• Ago. 8, 2018, media noche

Este fin de semana que pasó extrañé a mis hijos más de lo normal. Los tres están fuera de Nicaragua, el menor en la universidad, pero los dos mayores que ya se habían regresado después de graduarse para establecer sus vidas aquí, tuvieron que salir.

Hay días en que uno anda más propenso a la tristeza o más sensible de lo normal; y si hablo con mis hijos mayores, me quedo con el corazón “encogido”.

No solamente las personas que salieron del país están viviendo en incertidumbre, sino también las que nos quedamos. Los seres humanos tenemos una gran necesidad de controlar todo, de saber qué hay al otro lado antes de dar un paso. Las mujeres en particular necesitamos sentirnos seguras, y muy fácilmente caemos en la desesperación, cuando nos toca atravesar una situación difícil que implique incertidumbre. 

La fe es el deporte más extremo que existe, y como todo deporte, no lo perfeccionamos a menos que lo practiquemos; y es en los momentos difíciles donde la práctica hace al maestro.

La fe es una decisión; por ejemplo, yo he decidido confiar en la fidelidad de mi esposo, a pesar de que no estoy con él las 24 horas del día. Hoy en mi tiempo de oración, la lectura del libro “Jesús Hoy” decía lo siguiente: “Dale tu total atención a lo que estoy haciendo en este momento, y no te comiences a preocupar por lo que puede pasar o no, el día de mañana. El tratar de no pensar en algo, usualmente es inefectivo y contraproducente. El esfuerzo de tratar de no pensar en lo que te está inquietando, te mantiene encadenado a esos mismos pensamientos; sin embargo, podés liberarte si enfocás toda tu atención en mí (en Jesús), y en lo que estoy haciendo en tu vida”.

El tenis es mi deporte, y hace unos meses regresé a las canchas después de tres años de ausencia, debido a las cirugías de cáncer de seno que tuve, que me dejaron los brazos un tanto débiles.

Cuando decidí regresar a entrenar, los primeros días los ejercicios fueron como si estaba comenzando de cero. La clave para jugar bien es mantener los ojos en la bola. Desde que el contrincante acomoda su raqueta nuestros ojos deben de seguirla. Lo mismo es cuando vamos a sacar; siempre los ojos fijos en la bola. En el momento que perdemos enfoque, fallamos el golpe.

Lo mismo es cuando estamos en situaciones de incertidumbre, nuestro enfoque debe ser en Jesús, porque Él tiene el control de nuestra vida todo el tiempo; bueno… siempre y cuando se lo permitamos.

Seguro recuerdan el pasaje de la Biblia cuando Pedro caminó sobre las aguas, está en Mateo 14:22-31 por si lo quieren leer completo; transcribo la parte específica que quiero usar para ilustrar mi punto: “...Pero Jesús les dijo enseguida: —¡Cálmense! Soy yo. No tengan miedo. —Señor, si eres tú—respondió Pedro—, mándame que vaya a ti sobre el agua. —Ven—dijo Jesús. Pedro bajó de la barca y caminó sobre el agua en dirección a Jesús. Pero al sentir el viento fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó: —¡Señor, sálvame! Enseguida Jesús le tendió la mano y, sujetándolo, lo reprendió: —¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”

Si Pedro hubiera estado jugando tenis, al perder el foco en la bola, hubiera perdido el punto.

No importa que todavía no veamos el sol claro, no importa que por la mañana no sepamos cómo estará por la tarde, mantengamos nuestros ojos fijos en Jesús, seamos uno con Él, confiados de que cada día trae su propio afán; y que el hecho que nosotros no tengamos total control de nuestra vida, no quiere decir que Él no lo tenga.

¡No perdamos el punto, mantengamos los ojos en la bola!