• Abr. 9, 2018, media noche

Las relaciones sociales están contenidas en las instrucciones genéticas de los seres humanos, somos seres sociales que como parte de nuestro desarrollo personal establecemos relaciones con otras personas para intercambiar afectos, conocimientos, apoyos, soluciones a necesidades y problemas. 

Las relaciones interpersonales se erigen en factor de protección cuando, entre otros aspectos, están basadas en respeto y afecto mutuo; cuando son deseadas y gratificantes que, por lo general, contribuyen al bienestar sicológico y propician una alta autoestima y calidad de vida de las personas que las practican.

Lamentablemente, existen relaciones que pueden ser categorizadas como factores de riesgo, que se caracterizan por ser tóxicas e inducir a la infelicidad de las personas que son víctimas de ellas. Siendo la práctica de la coerción o chantaje emocional los de mayor prevalencia, peor aún en estos tiempos de auge de las redes sociales.

Puede que muchos en una u otra circunstancia, hemos estado expuestos a chantaje en nuestras relaciones personales o de grupo, pero ¿en qué circunstancias sucede? cuando cedemos y/o hacemos algo contra nuestra voluntad, para no ser discriminados o para mantener una relación.

La principal arma utilizada por quienes acostumbran la práctica del chantaje emocional, es el sentimiento de culpa, son hábiles en hacer sentir culpables a sus víctimas y, por tanto, ser merecedores de represión o castigos verbales y/o síquicos y/o físicos. Una de su frase más usada es: “si no haces lo que te digo, entonces…”.

Es muy común escuchar a personas que se autoculpan después de ser maltratados justificando a quien les agrede: “es que yo la provoqué, la culpa es mía”. El miedo a ser discriminado, o abandonados, o maltratados nuevamente, les induce a asumir culpas que no tienen y también a exonerar a quien ejerce la acción coercitiva.

A veces, mensajes que a priori parecen inofensivos pueden llevar una carga de intencionalidad, buscan crear sentimientos de miedo y culpabilidad a la otra persona si no cumple con los deseos del chantajista.

El chantaje emocional está infiltrado en nuestras relaciones, por lo que en ocasiones es complicado determinar cuándo somos víctimas o cuando ejercemos de victimarios. 

Generalmente, la práctica del chantaje se asocia a personas egoístas  capaces de cualquier cosa, aunque en la práctica la mayoría en uno u otro momento ha recurrido a utilizar algún tipo de manipulación. 

Es manipulación cuando se intenta controlar lo que dice o hace otra persona; cuando una persona no tiene opciones ante exigencias de quien le victimiza; cuando se pretende que la otra persona asuma culpas que no tiene; en fin cuando se pretende reducir al mínimo la autoestima ajena sin ninguna misericordia. 

Amiga, amigo, si usted está viviendo en una relación en donde es una práctica achacarle culpas, le tratan con sorna, en la cual ha sido despojado de la capacidad de discernir y decidir, en donde usted se esmera por soportar todo con tal de no crear conflictos, entonces usted está desperdiciando su mayor tesoro: la vida. 

Es imperativo poner un ¡hasta aquí! buscar ayuda profesional para recuperar niveles adecuados de autoestima, disponerse a poner mojones en la relación para que la persona abusadora sepa que está dispuesto a mantener la relación pero en condiciones de respeto e igualdad.

Queremos saber de ud. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com