida, por el fruto del espíritu de Dios. Hemos sido puesto en esta tierra para el amor, no para el odio; para vivir con alegría, no en tristezas y angustias; para vivir en paz con Dios, con nosotros mismos, con el prójimo, y no para vivir en conflictos, ni en contiendas; para ser compasivos y solidarios con las demás personas, y no para ser egoístas; para ser edificadores y no para ser destructores.  

Soy un convencido que la paz social pasa necesariamente por paz interior, individual. Teniendo en cuenta que una de las causales de relaciones conflictivas y destructivas es la ira, y esta emoción negativa es manifestación de falta de paz interior. 

La ira es destructiva, cuando una persona es prisionera de ella pierde la capacidad de razonar, no mide sus acciones y en tal trance, es capaz de hacer cualquier daño. Todo ello, le ocasiona la pérdida de paz interior; y esta pérdida aunada al hecho que la ira es engendradora de venganza, se convierte en un factor perturbador de la paz colectiva del entorno.

Es doloroso ver cómo se autodestruyen las personas cuando están atrapadas por la ira. Estudiosos de este tema afirman que hay una tendencia en el ser humano a practicar comportamientos destructivos de relaciones, por la falta de habilidades para afrontar conflictos.

Una enseñanza de gran importancia para ser edificadores de relaciones personales sanas, se encuentra en el libro de Proverbios 15:1: la blanda respuesta aplaca la ira; la respuesta áspera alimenta la furia.  

Ser amables con los demás, ayuda a superar la ira. Cuando alguien se muestra iracundo y agrede verbalmente, lo que corresponde es mantener la calma, ser amables, e invocar la palabra y el ejemplo de Jesús para pedirle fortaleza y pasar la prueba. 

Seguramente que el más grande sueño que padres y abuelos tenemos para nuestros hijos y nietos, es que cuenten con un país en paz, en prosperidad, por lo que  el mejor legado que les podemos heredar es una sociedad con paz social sólida, permanente hasta el infinito. Para ello, entre otras cosas, nos corresponde apropiarnos de paz interior y transmitir principios y valores conducentes a dicha paz interior y por ende a paz social. 

La práctica del respeto, la tolerancia, y la mansedumbre deben ser el pan de cada día, lo que implica: a) Que perdonemos a quienes nos ofenden (Mateo 18:21-22); b) Respondamos al insulto  con palabra suave, blanda, sin grosería  (Mateo 18:15-20); y 3) Practiquemos la mansedumbre como arma para la reflexión, que esta sea armadura contra la ira, el odio, y la venganza (Gálatas 5:22). 

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