• Abr. 11, 2018, media noche

Estimado lector, recientemente dijimos que gobernar era educar y escoger, y que gobernar era administrar la “brecha de recursos” que se presenta en el corto plazo, donde el juego se transforma en un “juego de suma cero”. 

Y también hemos dicho que no hay nada más político que la política económica y que no hay mejor política social que la política económica que genera crecimiento económico y empleo productivo en el sector formal de la economía.

Para conversar un poco más sobre este tema, ahora deseo compartir con usted algunas curiosidades que se presentan en el manejo de la política económica en el corto plazo y de las cuales aprendí mucho cuando estaba al frente del Banco Central, y conversando y leyendo los artículos y libros que publicaba el doctor Eduardo Lizano Fait, expresidente del Banco Central de Costa Rica y con quien tuve el honor de compartir el directorio del Consejo Monetario Centroamericano, cuando ambos estábamos al frente de los bancos centrales de nuestros respectivos países. Y si le interesa este tema, que debería interesarle, le recomiendo leer nuestro libro, “Los secretos de la política económica y la economía política”, especialmente los capítulos VII y VIII, y que puede obtener en Hispamer.

Veamos algunos principios y algunos ejemplos.

Primero, que ante la insuficiencia de recursos en el corto plazo, la alternativa no es entre realizar o no realizar el ajuste a la economía nacional; sino entre realizarlo ordenadamente o dejar que se produzca eventual, automática y desordenadamente, lo cual es mucho más costoso.

Segundo, que todo ajuste, para promover el cambio deseado en el comportamiento de los agentes económicos, no puede ser compensado totalmente, ya que no habría cambio. Por ejemplo, cuando devaluamos la moneda y luego reajustamos todas las variables macroeconómicas en la misma proporción, nada hacemos en términos reales.  Además, recordemos lo que nos dice Herb Cohen en su libro, “negocie y gane”, “el comportamiento no cambiará mientras no nos convenzamos de que el peligro de la intransigencia pesa más que el costo de ceder”.

Tercero, que como ya lo hemos dicho, al reducir el gasto público, lo ideal desde el punto de vista de eficiencia económica es reducir el gasto corriente, pero que políticamente es mucho más fácil cortar el gasto de inversión, ya que al suspender un nuevo proyecto, en términos efectivos no estamos quitándole beneficios “adquiridos” a sector alguno y, por lo tanto, la oposición es mucho menor.  ¿Comparé este costo con el de reducir los subsidios o la planilla del sector público?

Cuarto, que al impulsar una reforma tributaria, como el objetivo de corto plazo es aumentar la recaudación y no necesariamente aumentar la eficiencia económica, en lugar de tratar de ampliar la base tributaria, normalmente se incrementan las tasas ya existentes, pero no a los productos suntuarios, sino que, dependiendo de la urgencia de generar los nuevos recursos tributarios, a productos cada vez de mayor necesidad y que, por lo tanto, no podemos prescindir de ellos. Por lo tanto, en estos casos, es muy difícil hablar de un solo sector empresarial y con frecuencia escucharemos expresiones como, “solo a nosotros recurren. ¿por qué no se concentran ahora en aquellos otros sectores?”. 

Quinto, que cuando queremos impulsar, por ejemplo, una reforma en el mercado laboral para promover la generación de empleo en el sector formal de la economía nacional, los desempleados y las personas que “laboran” en el sector informal, que en algunos países puede llegar a ser enorme, y que serían los potenciales beneficiarios de dichas reformas, al estar atomizados y desorganizados, de muy poco apoyo político le servirán al Gobierno; en cambio, los sindicatos que están muy bien organizados y que podrían ver estas reformas como una amenaza, se opondrán a ellas de forma más decidida. Por lo tanto, tampoco es fácil hablar de un solo sector laboral.  

Sexto, en este sentido y en términos generales, según Helen Hughes, en su libro “Policy lessons of the development experience”, quienes más se benefician con el cambio son generalmente débiles y están desorganizados. Y quienes más se benefician del “status quo” están bien protegidos.  De la misma manera, el doctor Lizano Fait, al referirse a la necesidad de reformas económicas, nos dice que, “aunque los que se ven afectados por un proceso de reformas o ajuste estructural son la minoría, están bien organizados y en general tienen una gran influencia política; por el contrario, los que se benefician con las reformas, que son la mayoría, están desorganizados y carecen de poder político”.  

Séptimo, que por lo tanto, las reformas que promueven una mayor eficiencia en la economía nacional, normalmente son huérfanas políticamente; y por eso dice don Eduardo Lizano, que no hay que esperar a que estén presentes todas las condiciones necesarias para actuar y avanzar, ya que nunca lo haremos. Avancemos como se pueda y cuando se pueda. Sin embargo, nunca olvidemos uno de los consejos de Juan Carlos de Pablo, en el sentido de creer que el simple poder político es sustituto del análisis económico racional, ya que ambos son complementos necesarios.

Y octavo, cuando el juego es de suma cero, es fundamental saber priorizar. 

nramirezs50@hotmail.com

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