• Mar. 7, 2018, media noche

Estimado lector, así como todos los expertos en mercadeo, incluyendo a Jordan Belfort, “El lobo de Wall Street”, dicen que en la vida, permanentemente, hay que saber venderse y saber vender, o como dice Robert Cialdini en su libro “Influence: The Psychology of Persuasion”, que la persuasión, que es la habilidad para que la gente haga gustosamente lo que nosotros queremos que haga, es la clave del éxito, la creatividad también es fundamental y de esto conversaremos en esta oportunidad.

Para conversar de la creatividad o de la originalidad, especialmente en el mundo de los negocios, compartiremos con usted los principios de Adam Grant, profesor de Wharton y que están contenidos en su libro, “Originals: How Non-Conformists Move the World”, publicado por Penguin y que también lo puede leer en castellano. Sin embargo, también le recomendamos leer el libro de Ed Catmull, “Creativity, Inc.”, publicado por Random House, que es muy bueno y aborda cómo promover la creatividad de forma institucional.

Según el profesor Grant, en términos generales, las personas brillantes, que normalmente con facilidad alcanzan el éxito de forma convencional, no son muy creativas, pues el deseo de alcanzar el éxito, les hace temerosos del fracaso, lo cual es el mayor obstáculo a la creatividad. Sin embargo, los creativos también le temen al fracaso, pero saben que es mejor tratar y fracasar, que nunca haber tratado. Y también nos dice que, en general, las personas originales o creativas no son bien evaluadas por sus profesores o superiores y que más bien son consideradas “problemáticas”. 

Nosotros creemos que solo estas dos afirmaciones nos tienen que hacer repensar muy bien nuestro esquema mental de cómo promover la creatividad y la originalidad, no solo en el sector empresarial, sino y principalmente en nuestros propios hogares. Definitivamente que educar a un hijo o a un nieto genio es mucho más difícil que a uno que simplemente es un “promedio”. 

Algunas de las ideas del profesor Grant para crear y promover la creatividad o la originalidad son las siguientes:

Lo primero que debemos reconocer es que una cosa es tener buenas ideas y, otra muy diferente, poseer el carácter o la voluntad para defenderlas y realizarlas. Por eso muchos prefieren una estrategia empresarial aceptable, aunque no sea perfecta, y un equipo ejecutor excelente, que la situación opuesta. Todo comienza por cuestionar y rechazar el “status quo”. Sin embargo, mientras más negativo o agobiante es esta situación, mas tendemos a aceptarla como una situación normal, imposible de cambiar. Por eso es recomendable decirle a nuestra gente que no vea la situación actual como algo sagrado e inamovible, sino como algo modificable y que siempre se puede mejorar, ya que ello promueve el compromiso y la creatividad.

Recordemos que los “límites” que nos encontramos, normalmente han sido impuestos por nosotros mismos o por los que nos precedieron en nuestras funciones.

Lo segundo es reconocer que ser el primero no siempre es lo mejor y que la “procrastinación”, el esperarnos hasta el último momento que puede ser el momento oportuno, lo cual es negativo para la productividad, puede ser positiva para la creatividad. Ella te ayuda a improvisar y, según algunos, la clave del éxito no es la idea, ni su ejecución, sino el “timing”. Por eso, muchas veces los seguidores son más exitosos que los pioneros, pero los seguidores no son simples imitadores, ellos innovan y mejoran la oferta.

Lo tercero es que el problema con la creatividad, no es la falta de ideas, ya que la mayoría de empresas muere de “indigestion” de ideas –recordemos que la función fundamental de la estrategia es saber decir “no”-, sino los criterios de selección, ya que con frecuencia rechazamos muchos “falsos negativos”, ideas que realmente son geniales, y aceptamos muchos “falsos positivos”, ideas que al final, son verdaderos disparates. Pero, para evitar este error y ser más creativos y originales, debemos, al evaluar y seleccionar las nuevas ideas, utilizar la intuición basada en la experiencia y donde la relación causa-efecto sea estable, y utilizar el análisis y la pasión de los creadores de la idea para la ejecución. Para pronosticar el éxito, más importante que la idea es la pasión por la ejecución.

Lo cuarto es que los creadores no son evaluadores objetivos, ya que por su naturaleza tienen demasiada confianza en ellos mismos, lo cual los hace vulnerables y por ello es fundamental recurrir a la retroalimentación de otros colegas creativos con experiencias similares (en el círculo de competencia) y al segmento del mercado que queremos atender, que pronostican el éxito mejor que los gerentes, especialmente si estos gerentes tienen mucha experiencia y han acumulado mucho éxito haciendo lo mismo; aunque, en ciertos casos, como diría Henry Ford, “el mercado, simplemente, me hubiera pedido caballos más veloces”. En este sentido, vivir y trabajar en países y culturas diferentes promueve la creatividad y no hay nada más efectivo para matarla que el “parroquianismo”, el no ver más allá del grupo o del pueblo. 

Lo quinto es que las invenciones deben ser novedosas, pero prácticas, deben poseer un valor agregado para el consumidor, ya que sin consumidores no hay negocio, ya que no hay utilidades. La tecnología se debe someter a nuestro objetivo y no lo contrario. Debemos crear algo que nosotros querramos usar, ya que solo en este caso, los demás también podrían querer utilizarlo. Pero para venderlas, es mejor estar a favor de algo, que simplemente en contra del “status quo” y, cuando la idea es realmente buena, inicie el proceso de venta con audiencias no amigables y presente sus debilidades al inicio para generar confianza en ellas, ya que pasan de una mentalidad defensiva de protegerse ante una intención de venta, a una de colaboración para resolver un problema y lo más importante es que, si los convences, serán tus mejores aliados.  

No busquemos audiencias afines o agradables, que son muy peligrosas por pequeñas diferencias que pueden surgir y que no nos darán retroalimentación y lo mismo ocurre con el “jefe”, quien es clave y mientras más “difícil” sea, una vez convencido, más te apoyará. Muchas veces, las tácticas de promoción, más que la idea en sí, son una fuente importante de formación de alianzas. Por otro lado, las posiciones radicales ahuyentan las alianzas, por ello lo novedoso hay que “empaquetarlo” de forma familiar. Finalmente, dentro de la estructura empresarial las audiencias más dispuestas a apoyar una idea creativa son las de más bajo y más alto nivel, ya que “la clase media” tiene mucha incertidumbre sobre su futuro, tiene mucho miedo a decir lo que piensa y no está dispuesta a tomar riesgos. 

nramirezs50@hotmail.com