• Mar. 19, 2018, media noche

El ser humano fue creado por Dios para ser libre, por tanto, el factor común que caracteriza a la humanidad desde sus orígenes es su voluntad de libertad. Para ejercerla, es dotada de dos dones indispensables: discernimiento y libre albedrío.

El discernimiento proporciona la capacidad de procesar y analizar opciones para la vida cotidiana a partir de conocimientos acumulados; el libre albedrío capacita para decidir por la opción que cada quien desea, aplicando su derecho a la libertad, elige.

Estas decisiones pueden ser correctas o equivocadas. Por tanto, cada quien es responsable de las consecuencias que resultan de las decisiones que con libertad toma.      

Si bien, libertad es capacidad de hacer todo lo que uno desee, debe tenerse en cuenta que esa libertad tiene límites, que están determinados por los derechos del prójimo. Por ello, toda decisión que se toma y/o cada acción que se ejecuta debe tener en cuenta que bajo ninguna circunstancia debe causar daños ni perjuicios al prójimo. 

Es en este punto que aparece el discernimiento, que actúa como luz amarilla para alertar acerca de posibles riesgos si no se hace correcto el uso de la libertad. 

Dios al dotar al ser humano de libre albedrío sabía que este podía ser un arma de doble filo si no se tienen en consideración los límites, por eso, cuando se transgreden dichos límites, se cae en libertinaje, que es hacer lo malo deliberadamente obviando los límites y sin pensar en las consecuencias. 

Por ello, no se debe olvidar que donde comienzan los derechos de otras personas, terminan los propios. 

Es el mal uso de la libertad y el libertinaje, lo que induce al establecimiento de leyes para proteger los derechos de quienes son víctimas de las consecuencias del libertinaje.

Dios establece mandamientos, para dar pautas de comportamientos y fijar límites a los mismos. 

Así, dicta el quinto mandamiento: “No matarás”, indicando a la humanidad que nadie tiene derecho de utilizar su libre albedrío, su libertad, para quitar vidas, porque esto da pautas a las leyes terrenales para que quienes violenten la integridad física, sean castigados.  

Las leyes, desde siempre, han sido promulgadas para fijar límites, marcar pautas de convivencia en beneficio de la sociedad, representan una amenaza para quienes las transgreden, y un escudo de protección para  víctimas potenciales de transgresores.   

Como ejemplo se puede citar la Ley de Tránsito, esta manda a detenerse cuando el semáforo está en rojo, quien no lo hace pone en riesgo su propia vida y la del prójimo, por lo tanto, debe ser sancionado. 

¿Quiénes se sienten amenazados y reclaman por esto? posiblemente conductores que acostumbran irrespetar la luz roja. 

Otro ejemplo, la Ley 779 que protege a la mujer, no es motivo de preocupación para hombres que aman a su pareja, que la respetan, la tratan como  vaso más frágil y, por lo tanto, bajo ninguna circunstancia ejerce violencia contra ella.  

Amigas y amigos, las leyes pueden ser duras pero son necesarias, puesto que ponen límites que deben ser considerados en el proceso de discernimiento y puesta en práctica en el libre albedrío, de ejercer libertad, y castigar a quienes practican el libertinaje y transgreden.

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