• Abr. 4, 2018, media noche

Estimado lector, durante esta Semana Santa me dediqué, además de atender a mis nietos Noel Ernesto y Luciano José, que nos vinieron a visitar desde San Jose, Costa Rica, a dar le un vistazo a varios de los libros de Nassim Taleb, tales como “The black swan”, posiblemente el más conocido de todos, “Antifragil”, “Fool by randomness” y “Skin in the game: hidden asymmetries in daily life”, publicado por Random House este 2018, y sobre el cual deseo compartir con usted algunas conclusiones, útiles, no solo para el mundo de los negocios, sino para la vida en general.  Y por ello deseo empezar por la siguiente anécdota, que me dejó muy confundido cuando se desarrolló y que he llegado a comprender después de leer este último libro.

A inicios de los 80 me vinculé a una escuela de negocios de la región, antes de haber terminado mi tesis doctoral, pero después de haber trabajado, aunque fuese por poco tiempo, en el Banco Central. Una de mis responsabilidades era enseñar política económica en el programa de maestría y en los seminarios que ofrecía la institución. 

Pues bien, en una oportunidad y aunque todavía no dominaba el “método de casos”, al finalizar una clase donde analizábamos cómo un empresario podía detectar un período de incertidumbre política y anticipar una devaluación de la moneda local, mi compañero de facultad en el seminario se me acercó y me dijo, “Noel, tú sí dominas tu campo”, lo cual me sorprendió, ya que yo había considerado la clase como algo normal y que la había enseñado sin mayor esfuerzo. Y ahora me doy cuenta que el comentario era producto de que, aunque todavía yo no había terminado mi tesis doctoral y él sí, yo ya había trabajado en la vida real sobre el tema que estaba enseñando.  Como un masatepino ingenuo, yo creía que todo el que enseñaba alguna materia ya había trabajado sobre dicha materia en la vida real, pero la realidad era muy diferente, ya que muchos académicos hacen carrera académica siendo solamente académicos y uno debería hacer carrera académica una vez que ha trabajado en la vida real sobre un área del conocimiento. Ya que, 
según Taleb, para ser bueno en algo, debes exponer tu piel en el juego, ya que de lo contrario muy fácilmente te podés convertir en un simple charlatán. Y esto que es válido para la academia, también lo es para los asesores en estrategia empresarial o en inversiones en general.  Por eso, la próxima vez que le ofrezcan alguna asesoría o usted pida algún consejo, revise el “track record” de esa persona y no se deje llevar solamente por lo títulos académicos que posee, los cursos que ha enseñado o los artículos o casos que ha escrito y especialmente si solo él los ha usado.

Pues bien, ya más específicamente, algunas de las reflexiones de Taleb, que no cree mucho en los economistas teóricos, ni en aquellos que solo hablan, pero que no se exponen a las consecuencias de lo que dicen, son las siguientes:

Al que no asume riesgos, no debe permitírsele hacer recomendaciones y mucho menos tomar decisiones.

El que no asume riesgos con sus decisiones, nunca aprende de sus errores.

El transferir el riesgo de nuestras decisiones a otras personas, es lo mismo que no asumir el riesgo.

No reciba consejos que quien los vende, a menos que haya una penalidad para el vendedor.

El tonto asume riesgos que no comprende, confundiendo suerte en el pasado con habilidad personal. El tramposo transfiere el riesgo.

Las transacciones que se producen solo una vez son muy peligrosas, ya que los intereses de las partes no tienen por qué estar “alineados”.

No crea en el que solo hace las proyecciones, crea en el que pone sus recursos, no los de terceros, en las inversiones.

Si algo “estúpido” funciona y produce utilidades, no es estúpido.

Lo racional es lo que te permite sobrevivir, ya que sin sobrevivencia no hay nada más.  No deseches lo que te ha ayudado a sobrevivir.  Por lo tanto, la racionalidad es el manejo del riesgo.

Los que hablan deberían hacer y solo los que hacen deberían hablar.

Cuando lo que haces –leer un balance- te traerá consecuencias, por aburrido que sea se volverá menos aburrido.  Si los jóvenes estudiantes tuvieran una inversión, serían mejores estudiante en finanzas, contabilidad y matemáticas.  

Si no tomas riesgo por tus opiniones o decisiones, no vales nada.

Contrata a un “artesano” y no a un “lobbysta”. Para el artesano primero es su conciencia, luego su calidad y finalmente las utilidades.  Para el otro… ya usted lo sabe. Los verdaderos profesionales en su campo del conocimiento son verdaderos “artesanos”.

El que crea una empresa para venderla al poco tiempo, no es empresario.

La asimetría en la asunción del riesgo eventualmente produce la destrucción de un sistema.

Ponga atención, no a lo que la gente dice, sino a lo que hace y a qué tanto la comprometen sus acciones.

Sepa reconocer cuando las probabilidades del pasado se aplican al futuro, ya que no siempre es ese el caso.

El coraje y la precaución no son excluyentes, son la misma cosa.  El apostador irresponsable no está demostrando coraje, especialmente si está utilizando el dinero de otros.

La diferencia entre el exitoso y el sumamente exitoso es que dice “no” a casi todo. Este es el principio que ha regido a Warren Buffett.

Cuando una estrategia empresarial conlleva el riesgo de la ruina, sus beneficios nunca compensaran sus riesgos.

Los riesgos individuales que vas asumiendo son acumulativos.  Son como los efectos del sol en la piel. Si tu empresa es cíclica y además tiene altos costos fijos y además tiene un alto nivel de endeudamiento, al final todo se acumula.

Si en una situación competitiva la competencia se refiere bien de tu empresa, algo estás haciendo mal.  Lo mismo ocurre con los activos y las acciones, si están de moda, su rendimiento futuro no será bueno.

Nunca busque enseñanza sin experiencia verdadera, ni fluidez sin contenido.

Y finalmente, créale más a la abuela que al sicólogo.  

nramirezs50@hotmail.com