• Feb. 14, 2018, media noche

La batalla de los regalos en la víspera del Día del Amor y la Amistad es impresionante. Donde volteamos a ver, está lleno de corazones rojos y querubines gorditos anunciando promociones. Ni hablar de la guerra de las mantas con los descuentos en los restaurantes; los anuncios de las joyerías en todas las redes sociales, hasta por WhatsApp me han llegado algunos. No sé qué tan romántico sea que a uno le regalen una plancha o una licuadora, pero también están en los catálogos de posibilidades; mejor ni hablo que una vez recibí una ducha de agua caliente…qué les puedo decir… teníamos un par de años de casados, supongo que mi esposo estaba aprendiendo…ahora me manda flores en cada ocasión especial. 

El otro día, un lector de la columna nos escribió diciendo que tenía 30 años de estar con su pareja y que el amor ya se había acabado. En otros artículos sobre matrimonio he compartido que el amor no es un sentimiento, el amor es una decisión. Hay emociones que sentimos cuando andamos de novios y en los primeros años de matrimonio, que eventualmente desaparecen; pero si la pareja decide amarse y cultivar su relación todos los días, el enamoramiento se va transformando en un amor sólido, en un amor maduro, en un amor a prueba de todo. 

A mi esposo le encantan las plantas y es un gran jardinero. Vivo enamorada de mi jardín y lo presumo cada vez que puedo. Y cuando la gente nos pregunta qué hacemos para tenerlo tan bonito él les cuenta todo lo que hace: riega, poda, abona, fumiga. Cuando le falta el tiempo y las deja de atender por algunos días, se nota la diferencia. Las plantas con algunas excepciones, como los cactus, necesitan agua, requieren cuidados y dedicación igual que los seres humanos.  

La relación matrimonial es igual y no podemos descuidarla ni un día. Tal vez al cabo de los años nos vean “cara de cactus”, a lo mejor porque nuestra actitud sea la de un cactus (lleno de espinas, a veces muy finas que si se pegan en la piel molestan constantemente; a veces gruesas y duras que te sacan sangre cuando las tocas). Como en el cuidado de las plantas a veces hay que contrarrestar algunas cosas que las maltratan, mucho viento, mucho sol, plagas, etc., en el matrimonio hay que contrarrestar cosas como la rutina, exceso de tiempo con los hijos, (a veces nos volcamos hacia los hijos y abandonamos a la pareja), el trabajo, el stress y otras circunstancias duras de la vida que a veces uno tiene que enfrentar. 

Hay un libro que también es una película que todo matrimonio debería de leer y repasar cada vez y cuando, se llama “El Desafío del Amor”, escrito por Stephen y Alex Kendrick. El libro entre otras cosas nos plantea el desafío de hacer algo por nuestro cónyuge todos los días durante 40 días. Si en circunstancias normales esto no es fácil, porque algunas cosas representan un verdadero sacrificio para nosotros, en momentos difíciles con nuestra pareja pareciera ser imposible. Pero, ¿saben qué? el amor es una decisión.

Hoy, Día del Amor y la Amistad, quiero desafiarlos a dar regalos con valor incalculable. No importa cuán difícil sea, pidamos a Dios que nos apoye en esta jornada. 

Regalemos:

Amor, amistad, paciencia, amabilidad, generosidad, consideración, gentileza, paz, positivismo, confianza, fidelidad, aprecio, solidaridad, honestidad, gozo, comprensión, perdón, sacrificio, palabras de aliento, afecto físico, misericordia...regalemos a Jesús (la oración por el cónyuge es poderosísima).

A la señora que me escribió diciendo que el amor se había acabado, y a todas las personas que hoy están pensando lo mismo, las reto a que en este Día del Amor y la Amistad escojan entre esta lista de regalos y ofrézcanlos a sus cónyuges, sin esperar nada a cambio, perseverando, y siendo consistentes cada día, como regando una plantita que poco a poco irá floreciendo nuevamente.

¡Que el amor sea su meta más alta! (1 Corintios 14:1)