• Mayo 14, 2018, media noche

Luego de tres semanas de violencia social, los nicaragüenses continuamos expectantes ante el inicio de un diálogo nacional, que como primer paso, ponga un hasta aquí a las acciones de hostilidad que de uno y otro lado se han estado realizando, y retorne la tranquilidad y la paz a las familias nicaragüenses.

Nicaragua ansía la paz y para recuperarla es imperativo iniciar el proceso de diálogo que propicie condiciones para el perdón y reconciliación nacional; que contribuya a derribar las barreras que nos apartan de la paz; que nos ayude a restablecer la armonía y relaciones de fraternidad. 

Como nicaragüenses amantes de la paz esperamos que en este ansiado diálogo prevalezca la tolerancia y el respeto a la diversidad de pensamientos e ideas; que exista flexibilidad para ceder y encontrar soluciones y acuerdos sin que ello signifique sacrificar principios; que en ese diálogo exista igualdad de oportunidades para expresar puntos de vista, y con ello aumentar las posibilidades de superar obstáculos.

Nuestra esperanza es que este diálogo siente las bases del reinicio del proceso de reconciliación, que propicie el restablecimiento de la concordia, siempre en la búsqueda del propósito y gran aspiración de los nicaragüenses, tal es, contar con una paz sólida y duradera.   

Aspirar a una sociedad reconciliada por el perdón y la justicia. El perdón es un aspecto fundamental al que debemos aspirar los nicaragüenses en la búsqueda de esa paz sólida y duradera. Tengamos en cuenta que el perdón   libera del resentimiento  e indignación causados por una ofensa. El perdón se sustenta en la libertad y la caridad. 

En el período de posconflicto, muchas personas y familias enteras están afectadas por heridas profundas en su corazón, que dificultan considerar el perdón como una opción,  pero perdonar es el camino de  la sanación. 

Según un estudio de la Universidad Javeriana, el perdón es un proceso de reemplazo de emociones negativas por emociones positivas, sustituyendo venganza por compasión. 

Tanto para perdonar como para reconciliarse, es de suma necesidad el diálogo, el compromiso de no repetir la ofensa, y allí donde corresponde, la  exigencia que quienes han dañado experimenten una consecuencia por sus agravios.

Amigas y amigos, debemos insistir en la necesidad imperiosa de que se inicie el diálogo, que se dé un acercamiento que propicie unidad y dé oportunidad al perdón y la reconciliación. 

Amigas y amigos, en las difíciles y dolorosas circunstancias que nos toca vivir, tengamos presente el gran mandamiento: amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Mandamiento que nos prepara y equipa para poner en práctica la enseñanza de Jesús: bendice a quienes te maldicen; desea el bien a quienes te desean el mal. 

Que en el diálogo la mansedumbre sea la armadura contra la altivez, la irritación, el resentimiento y la venganza (Gálatas 5:22). Que la mansedumbre que nos enseña 

Jesús con su prédica y ejemplo, guíe el comportamiento de los actores del diálogo, y de toda la población, y podamos edificar sobre roca, un país en donde reine la paz, la justicia y nunca más sea derramada una gota de sangre de hermanos por conflictos políticos.

Queremos saber de ustedes. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com