• Abr. 30, 2018, media noche

En estos días nuestro amado país ha vuelto a experimentar el dolor indescriptible que provoca la pérdida de vidas valiosas, de personas que les ha sido arrebatada, de forma injustificada e inaceptable, lo más valioso que nos da Dios, la vida. 

La inmensa mayoría de nicaragüenses hemos conocido y aceptado a Jesucristo como Señor y salvador de nuestras vidas, aceptación que nos acredita con ciudadanía del reino de los cielos, y como tales, estamos llamados a que nuestros pensamientos y comportamientos estén guiados por el fruto del Espíritu Santo: amor, gozo, paz, bondad, paciencia, mansedumbre y dominio propio (Gálatas 5:22-23). 

El fruto del Espíritu Santo, por oposición, nos aparta del odio, de la amargura, de la violencia, de la maldad, de la impaciencia, de la irascibilidad, y la debilidad. 

Como nicaragüenses debemos ejercer el derecho que nos asiste de exigir cambios, de hacer reclamos a quien corresponda, de todas aquellas situaciones que consideramos nos afectan como individuos y/o como país. En tal ejercicio, como ciudadanos del reino de los cielos, debemos permitir que el fruto del Espíritu Santo guíe nuestras actuaciones.  

El reino de Dios está aquí y ahora, se manifiesta en el comportamiento de sus ciudadanos, los cristianos. Jesús decía a sus discípulos: en cualquier ciudad donde entren y les reciban, coman de los que les sirvan; sanen a los enfermos y díganles: El reino de Dios se ha acercado a ustedes.

El predicador Myles Munroe (q.e.p.d.), propone que “el reino de Dios es un reino que gobierna en el corazón y en la mente de las personas, el cual se manifiesta, luego, dentro de la cultura. El secreto para la extensión del reino de los cielos en la tierra se encuentra en cambiar las mentes de las personas, cultivarlas como si fueran un jardín, plantando, cuidadosamente, pensamientos, creencias, ideales, valores y convicciones del cielo.  El  resultado final será la transformación del paisaje espiritual, antes árido e infértil, en un jardín lleno de vida, esperanza y potencial ilimitado.”

Los creyentes debemos asimilar y asumir nuestra identidad de ciudadanía de reino, poner nuestra fe en acción, y disponernos a dejarnos moldear por nuestro creador, mediante un proceso de renovación, a veces doloroso, con la intensidad de dolor de parto, pero que al final del día, el gozo proporcionado por los frutos personales, familiares y sociales, será mucho mayor  que el dolor y cada día ese último será más lejano.

El apóstol Santiago deja claro que  la fe auténtica es activa, no es solo verbal, sino también es visible, y se manifiesta en  cambios genuinos en la conducta y la personalidad del creyente.

Amiga y amigo, reafirmemos nuestra decisión de invitar a Jesús a entrar en nuestro corazón, a aceptarlo como nuestro Señor, a rendirnos a su señorío, a ser instrumentos de su santa voluntad, pidámosle que nos llene del fruto de su santo espíritu y renueve nuestro entendimiento,  transforme su conducta, para ser luz y sal en la tierra. 

Los ciudadanos del reino, como parte del proceso de cambio cotidiano, guiados por el fruto del Espíritu Santo, debemos contribuir activamente a convertir nuestro país en un lugar de paz, lleno de vida y esperanza. Debemos decir ¡No a la violencia!

Queremos saber de usted. Le invitamos a escribirnos al correo electrónico crecetdm@gmail.com