• Jul. 11, 2018, media noche

Si hay algo que extraño de mi vida en los Estados Unidos son las cuatro estaciones bien marcadas. Hasta que pude experimentarlas, nunca antes me había molestado en buscar el pronóstico del clima. Si bien mi estación favorita es el otoño, todas tienen su encanto. El invierno usualmente es usado en metáforas para ejemplificar momentos difíciles, de mucho dolor, desolación y temor.

Tuve la experiencia de pasar unos inviernos bien fríos, donde a veces no salíamos a la calle por la tormenta de nieve; en algunas ocasiones podíamos pasar varios días viendo por las ventanas solo oscuridad. En ocasiones, me entraba tristeza de tanto gris y por supuesto del encierro. Pero sabía que después del invierno venía la primavera, que comparativamente hablando, es el extremo del invierno.

Vuelve a salir el sol, volvemos a escuchar los pájaros, las plantas florecen y el clima se mantiene en una temperatura agradable, para algunos, la mejor época del año.

En nuestro país, tenemos casi tres meses de estar en “invierno”. Pasan los días y no vemos que sale el sol, sigue el frío, la nieve, la lluvia hecha hielo. Cada día nos levantamos con la ilusión de ver el cielo despejado y sigue la nube gris. Cada día es una nueva historia de dolor, de temor, de frustración. Además de las vidas que se han perdido, y que causa el dolor más grande, hemos perdido sueños, ilusiones, oportunidades, frutos del trabajo de muchos años.

Nuestra familia sabe lo que es pasar por inviernos oscuros, no solamente por enfermedad, sino también por motivos económicos. Sabemos lo que significa caerse y volverse a levantar; sabemos los sacrificios que implica tratar de darle una vida digna a nuestros hijos, sabemos lo que es trabajar con diligencia, tratando de ser íntegro en todo lo que hacemos; y duele ver derrumbarse tan rápido, todo lo que nos ha tomado años construir. Aunque al mismo tiempo, sabemos y tenemos la convicción que, “todo es para bien a los que amamos al Señor”. Romanos 8.28. 

Hace un tiempo, durante uno de nuestros “inviernos”, alguien me mandó un pasaje que quiero compartirles hoy:

“Aunque la higuera no florezca, ni haya frutos en las vides; aunque falle la cosecha del olivo, y los campos no produzcan alimentos; aunque en el aprisco no haya ovejas, ni ganado alguno en los establos; aun así, yo me regocijaré en el SEÑOR, ¡me alegraré en Dios, mi libertador!” Habacuc 3:17-18

Como todo lo que Dios hace, esa palabra de ánimo llegó justo a tiempo en un momento donde yo estaba en un hoyo; me sentía atribulada, insegura, temerosa, triste, impaciente, pero sobre todo, impotente. No recuerdo quién me la mandó, tal vez ni cuenta se dio de lo que ese mensaje había significado para mí. Fue como ver a Dios estrechando su mano para tomar la mía y sacarme del túnel en el que estaba.

Quiero dejarles un par de estrofas de una canción de Evan Craft llamada “Solo en Ti”; búsquenla en YouTube y escúchenla tantas veces sea necesario:

En medio del problema

Cuando ya no puedo más

Confiaré en tus promesas

Suficiente me será

No temeré estás conmigo

No fallarás en Ti confío

Mi esperanza solo en Ti

El día en que no tenga fuerzas

Serás Jesús mi fortaleza

Mi esperanza solo en Ti

A pesar de la nieve, de los vientos fríos, de los cielos grises, la primavera viene después del invierno. No perdamos la fe, ayudémonos unos a otros a levantarnos cuando nos caemos, no perdamos tiempo metidos en el túnel. Soñemos otra vez, planeemos otra vez, levantémonos en fe confiados que Dios está en control, que Él no nos desampara, que sus tiempos son perfectos.