• Ago. 22, 2018, media noche

Estimado lector, cuando la economía se contrae, los “expertos” se concentran en pronosticar en cuánto caerá la producción y cuál será el impacto en el empleo, lo cual es muy importante.  

Sin embargo, lo fundamental en esos casos, además de indentificar las causas del problema y tratar de superarlo lo más rápidamente posible, es conservar la estabilidad monetaria, ya que de lo contrario, los costos sociales serán mucho mayores, en términos de desempleo y empobrecimiento y la recuperación económica estará más lejana y será mucho más difícil de alcanzar.  

La razón es muy sencilla, ya que cuando se pierde la estabilidad monetaria, que es una condición necesaria para el crecimiento económico, antes de poder volver a crecer, tendríamos que padecer los costos sociales de un programa antiinflacionario, al mejor estilo de los programas recomendados por el Fondo Monetario Internacional, con el apoyo del fondo, o sin su apoyo, lo cual lo haría todavía más costoso en términos sociales.  

Recordemos que el “impuesto inflacionario” es el peor de los impuestos, ya que a quienes más afecta es a los más pobres y como, normalmente, los procesos inflacionarios van acompañados de “distorsiones en los precios relativos”, es decir, en los precios clave de la economía (las tasas de interés, los salarios y la tasa de cambio), lo que se incentiva es la especulación y lo que se desincentiva es la verdadera producción, llegándose, en algunos casos, a generar escasez.  

Esto es así porque, en general, cuando se pierde la estabilidad monetaria, las tasas de interés se vuelven negativas en términos reales, es decir, la inflación llega a ser superior a las tasas de interés nominales que prevalecen en el mercado financiero; el salario real tiende a caer, independientemente de lo que ocurra con el salario nominal; y la tasa de cambio tiende a sobrevaluarse, desestimulando al sector exportador, ya que como sabemos, una sobrevaluación es un impuesto oculto a sector exportador; pero no solo eso, sino que también se desprotege al sector productivo nacional que compite con las importaciones.

Para evitar este panorama que, como hemos dicho, afectara más a los más pobres, cuando se presenta una contracción económica, además de tratar rápidamente de superarla, es fundamental conservar la estabilidad monetaria. 

El gran peligro en estos casos es caer en los “cantos de sirenas” del populismo y creer que la mejor respuesta es compensar la caída en la producción nacional con aumentos en el gasto público, independientemente de cómo sean financiados.  

Pero como usted ya lo sabe, esta estrategia de “estimular la demanda interna”, solo funciona por un período de tiempo sumamente breve, para luego dejarnos con una mayor recesión económica y una gran inflación, que tendríamos que controlar primero, para luego tratar de volver a crecer.

Los que ya hemos vivido estas experiencias, no tenemos que ir a “Yale” para convencernos de esta realidad.  Sin embargo, para aquellos jóvenes que, afortunadamente, no han vivido esa triste experiencia, les recomiendo leer “economía y populismo: ilusión y realidad”, que escribí hace ya un buen tiempo y “The macroeconomics of populism in Latin America”, escrito por los profesores Rudiger Dornbusch y Sebastian Edwards.

En consecuencia, cuando se presenta una contracción en los niveles de la producción económica, además de indentificar las causas del problema y tratar de superarlas lo más rápidamente posible, es fundamental salvaguardar la estabilidad monetaria, ya que de lo contrario, el camino hacia la recuperación, será mucho más largo y difícil.  Se los dice alguien que ya ha recorrido esos caminos.

 Estoy muy claro que en el momento que se está sufriendo la contracción económica, decir esto puede sonar impopular y hasta repugnante, pero esa es la realidad. 

nramirezs50@hotmail.com