• Sept. 24, 2018, media noche

Estimado lector, como ya le he mencionado, uno de los mejores inversionistas de los últimos tiempos ha sido sir John Templeton y, a mi juicio, el mejor libro que se ha publicado sobre su filosofía de inversión es el escrito por su sobrina-nieta, Lauren Templeton, y su esposo, Scott Phillips, titulado:

“Investing the Templeton way”.  Templeton asistió a Yale durante la depresión y recientemente uno de los grandes profesores e inversionistas de esta Universidad, Martin Whitman, y a cuyas clases tuve el privilegio de asistir, nos dice que los principios del éxito de este gran inversionista han sido, “primero, estar consciente del precio a pagar; comprar solo gangas. Segundo, focalizarte en el largo plazo.  Tercero, no prestar atención al corto plazo, sabiendo que las gangas se presentan cuando ese corto plazo es pobre o muy nublado”.  

Según Templeton, “la gente siempre me pregunta donde las perspectivas para invertir son buenas. Pero esa es la pregunta equivocada. La pregunta correcta es: ¿Dónde las perspectivas son horribles?”.

Para Templeton la esencia del buen invertir consiste en comprar activos a precios que estén por debajo de su valor intrínseco; ya que muchas veces “la causa de que los precios suban es que simplemente estén subiendo y que bajen, porque simplemente estén bajando”.  Sin embargo, como él mismo nos dice, “comprar algo impopular o que no está de moda, requiere saber lo que estás haciendo y poseer una gran fortaleza de carácter”.

Según Templeton existen muchas formas de determinar el valor intrínseco de un activo y mientras más formas utilicemos, más seguros nos sentiremos de qué estamos tomando la decisión correcta.  

Sin embargo, las que el más ha usado han sido las razones de precio-utilidad, que en el mercado de valores norteamericano ha mantenido un nivel promedio de largo plazo de 14 veces, y el precio-valor en libros, pero luego de haber analizado y actualizado correctamente dicho valor en libros. Pero naturalmente y como usted lo sabe, estos parámetros varían dependiendo de cada industria.

Sin embargo, antes de continuar conversando sobre la filosofía de este gran inversionista, deseo compartir con usted algunos episodios que le dejaran muy claro, ¿por qué vale la pena escuchar lo que Templeton tiene que decirnos?,  porque, realmente, vale la pena leer “de cabo a rabo” el libro que estamos comentando.

Por ejemplo, en 1939, a inicios de la Segunda Guerra Mundial, las perspectivas económicas eran muy sombrías y como consecuencia en solo 12 meses el mercado de las acciones cayó en 49%.

Sin embargo, Templeton, que ya había recorrido mundo y conocía la historia de los conflictos internacionales, sabía que eventualmente Estados Unidos entraría a la guerra y el enorme gasto militar que sería requerido, estimularía enormemente la actividad económica en ese país.  

En consecuencia, en lugar de seguir a la manada y vender sus acciones, procedió a comprar acciones muy baratas que luego subieron de precio enormemente. Por eso, nos dice que siempre debemos tener muy presente la historia de los mercados, la cual siempre se repite.

Asimismo, a partir de la década de los 50, cuando nadie apostaba por Japón, Templeton observo que mientras Estados Unidos crecía al 2.5% anual, Japón lo hacía al 10%, y que mientras las empresas americanas se vendían a 19.5 veces sus utilidades, en Japón, empresas comparables lo hacían a solo 4 veces.  

Por lo tanto, Templeton tomo la decisión de empezar a invertir en Japón, ya que sabía que “un activo mientras es menos conocido o menos comprendido, debido a la falta de información convencional, siempre demandará un precio mucho más bajo en relación a su verdadero valor”.  

Sin embargo, el cuento no termina aquí, ya que a partir de finales de los 80, cuando ya Japón estaba de moda, la relación precio-utilidad llego a 70 veces, lo cual, para Templeton, era una locura y como el permanentemente estaba buscando gangas, salió de Japón y regreso a América.

Por otro lado, la década de los 70 en estados unidos se presentaba como una excelente oportunidad para Templeton, ya que la gran inflación, las altas tasas de interés y el pobre crecimiento económico, llevaron a “business week” a publicar aquel tristemente famoso artículo titulado: “La muerte de las acciones”, artículo que fue un verdadero “nirvana” para John.

 Entre otras afirmaciones, el artículo decía que, “esta vez es diferente.  Hemos entrado a una nueva era financiera.  Las viejas reglas de valoración de activos ya no funcionan.  Solo los viejos que no entienden las nuevas reglas, siguen apegados a las acciones”.  

Como consecuencia del ambiente negativo que prevalecía, la manada empezó a vender sus acciones, por lo que la relación precio-utilidad, que, como hemos dicho, en promedio en el largo plazo se había mantenido a 14 veces, ahora había caído a menos de ¡7 veces! ¿Y que hizo Templeton? ¡Ha adivinado!  Empezó a comprar, porque sabía que el valor intrínseco de esos activos era muy superior al precio al cual se estaban vendiendo.  Por eso es que Templeton siempre nos dice que antes de invertir debemos hacernos dos preguntas: ¿Cuál es el verdadero valor de ese activo? y ¿Cuál es el precio? Y no, simplemente guiarnos por la manada, ya que para obtener rendimientos superiores tenemos que hacer algo diferente a lo que hace la mayoría.

Por último, a finales de los 90, con el Internet, surgió “la nueva economía” y como siempre ocurre, para 1999, la relación precio-utilidad del índice Nasdaq, donde se cotizan las acciones de las empresas tecnológicas, llego a 152 veces, algo que según Templeton era “pura fantasía”.

 ¿Y que hizo John?  Sabiendo que dichos precios no tenían sustento alguno, empezó a vender en corto (‘selling short’) dichas acciones, sabiendo que las mismas caerían de precio estrepitosamente, como efectivamente ocurrió, ya que solo en el 2000 las mismas cayeron en ¡51%! Y algunas de las acciones que Templeton había obtenido prestadas para venderlas carísimas y luego recomprarlas baratísimas para regresarlas al que se las había dado en préstamo, cayeron en más del ¡90%!

Por eso es que debemos escuchar a John Templeton cuando nos dice que, “el mejor momento para comprar es en el momento de máximo pesimismo y que el mejor momento para vender es cuando encontramos una mejor ganga, o cuando el precio del activo que hemos adquirido muy barato se aproxima su verdadero valor”.  

nramirezs50@hotmail.com