• Ago. 1, 2018, media noche

Tengo un amigo que tiene un “diccionario” de chistes sobre las suegras, y lo peor es que los chistes se los postea en Facebook a la suya. La señora debe ser una santa porque solo se ríe, pero los amigos le caemos encima por imprudente, a pesar de que la fama que tienen las suegras no es en vano. Si somos honestas con nosotras mismas, tenemos que admitir que las mujeres podemos ser bien insoportables. 

La verdad que yo tuve el mejor ejemplo de una nuera amorosa, prudente, franca y paciente; mi abuelita era una mujer extraordinaria, fue una ama de casa espectacular, pero tenía un temperamento difícil, sin embargo, mi mamá siempre le dio el lugar que ella se merecía. Mi abuelita amó a mi mamá como a una hija.

Conocí a mi suegra antes de casarme. Llegó a Washington a visitar a dos de sus hijos, uno de ellos mi esposo. Desde que la conocí me pareció una mujer encantadora, enérgica, independiente y muy amorosa con sus hijos. Si bien en términos de temperamento somos totalmente opuestas, nos logramos entender desde un inicio. 

Durante nuestra vida matrimonial nos tocó vivir en su casa o que ella viviera en la nuestra. ¿Cómo hacen dos mujeres independientes, enérgicas, de carácter fuerte, para no tirarse los sartenes en la cara y de paso, volver loco al hombre que ambas amamos?

Bueno, me voy a atrever a compartir, lo que yo hice y no hice, por si en algo les puede servir:

mientras viví en su casa nunca pretendí robarle terreno; ella era la dueña y señora de su hogar. Más bien agradecí el apoyo que nos dio mientras lo necesitamos.

Cuando ella vivió con nosotros por un tiempo, aprendí a escoger las batallas. Habían días que llegaba a mi casa y la sala estaba toda redecorada. Aunque a veces no me gustara la forma en que había quedado, no decía nada. Sabía que unos días después, todo cambiaría otra vez.

En ese tiempo no entendía el amor que las abuelas le tienen a sus nietos, y me enojaba cuando ella era muy permisiva con nuestros hijos, sobre todo con el menor. Hablaba con mi esposo para entre los dos llamarla a la reflexión, y pedirle que cooperara con nosotros porque los niños se desorientaban. 

Aprendí que, por la “paz mundial”, hay temas que no me toca a mí hablarlos con ella, sino a mi esposo.

Yo no soy cariñosa, la verdad que tengo otras formas de expresar amor; con ella nunca he fingido ser lo que no soy para “cepillarla”, más bien siempre he sido franca y clara, pero dándole amor y guardando el respeto que ella se merece como ser humano y como madre de mi esposo.

He tratado de estar siempre disponible si ella me necesita; pendiente de su salud y la he cuidado cuando ha habido necesidad, es lo menos que puedo hacer para honrarla. 

Hace dos semanas mi papá falleció y al día siguiente, me desperté en la madrugada con una gran tristeza. Lloré como tenía rato de no hacerlo; fue bueno desahogarme. La verdad que sentí un vacío bien raro al percatarme que ahora no tenía ni mamá ni papá. Más tarde ese día, mi suegra me llamó por teléfono para darme sus condolencias y sentí en mi corazón decirle: ahora vos serás mi mamá y mi papá; vos tenés experiencia en jugar ambos roles con excelencia (quedó viuda con 6 hijos cuando tenía 39 años, ahora tiene 83). 

Hay un principio que dice: Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y tengas una larga vida sobre la tierra. Efesios 6.2-3. Las suegras de alguna manera son nuestras madres, queramos o no. Yo creo que no les toca a ellas ganarse a las nueras y a los yernos; nos toca a nosotros buscar la forma de tener una relación de respeto, honra, cordialidad y, ojalá, amor.

¡Qué vivan las suegras!