• Oct. 24, 2018, media noche

Estimado lector, el haber estudiado economía, el haber enseñado economía y el haber estado al frente del Banco Central, me enseñaron que no hay nada más político que la política económica, que el entorno político incide enormemente en el comportamiento de la economía, que la mejor política social es aquella política económica que atrae a la inversión, promueve el crecimiento y genera empleos productivos.

Pero también me enseñaron que la estabilidad monetaria es fundamental, no solo porque es una condición necesaria para que haya crecimiento, sino porque la inflación es el peor impuesto que se le puede aplicar a los más pobres. Y también me enseñaron, que no solo por ley, sino por principio y concepción, la obligación fundamental del Banco Central es mantener la estabilidad monetaria; especialmente después de haber aprendido y sufrido el principio de que no hay nada más cobarde que un millón de pesos, hasta que un amigo me dijo que yo estaba equivocado, ya que dos millones eran dos veces más cobardes y reconocí mi error.

Le hago esta introducción porque a veces tenemos que lidiar con crisis económicas que se nos presentan a lo largo de nuestra vida profesional, y como uno nunca sabe cuándo se presentarán, deseo compartir con usted las siguientes reflexiones.

Las causas de las crisis pueden ser de origen meramente económico o pueden ser de origen meramente político. Las crisis de origen económico pueden ser de origen externo, como la caída de los precios de los principales productos de exportación, o pueden ser de origen interno, debido al mal manejo de la política económica que a su vez, puede desencadenar una crisis política que nos llevará a un “círculo vicioso”.

Si la crisis es de origen meramente económico y es causada por el mal manejo de la política económica, la solución es relativamente fácil, ya que a menos que la ignorancia o la ideología te impidan comprender la realidad, la solución se limitará a corregir la política económica. Sin embargo, si la crisis es de origen externo, la solución es más complicada y tomará mucho más tiempo.

Si la crisis es de origen meramente político, la solución tiene que ser política y la primera pregunta en este caso es, cuál debe ser el papel de los asesores económicos del jefe de Estado, es decir, el presidente del Banco Central y el ministro de Hacienda; aunque en última instancia, la política económica la conduce el presidente de la República. A mi juicio, la actitud de los asesores económicos no puede ser el simplemente decir que el problema es político y que por lo tanto lo deben resolver los políticos y, mientras tanto, cruzarse de brazos. Yo creo que en estos casos, por lealtad, los asesores económicos deben decirle al jefe de Estado que, a juicio de ellos, el problema es político y que hay que trabajar en su solución. Sin embargo, ello no será suficiente, ni productivo. No es suficiente porque cuando el problema es muy importante, aunque sea de origen político, no lo debemos dejar en manos solo de los políticos. Recordemos lo que dicen los expertos en mercadeo, en el sentido que el mercadeo es tan i
mportante que no lo podemos dejar solo en manos de la gerencia de mercadeo.

Los asesores económicos deben hacerle ver al jefe de Estado las consecuencias económicas y sociales del problema político que están enfrentando e indicarle, de la forma más precisa y convincente posible, el ritmo de deterioro que la economía continuará experimentando, con “mojones” bien identificados y las costosas medidas económicas que se tendrán que ir ejecutando, mientras no se resuelva la verdadera causa del problema y recordándole que no hay nada más político que la política económica, ya que afecta el nivel de vida de la población. Esta es la forma de negociar con el poderoso. En este caso, y por mi sesgo de banquero central, mi preferencia sería la elaboración de un “flujo de caja” de las finanzas del sector público y de las reservas internacionales, mensual o incluso semanal, si fuera el caso, pero un flujo que sea realista, ya que de lo contrario yo no estaría siendo leal con el jefe de Estado.

Sin embargo, en este caso y aunque normalmente es recomendable que en los procesos de decisión esté presente un “abogado del diablo”, es importante que el equipo económico se presente ante el jefe de Estado con un criterio uniforme, con la destitución ya dada por un hecho y se evite la presencia de personas que no comprendan la naturaleza del problema o que no asumirán las consecuencias de la decisión, ya que de lo contrario, su capacidad de negociación o de persuasión ante el jefe de Estado, ante el poderoso, se debilitará enormemente. Cuando estuve al frente del Banco Central, algunas veces tuve que soportar la presencia de algunos “asesores” que no comprendían la naturaleza del problema, pero que para ganar puntos ante el presidente, salían con unas recomendaciones totalmente contraproducentes.

Pero en este caso hay un gran “pero”, ya que los agentes económicos toman sus decisiones en base a expectativas, racionales o no racionales, y cuando la incertidumbre y la desconfianza entran en juego en este tipo de decisiones, ningún flujo de caja estará grabado en piedra y eso hay que enfatizarlo al jefe de Estado. Por eso es que en estos casos “menos es más”, en el sentido que mientras menos cambios se hagan y mientras estos temas menos estén en las primeras planas de los diarios, mejor estaremos. Y aquí dos lecciones que aprendí en el campo de batalla; la primera, que mientras más defiendes una determinada política económica, más incertidumbre crearás en relación a ella, y la segunda, que la falta de información, puede ser la peor información.  Pero en conclusión y a mi juicio, aun en estos casos, la primera responsabilidad de los asesores económicos del jefe de estado debe ser garantizar la estabilidad monetaria, aunque las medidas necesarias representen un costo político.

Y si la crisis es meramente de carácter político, la segunda pregunta que debemos hacernos es: ¿Cuál debe ser la posición del sector empresarial, grande, mediano y pequeño? En este caso, la situación es más compleja, ya que como individuo, como persona, cada quien adoptará su posición en base a sus creencias, valores o principios, dependiendo de la naturaleza de la crisis. Sin embargo, en general, como empresario, creo que su posición debe ser contribuir, en la medida de sus posibilidades, a salvaguardar los niveles de producción y la estabilidad monetaria del país. Y digo esto porque, como lo hemos indicado, la caída en los niveles de producción y la inflación afectan más a los más pobres y ahuyentan más a la inversión productiva, contribuyendo a un mayor desempleo y a una mayor pobreza. Pero no solo eso, sino que, una vez superada la crisis política, porque toda crisis eventualmente se llega a superar, si además de la contracción económica caemos en un proceso inflacionario, luego, para volver a crecer, ten
dremos que recurrir a un programa de estabilización, al estilo Fondo Monetario, con el fondo o sin él, y ya sabemos cómo sabe ese tipo de purgante. Pero al final la decisión es personal.

Aclaración: Debido a un error involuntario, en la edición del lunes 22 de octubre no se publicó el título de la columna de opinión de este mismo autor, el cual era: “El impase en las negociaciones”. Ofrecemos disculpas a nuestros apreciados lectores.

nramirezs50@hotmail.com