• Ago. 15, 2018, media noche

Estimado lector, cuando usted opera en una economía “pequeña y abierta”, es necesario estar bien informado del comportamiento, no solo de la balanza pagos de esa economía, sino del comportamiento de la economía mundial y del comportamiento de la balanza de pagos de sus principales socios en el mercado mundial, como los Estados Unidos de América y el de las economías más poderosas del mundo, como la de china.

Recordemos que los déficits de la balanza de pagos pueden presentarse en su balance comercial (exportaciones menos importaciones), o en su balance de los movimientos de capitales, tanto públicos (contratación y pago de la deuda pública externa), como privados (inversión privada extranjera y el movimiento de capital privado que incluye a las famosas “remesas familiares”, que a mi juicio, constituyen el mejor programa de carácter social, siempre y cuando no fomenten la actitud de no querer trabajar.

Los déficits comerciales (excesos de importaciones en relación a las exportaciones), que son normales en economías en desarrollo, salvo que exporten petróleo, se pueden agravar por un deterioro en los “términos de intercambio” (la caída en los precios de las exportaciones y el incremento en los precios de las importaciones), por caídas en los volúmenes exportables, o por incrementos en los volúmenes de las importaciones. 

En el primer caso, en el corto plazo muy poco podemos hacer; en el segundo habrá que analizar las causas y luego proceder a superarlas; y en el tercero, la causa es un excesivo crecimiento en el crédito doméstico al sector público y/o al sector privado, que nos lleva a “absorber” o importar del resto del mundo un valor excesivo de bienes y servicios, por lo que la solución debería ser reducir el déficit fiscal o el crédito al sector privado, según sea el caso.

Entre las economías más grandes y desarrolladas del mundo y donde supuestamente las tasas de cambio están libremente determinadas por el mercado, los déficits comerciales, como en el caso de nuestras economías, también son causados por déficits fiscales o por la oferta de un crédito excesivo al sector privado, por lo que la respuesta adecuada estaría en una restricción al crédito doméstico, o en un ajuste automático de la tasa de cambio, ya que en estos casos, la misma estaría determinada por el mercado internacional. 

Pero en estas grandes economías, los déficits comerciales también pueden ser causados por las políticas de aranceles o restricciones a las importaciones, establecidas por algunos socios; o por sus manejos no adecuados de las tasas de cambio, como por ejemplo, cuando un socio comercial mantiene artificialmente la tasa de cambio excesivamente devaluada, es decir, mantiene una moneda local muy “débil”, para restringir sus importaciones y sobreestimular sus exportaciones. 

Sin embargo, estas políticas de manipulación de la tasa de cambio pueden ser “compensadas” por los socios comerciales, que se sientan afectados por dichas políticas, con la imposición de tarifas “compensatorias” a sus importaciones, a fin de encarecerlas y reducirlas y así reducir su propio déficit comercial. 

Estas tarifas pueden ser utilizadas como “herramientas de negociación” para promover un comercio internacional con menos manipulaciones, lo cual sería muy beneficioso para el crecimiento económico mundial; o podrían provocar una “guerra comercial” de incrementos recíprocos en tarifas y devaluaciones mutuas, lo cual perjudica gravemente al comercio internacional y al crecimiento de la economía mundial, que tendría efectos perjudiciales en la economías “pequeñas y abiertas”, cuyo crecimiento, como usted lo sabe, está determinado, en gran parte, por el crecimiento de la economía mundial.

Por otro lado, cuando los déficits se presentan en el sector del movimiento de capitales, de la balanza de pagos, si el problema se presenta en el sector público, la primera alternativa sería buscar endeudamiento externo publico adicional proveniente de organismos multilaterales, preferiblemente en términos “concesionales”;  si ello no es posible, el gobierno podría recurrir colocar títulos financieros en condiciones realmente atractivas, ya sea en el mercado doméstico o preferiblemente en el internacional, o se vería obligado a reducir el gasto público en otros rubros para poder enfrentar el problema con el servicio de la de la deuda pública externa, lo cual políticamente no es deseable en el corto plazo, pero sería necesario para garantizar la estabilidad monetaria. Y en última instancia, si la carga tributaria fuera inferior a la de sus socios comerciales, el gobierno podría considerar revisar la misma, pero si la brecha fiscal del gobierno se debe a una caída del nivel de actividad económica, sería contra
producente considerar esta posibilidad, ya que con la misma se estaría agravando, todavía más, esa situación económica, por lo que, al final, el gobierno terminaría recaudando menos de lo que recaudaba antes de impulsar la posible reforma.

Y finalmente, algunas veces el déficit en la cuenta de capitales de la balanza de pagos se puede deber específicamente al movimiento en el capital privado, ya sea porque las tasas de interés nominales no compensan los niveles de la inflación local o porque las tasas de interés de los socios en el mercado internacional son más atractivas que las tasas domésticas, en cuyo caso el banco central podría tener que revisar su política de tasas de interés, para tratar de revertir la tendencia, pero teniendo muy presente el impacto que dicha decisión pueda tener en el sistema productivo y financiero; así por ejemplo, cada vez que la “reserva federal” de los Estados Unidos eleva sus tasas de interés, el “Banco de México” se ve obligado a subir sus propias tasas de interés para seguir siendo competitivo en cuanto a la captación de recursos financieros. Y si dicho comportamiento se debiera a causas ajenas al comportamiento de las meras tasas de interés, se debería trabajar en superar dichas causas lo más rápidamente posible.

nramirezs50@hotmail.com