• Jul. 18, 2018, media noche

Mi esposo y yo tenemos dos semanas de haber comenzado un seminario sobre fortalezas y debilidades de carácter. El curso trata temas de adicciones y también de comportamientos que adoptamos por distintos motivos, algunos por temperamento, otros por educación y cultura. El seminario consiste en un encuentro semanal con el instructor y trabajo individual diario; leemos la lección, a veces hay preguntas que responder y todo respaldado con  versículos de la Biblia. Adicionalmente, al final del día, tenemos que llenar una tabla que contiene cualidades y defectos, donde debemos marcar con un “check” o una “X” según corresponda. Algunos ejemplos de lo que hay en la tabla son: pensamiento positivo, paciencia, templanza, perdón, pureza mental y lo contrario a cada una de ellas. En los primeros días le dije a mí esposo: estoy viendo demasiados “checks” en esta tabla, no puede ser que sea tan buena gente; a él le estaba pasando lo mismo. En el siguiente encuentro con el instructor, sin nosotros preguntarle, aclaró que en 
los primeros días no nos sorprendiéramos de ver más “checks”, pero que en la medida que fuéramos interiorizando los temas, la cosa iba a cambiar; dicho y hecho.

Creo que no fue el mejor momento para tomar este seminario o tal vez sí...yo no sé ustedes, pero lo que soy yo, nunca antes en mi vida he tenido que perdonar tan seguido, tantas veces, a tanta gente; también he tenido pensamientos impuros los cuales no tienen que ver con temas sexuales, sino con desearle el mal otros……ni les digo cuántos días he tenido que poner una “X” en esa debilidad específica. En otras palabras, no soy tan buena gente como creía. 

Mucho se habla de la maldad que nos rodea y que ha salido a luz en los últimos noventa días; pero reflexionando en los momentos de encierro, que últimamente han sido frecuentes, nuestra conclusión es que cuando pase esta tempestad y nos toque recoger los pedacitos, además de cuidar nuestros corazones del odio, el rencor y la falta de tolerancia, tendremos la oportunidad de arrancar de raíz la “maleza” que ha venido ahogando nuestra sociedad, como es la falta de integridad, conducta que se fue convirtiendo en una “forma de vivir” aceptada por todos.

Nosotros creemos en la infalibilidad de lo que está escrito en la Biblia y tenemos la convicción que todos los argumentos se terminan ahí. Sin embargo, en el mundo de hoy las verdades son relativas; hay personas que dicen “esta es mi verdad”. Nosotros creemos que Jesús es el camino, la verdad y la vida (Juan 14:6), y que los principios que Él nos dejó son la única verdad, tal cual Él los enseñó. 

Para restaurar esta nación, necesitamos desde ya entrar en un proceso de transformación de nuestra propia vida, y la única manera de hacerlo es buscando el camino, la verdad y la vida. Es fácil señalar a los demás, como dice Mateo 7:5 “¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano.”  Predicar es sencillo, lo difícil es ser testimonio. La tarea comienza con nosotros mismos, en nuestro matrimonio, en la formación de nuestros hijos, en nuestro barrio, en nuestro trabajo, en nuestro negocio. 

No es suficiente una revolución ética, humanista; necesitamos conocer y poner en práctica los principios eternos que Dios nos dejó en su palabra. Tenemos la oportunidad de ser parte de un ejército de obreros que se levante con humildad, integridad y valentía para participar en la renovación de nuestro país. Hacer que Nicaragua se convierta en un ejemplo y sea una luz para todas las naciones, entonces es cuando tendremos verdadera prosperidad.

Yo me apunto, ¿ustedes?