• Mayo 1, 2018, media noche

Muchas personas me han llamado para consultar por lo mal que andan con su salud… los síntomas digestivos manifestándose al 100%: acidez, gastritis, reflujo, dolor abdominal, flatulencia y alteraciones en el hábito de limpieza intestinal, por otro lado muchos con la presión arterial y el azúcar en sangre por las nubes, los grandes catarros y molestias en las articulaciones exacerbados y otros con rash y urticarias.

Las vivencias de los últimos días no han sido fáciles y han generado cualquier cantidad de emociones, todas ellas determinadas por las propias vivencias, creencias, recuerdos, traumas no sanados y demás, y por supuesto el cuerpo ha comenzado a gritar. Recuerdo una frase que leí alguna vez “el cuerpo grita lo que el alma calla”.

Como médica tradicional integrar este concepto ha sido todo un reto, pues la formación convencional indica que la enfermedad es una manifestación del cuerpo ante la alteración del funcionamiento de alguno de sus órganos, sin embargo, ahondar en la relación estrecha que existe entre las emociones y la aparición de los síntomas de la enfermedad es mi nueva pasión. Integrar las dos corrientes ha sido de gran crecimiento para mí y un gran aporte para los pacientes.

Hace unos días me hice la pregunta: ¿y con todo esto qué estamos viviendo a quién le va a interesar saber cómo llevar una vida saludable? Y fueron mis pacientes, que son unos verdaderos maestros, los que me dieron la respuesta… En tiempo de crisis es cuando debemos cuidarnos más, debemos estar pendientes de que nuestros sistemas funcionen bien, debemos procurar tener mayor control del estrés, tratar de dormir el tiempo necesario para cargar baterías, hacer “dieta de redes sociales” por unas dos o tres horas al día, pues con un cerebro vulnerable ante tanta información cualquier noticia nos saca del equilibrio. Por otro lado, nuestro cuerpo, que es nuestro caballito de batalla, requiere “mimos”,  son suficientes los golpes del alma como para agregarle estar enfermos.

Les invito a mantener su cuidado y el de su familia como una prioridad, la fragilidad emocional nos hace más propensos a tener deterioro en la salud, los invito a comer bien y sano, incluyendo harinas saludables que funcionan como fuente de energía de larga duración, incluir tés relajantes, como manzanilla, tilo, valeriana y naranja agria, es ideal para ayudar a “templar los nervios “ ( así decía mi madrina), además evitar las grasas y comida muy condimentada para no recargar nuestro organismo,  mantenerlo liviano, limpio, ágil y con mucha energía. La ansiedad puedes controlarla con pequeñas porciones de almendras, batidos de frutas, leche con cacao o chocolate y además palitos de vegetales que entretienen la mandíbula.

Recuerda que es importante que saques tus emociones, las compartas con alguien que te dé tranquilidad y que escuche tus puntos de vista, en tiempos de crisis cuidarnos es un gran regalo, aclara la mente y permite que nos sintamos diferentes y más animados.