• Feb. 19, 2018, media noche

En días recientes conversando con un amigo, tratábamos de identificar lo más embarazoso y difícil que a cada quien le ha tocado poner en práctica en la vida. Descubrimos que era practicar el perdón, en cualquiera de las dos vías: pedirlo o concederlo.

Quienes profesamos el cristianismo hemos memorizado y repetido miles de veces la oración del Padre Nuestro, que en una de sus estrofas dice: “perdona mis ofensas, así como yo perdono a quienes me ofenden”. Asimismo, los profesionales que se dedican a la difícil tarea de conducir procesos de sanidad interior,  por lo general, exploran si en la caja interior de quien busca sanidad se almacenan episodios que demanden perdón, sea perdonar o pedir perdón.

El perdón es una condición indispensable para  liberar ofensas recibidas, cancelar cuentas pendientes con personas a quienes se ha lastimado o que nos han herido. 

Esta cancelación permite deshacerse de cargas que impiden disfrutar la paz. Estamos conscientes de ello, pero ¿por qué es tan difícil ponerlo en práctica?

Múltiples causas impiden que las personas pidan o concedan perdón, no obstante, algunas se presentan con más frecuencia, tales como: tendencia a no asumir culpas y temor al rechazo que inducen a no pedir perdón; el rencor y el temor a que se repita la ofensa provocan no perdonar.

Posiblemente quien va a ejecutar la acción de pedir perdón o de perdonar siempre piensa que le está haciendo un bien a la otra persona y no a sí mismo. De tal manera, si se va a pedir perdón el razonamiento es: yo no soy culpable, por lo tanto, es  él o ella quien debe pedirlo; o si lo hago yo esa persona se va a sentir importante y me va a humillar, rechazándome. 

Otro caso es pensar no voy a perdonar porque lo que me hizo no tiene nombre, lo que se merece es que le pase lo mismo que me hizo a mí. O, no perdono porque me da miedo que no sea sincero, si lo hizo una vez, lo volverá a hacer.

En ningún caso, cuando de recurrir al perdón se trata, las personas piensan en sí mismas, la lógica es que quien se beneficia es la otra persona, error, se debe pedir perdón o perdonar por sanidad propia, la persona que más se beneficia es quien lo pide, la más beneficiada es quien perdona y no quien lo recibe.

Pedir perdón fortalece la humildad y libera del verdugo de la culpa;  libera de otro verdugo aún más avasallador que es el rencor y hasta el deseo de venganza.

El rencor y el deseo de venganza son cargas muy pesadas. Son causa de enfermedades físicas, mentales y emocionales. Por ello, aprender a perdonar es muy importante, y aunque no sea fácil para algunos, sí es posible y, además, sanador. Amén que se abra  puertas a la reconciliación.

Amiga, amigo si se siente ofendido o culpable,  utilice la herramienta del perdón para que su corazón sea liberado de amarguras,  rencores o culpas.  En este acto reina la paz, esa paz que le devuelve la alegría y la confianza en usted mismo y las demás personas y hasta recuperar una relación.

Queremos saber de usted. Le invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com