• Abr. 4, 2018, media noche

El año pasado estuve en Holanda en un encuentro de banca sostenible, en él  recibimos una cantidad de información sobre las iniciativas que hay en algunos países del mundo para detener el daño al planeta, así como datos verdaderamente escalofriantes de lo que puede pasar si no comenzamos ya, a hacer algo al respecto. Entre lo que aprendí en el viaje y algunas conversaciones que he tenido con mi esposo, me puse a reflexionar en cómo los seres humanos, además de destruir el planeta, estamos destruyendo nuestros cuerpos.

Hace tres años tuve una experiencia de cáncer de seno y cuando fui diagnosticada, una de las primeras cosas que hice fue hacer un inventario de mis hábitos en general. Después de un diagnóstico, es lógico tratar de buscar las causas. ¿Qué pude haber hecho o dejado de hacer que haya traído el cáncer a mi cuerpo? En términos generales he tratado de tener una vida sana. He comido balanceado, he hecho ejercicios y no he tenido ningún vicio. No me detuve mucho tiempo a seguirme cuestionando si yo me había provocado la enfermedad, la verdad es que hay muchas otras causas, pero ese no es el punto. Una vez una persona que fuma cigarrillos, y a quien cada vez y cuando le estamos insistiendo que deje de fumar, me dijo: de algo hay que morirse, ya ves, vos que te cuidabas tanto y te dio cáncer.

Yo creo que cuando no queremos cambiar un mal hábito o una mala actitud, lo más fácil siempre es decir algo como lo que ella me dijo. Han escuchado a personas que tal vez tienen un temperamento difícil, que puede ser controlado con la voluntad y lo que dicen es “así me hizo Dios y no voy a cambiar”. Es lo mismo que decir de algo me voy a morir y continuar contaminando el cuerpo con comida chatarra, sustancias adictivas y vivir una vida sedentaria.

Para los que creemos que Dios nos hizo a su imagen y semejanza y que Él tiene el mapa de nuestra vida en la tierra trazado, podríamos pensar que nada de lo que hagamos o dejemos de hacer va a cambiar ese mapa... pues no necesariamente es así. Él nos regaló algo que se llama libre albedrío y nos dio voluntad para decidir qué hacer. Entonces, ¿por qué algunos insistimos en “acelerar” nuestra partida? 

Así  como estamos destruyendo el planeta, por irresponsabilidad, por egoísmo, por falta de conocimiento, por amor al dinero, etc., asímismo estamos destruyendo nuestro cuerpo. ¿Por qué la persona que come de forma desmedida no deja de hacerlo? ¿Por qué el que abusa del alcohol o de las drogas no deja de hacerlo? Porque lo que buscamos es llenar un vacío que tenemos adentro, que solo puede ser llenado por Jesús.

Ha sido muy difícil para mí escribir esta columna porque me duele ver cómo las personas se autodestruyen. Hace unos años perdimos a un amigo muy querido a causa del alcoholismo. 

1 de Corintios 6:19 dice: “¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios?”. 

Es momento de hacer una pausa, revisar nuestros hábitos y tomar decisiones.