• Sept. 27, 2018, media noche

Cuando una persona monta un negocio, tiene una serie de habilidades y talentos naturales. Algunos son excelentes vendedores. Otros serán grandes creativos. Pero si hay algo que todos necesitan aprender, independientemente de sus talentos, es sobre finanzas.

No es tu responsabilidad ser contador, pero sí es tu responsabilidad aprender a leer tus números: entender y analizar tus estados financieros para poder tomar decisiones informadas.

Sin importar el tamaño de tu empresa, es imprescindible que manejés ciertos conceptos financieros. Delegar todo el proceso sin entender lo que sucede es desperdiciar una gran oportunidad.

Conceptos financieros básicos para emprendedores

Activos: Son todos los recursos con los que la empresa cuenta y que le sirven para operar y generar ingresos. Incluye el dinero, productos, dinero que te deben tus clientes, muebles de oficina y los suministros adquiridos para su uso, y cualquier marca comercial, derecho de autor o gastos pagados por anticipado.

Pasivo: Lo que debés, tanto a corto como a largo plazo. Incluye cualquier deuda acumulada al comenzar, crecer y/o mantener sus operaciones. 

Capital: Diferente a lo que se suele creer, el capital no hace referencia solamente al capital con el que se inicia o a todo dinero que entra en la empresa. El capital es tu patrimonio y está conformado por el capital con que iniciaste más todas las ganancias (o pérdidas) acumuladas.

Gastos: Salidas de dinero que debe hacer la empresa cada mes para operar. Incluye la renta, servicios básicos, salarios, publicidad, etc. Para mantenerse financieramente a flote, es recomendable mantenerlos bajo control y estar siempre buscando maneras de reducir aquellos que no nos están dejando grandes beneficios. 

Costos y márgenes: Mientras los gastos están más relacionados a la operación de la empresa como un todo, los costos están directamente relacionados con el producto/servicio que se vende. 

Los costos cambian más seguido de lo que creemos, pues se ven afectado por todo, desde los costos de materia prima, mano de obra y logística, hasta los tipos de cambio. 

Así, controlar los costos y ajustar los precios para garantizar márgenes de ganancia que hagan sentido debe ser una tarea constante. 

Utilidad neta (o pérdida): Este concepto es mucho más fácil de entender. Al final de todas las operaciones que hiciste en el negocio, ¿ganaste o perdiste? En eso se resume todo. Si tu negocio tiene pérdidas constantes algo está muy mal.

Flujo de efectivo: El flujo es la sangre de tu empresa, sin él morís. Comprende el movimiento general de fondos a través del negocio cada mes, incluidos los ingresos y los gastos. Poder entenderlo te ayudará a determinar tu solvencia a largo plazo. De nada te sirve ser rentable si carecés de liquidez.

Concentración: ¿Qué tanto dependés de un cliente en particular? En la medida en que gran parte de los ingresos de tu empresa estén concentrados en uno o pocos clientes, más riesgos corrés. 

Apalancamiento: En términos simples, es la cantidad de dinero que pediste prestado para administrar tu negocio. Ahora, el balance que buscás alcanzar como emprendedor está entre el la cantidad de dinero que viene de la deuda y la que viene de tu patrimonio. 

Retorno sobre la inversión (ROI): La razón de ser de todos los negocios es generar ganancias. Para esto, los emprendedores invierten en activos que se transforman para generar ventas e ingresos y las ventas cubren, a su vez, los costos de operación. 

Esa utilidad, dividida por el total de fondos invertidos en la empresa (los activos), nos da el ROI. Velo así: ¿Trabajaría todas esas horas y asumirías toda esa responsabilidad si tu ROI fuera solo del 5 por ciento anual?

En definitiva, hay mil conceptos más dentro de este vasto mundo de las finanzas empresariales y lo ideal sería que cada emprendedor se tire un clavado para empaparse de ellos. Entre más logres absorber, mucho mejor será el análisis y la consecuente toma de decisiones financieramente informadas que podrá hacer sobre su negocio.