• Sept. 3, 2018, media noche

Estimado lector, cuando eres economista y se presenta una crisis, tus amigos te preguntan: ¿Qué va pasar con la economía? ¿Qué debo hacer? Y los “expertos”, que en esos casos se multiplican, responden con gran seguridad y precisión lo que ocurrirá con la producción, el empleo, la inflación y la tasa de cambio.

Pero en estos casos no se debe ser arrogante, aunque seas economista y como yo no sé lo que pasará exactamente con cada una de estas variables, ya que en países como los nuestros, normalmente, solo el Banco Central dispone de los recursos para hacer estas proyecciones y aun así, muchas veces se equivoca, para responder a esta pregunta, como buen académico que vivo en una “torre de marfil”, compararé dos situaciones imaginarias parecidas, pero no iguales, que pueden ayudarle a llegar a sus propias conclusiones.

No estoy tratando de “capear el bulto”, pues en estos casos, su decisión dependerá del beneficio esperado, de su percepción de la incertidumbre y de su “aversión al riesgo”. Pero, como dice Warren Buffett, “hay que ser optimista cuando el mercado está pesimista y pesimista cuando el mercado está eufórico” y, como dice John Templeton, “hay que invertir en el momento de mayor pesimismo”.  Fácil decirlo, difícil hacerlo.

Primera crisis:

Nicosia 1977 – 1979. En 1977 empezó a tomar fuerza y visibilidad un movimiento armado para derrocar al     Gobierno y el presidente sufrió un infarto. El “movimiento de capital privado”, en la balanza de pagos, empezó a mostrar una pequeña salida de recursos, provocándose una leve reducción en las reservas internacionales. Sin embargo, todavía las importaciones crecieron y la economía creció a un ritmo normal.

En 1978, la crisis aumentó, la salida de capital privado se incrementó sustancialmente y provocó una caída importante en las reservas internacionales; a pesar que el “balance comercial” de dicha balanza de pagos, curiosamente, se había vuelto positivo debido a que las divisas se utilizaban, no para importar, sino para sacarlas del país. Como consecuencia de la reducción en las importaciones, se redujo la producción nacional, pues la capacidad de crecer depende de la capacidad de importar.

Aunque los depósitos estaban cayendo, el crédito interno del sistema financiero también creció, financiado con endeudamiento externo, a pesar que la producción estaba cayendo; lo cual podía deberse a que la falta de experiencia con estas situaciones había llevado al sistema bancario de esa época, posiblemente sin darse cuenta, a financiar la fuga de capitales y a que la misma fuera más grande de lo que hubiera sido si el crédito se hubiera otorgado con mucho más cuidado. 

Aunque la actividad económica se contraía y la recaudación fiscal no crecía como se esperaba, el gasto público mantuvo su ritmo, provocando un déficit fiscal que, en su mayor parte, fue financiado con las reservas internacionales, lo que contribuyó a su reducción y condujo al Banco Central a establecer un sistema de control de cambios.

En 1979 la crisis se agravó y el Banco Central tuvo que devaluar la moneda y establecer, con cambios múltiples, un impuesto a las exportaciones, sobre el “windfall” que la devaluación generaría al exportador, ya que los costos de ese ciclo habían sido incurridos a la tasa de cambio anterior y los ingresos por dichas exportaciones se recibirían a la nueva tasa de cambio. El final de la historia fue la caída del Gobierno, producto de una revolución armada.

Segunda crisis:

Nicosia 2018. En el 2018, durante el segundo trimestre, se dio lo que movimientos de oposición al Gobierno llamaban una insurrección cívica que inicialmente demandaba la salida inmediata del poder del presidente y que unos meses más tarde demandaba justicia para las víctimas del conflicto, liberación de los prisioneros, producto de estos episodios, unas elecciones transparentes y anticipadas.

El país estuvo paralizado por unos dos o tres meses, cayendo los niveles de producción, provocándose un retiro importante de depósitos bancarios por parte del público en general, obligando al sistema bancario a reconstituir sus niveles de liquidez, retirando depósitos del Banco Central y recurriendo a líneas de crédito del mismo Banco Central; y una caída en la recaudación fiscal, que inicialmente fue compensada también con retiros por parte del Gobierno de los depósitos que mantenía en el Banco Central; todo lo cual produjo una caída en las reservas internacionales, pero bastante menor que la reducción en los depósitos.

Transcurridos esos dos o tres meses, el ritmo en la caída de depósitos se redujo sustancialmente, por lo que unos pensaban que la incertidumbre tendía a reducirse, pero otros decían que mientras no se aclarara el panorama político, la situación continuaría siendo incierta; asimismo, el Gobierno había reducido sustancialmente el nivel del gasto público y el Banco Central había tomado la decisión de lanzar una emisión con dos tipos de títulos a tasas de interés atractivas, unos que aunque se tenían que comprar en dólares, serían cancelados en moneda local a la tasa de cambio oficial y otros que se emitirían en moneda local “con mantenimiento de valor”.

El objetivo de estos títulos no era financiar el gasto del Estado, sino disponer de recursos para, si fuera necesario, apoyar la liquidez del sistema bancario. 

La política cambiaria de minidevaluaciones se mantenía constante, y el precio del dólar en el mercado libre se mantenía estable, a pesar que en los dos o tres meses de mayor inestabilidad, las operaciones de compras y ventas de divisas habían aumentado, con el efecto neto que mencionamos en el sistema bancario y en las reservas del Banco Central.

El sistema bancario había atendido todo retiro de depósitos, pero sin flexibilizar los plazos a los que los mismos habían sido pactados y había sido muy cuidadoso al analizar las nuevas solicitudes de crédito del sector privado, asegurándose que los recursos fueran destinados a los fines solicitados y que el solicitante fuese un verdadero “sujeto de crédito”.

Transcurridos los meses de mayor incertidumbre, el Gobierno decía que la normalidad estaba volviendo al país, mientras que los grupos de oposición declaraban que nada era normal.

Para tratar de resolver esta disyuntiva, los agentes económicos podrían analizar, a partir de ese momento, algunas de las siguientes variables, el comportamiento de la divisa en el mercado libre, el comportamiento de los depósitos, el comportamiento de la demanda por futuras importaciones y el comportamiento de los inventarios en el sector empresarial, ya que ello les ayudaría a “matizar” las declaraciones y proclamas constantemente emitidas por los grupos en conflicto.

Nota: Este caso fue escrito, no para demostrar el buen o mal manejo de una situación gerencial, sino para tomar decisiones ante situaciones complejas y sabiendo que usted dispone de mucha más información que la contenida en el caso, por lo que decimos que este es un caso “vivo” y que en un futuro estaremos escribiendo la versión “b”.

Preguntas de estudio: Primera, ¿Cuáles son las diferencias y similitudes entre estas dos experiencias? Segunda, ¿Qué lecciones ha aprendido de la primera experiencia? y tercera, ¿Qué cree que pasará con la economía de ese país a corto o mediano plazo? ¿Cuál es su escenario más probable?

nramirezs50@hotmail.com