• Abr. 11, 2018, media noche

Hace un tiempo leí una entrevista que le hicieron a Mark Zuckerberg, el creador de Facebook, en la que le preguntaron por qué todos los días se ponía una camiseta gris con un par de jeans. Sus palabras textuales fueron: “Realmente quiero despejar  mi vida para poder tomar tan pocas decisiones como sea posible sobre cualquier cosa, excepto cómo servir mejor a esta comunidad”.

Por mi trabajo me toca viajar fuera del país con frecuencia, y una de las cosas que más me ha costado es empacar una maleta de forma eficiente; y para colmo cuando viajo, mis compañeros usualmente solo llevan una maleta de mano pequeñita. Yo en cambio, hasta hace un tiempo, para un viaje de 2 días podía empacar 5 pares de zapatos con sus respectivas mudadas… ineficiencia total, pero como le dije una vez a uno de ellos que se burló de mí por el tamaño de mi maleta, ¡yo no sé lo que me quiero poner dentro de dos días! Ojalá todas las decisiones fueran tan sencillas como esta.

En la escuela de la vida uno va desarrollando habilidades y tomar decisiones es otra más. Pienso que por las circunstancias que me tocaron vivir en mi niñez y adolescencia, desarrollé esta habilidad desde muy temprano; y gracias a Dios también me casé con un tomador de decisiones, lo cual nos ha ayudado mucho en nuestra vida como pareja y como padres. Desde que nuestros hijos estaban pequeños, los empujamos a tomar decisiones, claro, todas dentro de lo que su edad les permitía. Estos ejercicios les ayudaron incluso a madurar. 

Tomar decisiones no es fácil, sobre todo cuando las consecuencias pueden ser duras. La tendencia nuestra es darle vuelta a las cosas y no dar los pasos, pero esto es peor porque nos provoca ansiedad, inseguridad e inestabilidad. Nosotros hemos optado por la filosofía de “al toro por los cuernos” y aguantar de una vez el golpe, en vez de patinar mucho en la situación y postergar la decisión; eso desgasta y cansa.

En dependencia de las decisiones que hemos tenido que tomar, nos hemos apoyado con lo siguiente:

Matriz de decisiones: cuando fue momento de cambiar a nuestros hijos del kínder al colegio, hicimos una matriz en Excel donde pusimos en las filas las características que buscábamos en un colegio y en las columnas las opciones de colegio que estábamos evaluando; les asignamos un puntaje y pesos. El colegio con el puntaje más alto fue el que escogimos. Este ejercicio lo hemos hecho cuando anduvimos buscando casa para comprar, universidades para nuestros hijos, etc. 

Buscar consejos sabios: a veces es importante buscar consejos de personas con experiencia en las decisiones que tenemos que tomar, y/o con la objetividad necesaria para ayudarnos a tomarlas. Proverbios 11:14 se ha parafraseado así: “En la multitud de consejos está la sabiduría”. Pero esto requiere humildad de nuestra parte.

Dar el paso si tenemos paz: mi esposo y yo hemos aprendido, a prueba y error, sobre lo que significa tener paz cuando tomamos una decisión; y la paz debe ser de ambos, no solo de uno de los dos. Nos ha pasado que tomamos una decisión estando uno de nosotros inquieto y al final resulta ser errada; de igual forma hemos tomado decisiones teniendo completa paz ambos y las cosas han salido bien. Tener paz es no sentir ninguna duda sobre el paso que vamos a dar. Con el tiempo uno aprende a identificar esa paz.

Esperar el momento correcto: nosotros nos hemos equivocado muchas veces por no tomar las decisiones en el momento preciso. A veces hemos esperado y otras nos hemos apresurado. 

Las puertas del cielo están abiertas 24/7 para todas nuestras necesidades, incluyendo la sabiduría que se necesita para tomar decisiones acertadas. “En cambio, la sabiduría que desciende del cielo es ante todo pura, y además pacífica, bondadosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera”. Santiago 3:17

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