• Jun. 4, 2018, media noche

Durante casi tres décadas en este país diversidad de organizaciones, (académicas, religiosas, civiles, espirituales, entre otras) han llevado a cabo todo un esfuerzo en forjar un espíritu de reconciliación y paz, esfuerzo cuyos frutos se evidenciaban por doquier y de los cuales nos sentíamos satisfechos. Sin embargo, los acontecimientos de violencia, destrucción y muerte que estamos presenciando, muestran con claridad la existencia de grietas que explotaron al activarse el actual conflicto social. 

Es triste decirlo, pero pareciera que la renovación de creencias y transformación de comportamientos no necesariamente se alcanzan al ciento por ciento, algo de creencias y comportamientos viejos sobreviven y ese residuo es el que se activa y prevalece en el conflicto.

Sigmund Freud en su ensayo “Sobre la guerra y la muerte” escrito en 1915, dice: Los conflictos entre grupos sociales casi siempre se deciden mediante la confrontación, aflorando la belicosidad del hombre, expresada en conductas agresivas, de crueldad y de destrucción, las que parecieran ser inherentes a la naturaleza humana.

Freud da por sentado que el ser humano en situaciones de conflicto es dominado por la pasión, la cual rebasa y opaca la racionalidad, haciéndole presa de la intolerancia, el odio, la victimización, el deseo de venganza, etc. lo que le induce a dilucidar el conflicto mediante la confrontación, aplicando consciente o inconscientemente la máxima: “el fin justifica los medios”.     

Hace 20 siglos, Jesús de Nazaret predicaba acerca la necesidad de que el ser humano cambiara patrones de comportamientos violentos a pacíficos. Él decía: te dijeron ama a quienes te aman; pero yo te digo: ama aún a tus enemigos, bendice a quienes te maldicen, haz el bien a quienes te hacen mal. Jesús sabía que el reino de Dios en la tierra, debía incorporar a personas guiadas por el amor, la paz, la mansedumbre, es decir, el fruto de su Espíritu, libres de violencia, odio y venganza. 

Jesús también nos advierte que debemos estar alertas siempre, que nunca debemos olvidar que venimos de ese mundo de violencia, odio, destrucción y robo, que quienes hemos puesto las manos en el arado, seguimos siendo imperfectos y puede haber ocasiones de retroceder. Por ello en Pedro 5:8 dice: estén atentos, porque su adversario, el maligno, anda suelto como león rugiente buscando a quién devorar. 

Jesús vino a dar vida abundante, a traer paz, a edificar, por el contrario, el adversario vino a matar, robar y destruir y tristemente eso último es lo que está prevaleciendo en nuestro país: muerte, saqueo y destrucción.

Ciertamente pareciera que hemos vuelto atrás y nuevamente somos esclavos de la violencia y la destrucción, pero afirmamos que esto es una especie de recaída, de la cual prontamente nos levantaremos, porque Jesús está en control.

Los nicaragüenses desde hace 28 años venimos transitando por el desierto enfrentando amenazas y peligros que ello implica, que si las vemos en la dimensión humana pueden inducirnos a rendirnos y retroceder a la esclavitud de la violencia, pero si lo hacemos en la dimensión espiritual, aferrados al propósito de Dios para nuestro país, superaremos por la vía del diálogo y el entendimiento el conflicto actual, nos levantaremos y continuaremos la marcha hacia la liberación total, la paz, la justicia y la prosperidad. 

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