• Mar. 4, 2018, media noche

Ha concluido la Semana Santa, período de conmemoración de los últimos días en esta tierra de Jesús el hijo del hombre. 

La semana inicia con un día festivo, denominado Domingo de Ramos, día en que Jesús hace su entrada triunfal en Jerusalén,  en medio del júbilo del pueblo, que lo aclamaba al grito de ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! 

En el transcurso de los días, entre lunes y viernes, sale a relucir todo un arsenal de mezquindades, encabezadas por el celo del poder religioso y político, que se expresa en todo tipo de injusticias, vejaciones hasta causar la muerte en la cruz al que anuncia la salvación, todo impulsado por la envidia y el odio. 

La violencia sicológica, verbal y física desatada contra Jesús, no solo destruye y acaba con su vida física, sino también, atenta contra la esperanza de una vida mejor con la llegada del reino de los cielos, que albergaba el pueblo que le seguía.    

Al finalizar la semana, y luego de una calma aparente, sucede un acontecimiento único en la historia de la humanidad, que es la resurrección de Jesús. Dios padre no puede ser vencido por la maldad y el odio, y es así que levanta del sepulcro a su hijo, reafirmando que las enseñanzas y los milagros de Jesús no habían sido en vano, que la buena nueva anunciada por él era verdadera, era una promesa de salvación para la humanidad y que la muerte no es el final, reafirmando el triunfo de Jesucristo, que es la vida y la luz sobre la muerte.   

La semana inició con alegrías y vítores; pasó por tormentas de linchamiento motivadas por el celo, la envidia y el odio; y finaliza con la inmensa alegría que produjo la tumba vacía y el mensaje que él había resucitado.

La noción de resurrección puede ser enfocada desde la fe, pero también, según mi entendimiento, desde la ciencia del comportamiento humano, dejando claramente establecido que comparto la tesis que la ciencia llega hasta allí donde inicia la fe, pero también considero que la fe puede condicionar y hasta determinar el comportamiento humano, cuando de resurrección del espíritu se trata.  

La Biblia en 2da. Corintios 5:17 dice: “de modo que si alguno está en Cristo (encuentro personal con Jesús) nueva criatura es, las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas”. 

Amiga, amigo, El encuentro personal con Jesús, es nuestra resurrección, hacer borrón y cuenta nueva, sustituir mezquindades, tales como: celo, ira, contienda, envidia, odio, y adicciones por amor, gozo, paz, gratitud, paciencia, mansedumbre, dominio propio. 

Es decir, someter pensamientos, sentimientos, emociones, voluntad y conducta a cambios trascendentales, para disfrutar una vida nueva. 

Con Jesús no hay imposibles y al igual que él nosotros también podemos vencer la ansiedad; la depresión, frustración, la impaciencia, los desafíos que proponen la vida y, finalmente, el miedo a la muerte, porque esta no es el final del camino. 

Con el Dr. Cury decimos: La trayectoria de Jesús le hace merecedor de ser llamado “maestro inolvidable y eterno”. Murió en la cruz pero permanece vivo en el corazón de los seres humanos. Está aquí para nosotros, es nuestro salvador y sanador, porque ¡Él ha resucitado!

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