• Abr. 25, 2018, media noche

Estimado lector, recientemente le decíamos que gobernar es educar, es escoger y es convencer.  también le decíamos que aunque en el mediano y largo plazo, gobernar es aumentar el tamaño del pastel económico y que todos participemos de ese incremento, que en el corto plazo, gobernar es administrar la “brecha de recursos” que siempre existe entre las demandas de la población y la disponibilidad de los mismos, y que por lo tanto, en el corto plazo, el juego de gobernar es un “juego de suma cero”, ya que, casi siempre, lo que doy a uno se lo quito a otro, a menos que disponga de un buen padrino que me provea los recursos necesarios para cubrir dicha brecha, ya que la emisión inorgánica y la consecuente inflación, no son la solución.  

También le hemos dicho que para gobernar exitosamente en el corto plazo, dada la realidad que hemos planteado, es fundamental, al escoger, saber priorizar y para convencer, es fundamental que la escogencia esté fortalecida por un sentimiento de equidad.  Estos principios, conceptualmente son fáciles de asimilar, pero, a veces, en la vida real y si no estamos muy claros de cuál es la “verdadera” realidad, no son fáciles de identificar y nos podemos equivocar.

Y por eso es que siempre nos han dicho que la política es el arte de lo posible, y que rectificar es de personas inteligentes; ya que si como gobernantes tomamos una decisión y luego vemos que la misma no es aceptada por la opinión publica, lo político y lo inteligente es reevaluar la decisión, superar la situación que nosotros mismos hemos creado y alcanzar nuestro objetivo final.

Déjeme contarle una experiencia personal.

cuando estuvimos al frente del banco central, al inicio del Gobierno, para establecer las reglas del juego, manejar la brecha de recursos, tener acceso a la cooperación de los organismos multilaterales e iniciar formalmente el proceso de condonación de la deuda externa, impulsamos una reforma tributaria y comercial que tenía como principios fundamentales, además de una mayor recaudación fiscal, que era el objetivo central, una reducción y unificación de los aranceles a las importaciones y una ampliación de la base tributaria. El “paquete” estándar de un economista liberal monetarista. Ni Milton Friedman, de la escuela de Chicago, hubiera desarrollado algo mejor. Y si James Tobin hubiera sabido que yo vendría, como presidente del banco central, a recomendar este paquete de políticas económicas tan “monetarista”, posiblemente no hubiera permitido que me graduara en Yale.

pues bien, como parte de la ampliación de la base tributaria, la propuesta “técnica” que elaboramos, dimos a conocer públicamente y que empezamos vender dentro y fuera del Gobierno, incluía reducir sustancialmente o eliminar las exoneraciones a los productos de la “canasta básica”. 

Sin embargo, muchos sectores de la población y miembros del Poder Legislativo, que tendrían que aprobar la reforma, se opusieron rotundamente, por lo que el presidente de la República me llamó por teléfono ordenándome que se mantuvieran las exenciones de la canasta básica, y explicándome –él era el político y yo era el técnico- que, de lo contrario, no obtendríamos los votos para aprobar la reforma requerida, y que aunque pudiéramos persuadir a los diputados,  no obtendríamos el respaldo popular para su ejecución y por lo tanto, no obtendríamos el incremento en la recaudación.  

En consecuencia, viendo que nuestra propuesta original, aunque técnicamente correcta, no era viable políticamente y recordando que la política era el arte de lo posible y que rectificar era de personas inteligentes, mantuvimos las exoneraciones a la canasta básica y negociamos otras medidas compensatorias que nos permitirían obtener los votos necesarios para aprobar la reforma y ejecutarla exitosamente.  

No le niego que, al recibir la llamada del presidente de la República, me sentí muy incómodo por el esfuerzo “técnico” que habíamos realizado por varios meses, porque, aunque no se tratara de política monetaria, sino de política fiscal y comercial, podría perder credibilidad frente a los organismos multilaterales con los que estaba negociando, y porque muchos adversarios, que ya tenía dentro del mismo partido político y dentro del gabinete, gozarían con esta “derrota política”.

Sin embargo, si yo hubiera sido insensible a la realidad que estábamos enfrentando, no hubiéramos conseguido la reforma que tanto necesitábamos para manejar la “brecha de recursos” en el corto plazo, por principio hubiera tenido que renunciar y no hubiéramos obtenido la condonación de la deuda externa.

Por lo tanto, si algún día usted tiene que asumir alguna responsabilidad en sector público, recuerde que gobernar es escoger, que gobernar es educar, que gobernar es convencer. Y nunca olvide que gobernar en el corto plazo es un juego de suma cero y que, por lo tanto, debemos saber priorizar con un sentido de equidad. Que rectificar es de personas inteligentes, pero no solo inteligentes, sino personas con carácter, con confianza en uno mismo, que no temen a la burla por rectificar cuando nos hemos equivocado políticamente, aunque estemos en lo correcto “técnicamente”.  noelramirezs50@hotmail.com