• Sept. 20, 2018, media noche

La educación es una inversión y como con cualquier otra inversión, esperamos ver un retorno. Tanto el dinero que gastamos, como el tiempo que invertimos y el esfuerzo que significa estudiar deben ser tomados en cuenta al momento de decidir qué estudiar y cómo ese estudio en particular te va a beneficiar.

Así, para medir el retorno de esta importante inversión, básicamente tenés que jugar con 2 variables: el costo del estudio y el posible futuro ingreso. En algunos países existen métricos ya hechos que te dan este valor, como el PayScale en Estados Unidos. A nosotros nos toca hacerlo de una forma más manual. 

A continuación algunas preguntas que te debés hacer para evaluar el retorno, al invertir en tu educación:

¿Cuál es tu objetivo? No comencés eligiendo la carrera, posgrado o maestría al azar. Enfocate más allá de eso y visualizá cuál es rumbo que le querés dar a tu vida profesional. Esta elección servirá para dirigir tanto el costo, como la eventual recompensa a la inversión.

¿Qué dicen las estadísticas? Preguntá a personas a tu alrededor que hayan estudiado lo que vos querés, cómo les ha ido. ¿Cómo son sus ingresos? ¿Qué tan fácil/difícil es conseguir un trabajo?

¿Cómo se ve el futuro? Aunque es imposible saber lo que va a pasar en unos años, sí hay estudios que van mostrando las carreras y profesiones que más se van a necesitar en el futuro. ¿Está la tuya dentro de estas? ¿O lo muestran más bien como algo que va a desaparecer?

¿Qué necesitás? Averiguá cuáles son los requisitos que las empresas normalmente piden para el campo de trabajo que vos has elegido, incluyendo el tipo y el nivel de grado que se requiere y si hay algunas universidades o centros que se ven favorecidas por la contratación de gerentes en esa profesión. 

¿Cuál es el precio? Una vez que sabés cuáles son las cualificaciones que necesitás, indagá el costo de obtenerlas.

¿Lo podés pagar? A todos nos gustaría poder estudiar los mejores programas en las mejores universidades del mundo, pero esto no siempre es posible. Por eso debés conocer cuál es tu capacidad de inversión. Al final, siempre hay becas o préstamos que podés pedir, si eso que vas a estudiar realmente te va a dar un impulso profesional.

¿Cómo se ve tu inversión? Usá las respuestas a las preguntas anteriores para comparar el costo, el retorno y la incertidumbre. Conociendo el precio de tu estudio y los prospectos de lo que podés ganar (o qué tan fácil es conseguir un empleo posteriormente) podés darte una buena idea si esa inversión que estás por hacer, vale la pena. Recordá que si los estudios los vas a pagar con un préstamo, no solo estás haciendo tu inversión más riesgosa, sino que tendrás una mayor presión para pagar, una vez que terminés de estudiar. 

Sin embargo, el retorno monetario no debe ser lo único que tomés en cuenta al momento de elegir qué y dónde estudiar, pues eso sería una visión de muy corto plazo. Otros factores como la experiencia que podés ganar mientras estudiás, el networking que podés hacer con profesores y otros compañeros de trabajo y el gusto mismo por lo que estudiás también importan.

Pasamos demasiadas horas trabajando al día y en la vida como para dedicarnos a algo que no nos gusta. Realmente se convierte en una tortura. Por esto, no recomiendo que la única medida a tomar en cuenta sea el retorno monetario, la satisfacción personal también importa y mucho. 

En conclusión, elegir qué estudiar, dónde y por cuánto tiempo nunca es fácil. Estoy convencida de que la educación es una inversión que vale la pena, pero además de las perspectivas de incrementos salariales, hay que valorar la experiencia que vas a tener y la satisfacción que te va a dar dedicarte a eso el resto de tu vida: no escojás un camino profesional solo porque parece ser financieramente prometedor, dedicate a algo que te guste