• Jun. 27, 2018, media noche

Este sábado que pasó fue el Día del Padre en Nicaragua, creo que es el primero que no compartimos con nuestros hijos. Al igual que el Día de las Madres, no había ambiente para celebrar; no podemos ignorar el sufrimiento de los demás, pero a pesar de eso, nuestros hijos enviaron sus mensajes de felicitaciones a su papá.

Cada uno refleja su personalidad, unos escriben más que otros, pero el común denominador de los tres mensajes es amor y agradecimiento. Mi esposo ha sido un buen padre en todo sentido.

Tiene un carisma especial para los niños y los jóvenes, además es una persona alegre y bromista, lo que le ha ayudado a tener una excelente relación con nuestros hijos. Ha hecho su tarea buscando sabiduría de Dios para poderlos formar, amarlos, ganarse el respeto y al mismo tiempo ser amigo de ellos. “Instruye al niño en su camino, y aún cuando fuere viejo, no se apartará de él. Poverbios 22.6.

Con cada uno tiene una relación especial que ha cultivado desde que estaban bebés; con unos le es más fácil comunicarse, con otros le cuesta un poco más, pero siempre está buscando maneras para estar presente en cada aspecto de sus vidas.

Seguro han escuchado la expresión de la gente, que cada niño viene con un pedazo de pan debajo del brazo, ¡ojalá vinieran con un manual de instrucciones debajo del brazo! En ausencia de eso, nos leímos todos los libros del Dr. James Dobson, los cuales están cargados de consejos sabios.  

Hace unos años uno de nuestros hijos encontró en YouTube una canción que cantaba Topo Gigio, “Yo quiero ser como mi papá” y se la puso a mi esposo, no sé si fue para un Día del Padre, y desde ese entonces se la cantan de vez en cuando.

Tenemos un video de Andrés y Sebastián, los dos menores, acostados en nuestra cama, cantando la canción. De hecho, este año, en el mensaje de Andrés para su papá iba la frase “Yo quiero ser como mi papá”. Es bien significativo que un hijo le diga a su papá que quiere ser como él. Eso quiere decir admiración y amor, ejemplo y testimonio de vida.

Hemos estado viviendo momentos bien tristes y difíciles en nuestro país, los cuales nos han afectado de diferente manera. Andamos con el llanto a “flor de piel”, irascibles, frustrados, impacientes, desanimados. Yo soy una persona relativamente calma, ecuánime, y controlada, pero en las últimas dos semanas he tenido unos exabruptos que me han sorprendido.

No hay excusa, pero sé que es parte de la atmósfera de temor y tensión en la que estamos; pero les confieso que las veces que me ha sucedido, he pedido perdón a las personas que “me he pasado llevando”.

Cuando Jesús se hizo hombre, a pesar de ser el hijo de Dios, vino a la tierra en su naturaleza humana. Fue un ejemplo de obediencia, de amor, de compasión y de misericordia. Nos enseñó a amar a nuestros enemigos, a poner la otra mejilla, a perdonar setenta veces siete. “Porque el que me envió está conmigo, y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que a él le agrada”. Juan 8.29

Jesús es el hijo de Dios, pero es nuestro Padre también. ¡Yo quiero ser como mi papá!