• Nov. 5, 2018, media noche

Estimado lector, como le he comentado, por cinco años y mientras estuve al frente del Banco Central, tuve la responsabilidad de negociar la política económica nacional con el Fondo Monetario Internacional; y en esta oportunidad deseo compartir con usted las lecciones más importantes de esta experiencia.

En primer lugar y desde antes de asumir la presidencia del Banco acordé con el presidente de la República que mi relación con él tendría que ser directa y sin intermediarios y que él nunca podría delegar su responsabilidad de conducir la política económica en ningún otro funcionario. Esto lo hice por dos razones.

La primera porque la Constitución establecía que la política económica la conducía el presidente de la República y la segunda, porque en tres ocasiones, dos durante la campaña presidencial, y una ya en el gobierno, tres personas muy allegadas al presidente se me acercaron a decirme que toda mi actuación sería coordinada a través de ellos.

Recuerdo que en el último caso, estando el presidente fuera del país, recibí un memorándum donde se me indicaba que una de las secretarias de la Presidencia coordinaría las negociaciones con el FMI, por lo que me comuniqué con el ministro de la Presidencia para comunicarle mi desacuerdo. 

Al regresar el presidente todo se aclaró y es que la relación del presidente del Banco Central con el presidente de la República debe ser sin intermediarios. La intermediación siempre es costosa.

En segundo lugar, siempre consideré al Fondo Monetario como mi aliado en la tarea de persuadir al presidente de la República de la necesidad de mantener la estabilidad monetaria de la economía nacional. Nunca tuve problema con trabajar de la mano con el Fondo, ya que siempre nos tratamos con respeto y franqueza mutua.

El Fondo y yo deseábamos lo mismo para el país, es decir, que las políticas económicas garantizaran la estabilidad monetaria, promovieran el crecimiento económico, tuviéramos acceso a la cooperación internacional en términos concesionales y obtuviéramos la condonación de la deuda externa.

Además, yo gocé de una gran ventaja consistente en que durante los primeros años y durante la mayor parte que estuve al frente del Banco, el representante del Fondo era alguien que había sido un exitoso presidente del Banco Central de su país y lo cual hacía que nos entendiéramos más fácil y más rápidamente.

Entre presidentes de bancos centrales nos entendemos mejor, ya que para saber lo que esa responsabilidad significa y los retos que se enfrentan, hay que haber estado en esa posición. La teoría nunca será un buen sustituto.

En tercer lugar, al llegar al Banco me encontré que el país se había salido del programa con el FMI y al empezar las nuevas negociaciones el Fondo nos exigió que antes de negociar un nuevo acuerdo teníamos que “portarnos bien” por un buen tiempo, que necesitábamos un “track record”, ya que de lo contrario no nos tomarían en serio.

Por eso no hay que pelearse con la novia, ya que la reconciliación es muy costosa. En consecuencia el Fondo y el Banco rápidamente definimos lo que sería “un buen comportamiento previo” y le expliqué al presidente de la República que ese era el único camino para alcanzar un nuevo acuerdo, tener acceso a la cooperación internacional y obtener la condonación de la deuda.

El acuerdo consistió en congelar en términos nominales el gasto corriente, congelar en términos reales el gasto de capital y aprobar lo antes posible una reforma tributaria y comercial que mejorara sustancialmente las finanzas del gobierno y abriera la economía para mejorar su competitividad internacional.

Esta experiencia inicial me vino a ratificar mi concepción que lo fundamental para el Fondo era garantizar unas finanzas publicas saludables, es decir, un presupuesto con un déficit manejable y sanamente financiado. Por otro lado, aunque uno de mis objetivos era reducir a la mitad la tasa anual de la devaluación de la moneda, ya que la misma estaba creando un “piso inflacionario” muy elevado, decidí no alterar la política cambiaria hasta que no tuviéramos un programa formal con el Fondo, la reforma fiscal estuviera funcionando y las finanzas públicas se hubieran fortalecido sustancialmente. Haber hecho lo contrario hubiera sido irresponsable e insostenible, por lo que tuve que esperarme más de dos años para alcanzar mi objetivo y reducir la devaluación anual en un 50 por ciento.

En tercer lugar, cuando un huracán afectó profundamente a la economía nacional y destruyó mucha de su infraestructura, al reunirme con el presidente de la República para analizar la situación, cometí el error de discutir este tema en presencia de uno de sus asesores que no entendía el problema y no asumiría responsabilidad alguna si las cosas no funcionaban.

Este asesor recomendó que el presidente de la República brindara una conferencia de prensa y anunciara que unilateralmente suspenderíamos el pago del servicio de nuestra deuda externa.

Las consecuencias hubieran sido catastróficas.  Afortunadamente el presidente comprendió que lo correcto era que en dicha conferencia se dijera que el país, a pesar de la tragedia, mantendría sus compromisos internacionales y que recurriríamos a la comunidad internacional para que nos ayudara a reconstruir el país y así se hizo con el apoyo de nuestros aliados, el Fondo Monetario y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Pero aquí deseo mencionar algo importante, y es que si en ese momento no hubiéramos tenido un programa vigente con el fondo, hubiera sido casi imposible obtener la ayuda con la rapidez y en los montos en que se obtuvo.

En cuarto lugar, estando en París negociando la condonación de la deuda del famoso “Club de París”, que no es más que un club de países acreedores, ya casi de madrugada, el funcionario del Ministerio de Finanzas Francés, que era mi contraparte formal, me indicó que teníamos un problema, ya que luego de revisar nuestras cifras aparecía una “brecha de recursos” y que por lo tanto, para cerrar la negociación tendríamos que proponerle una serie de medidas adicionales.

Mi reacción fue decirle que comprendía su posición y suspender temporalmente la reunión y, en un aparte reunirme con el jefe de la misión del Fondo y hacerle ver que ambos habíamos elaborado estas cifras y que yo no podía a esas alturas llamar al presidente de la República para que me autorizara a proponer nuevas medidas de aumento de ingresos o recorte de gastos, y que prefería regresar al país sin un acuerdo y asumir mis responsabilidades.

Yo estaba en un gravísimo problema, pero los funcionarios del Fondo comprendieron que ellos también estaban en un problema y todo se solucionó con una promesa de parte nuestra, en el sentido que haríamos todo lo posible para cerrar esa pequeña brecha y así seguimos avanzando hasta llegar al “punto de decisión” en la iniciativa “HIPIC” y empezamos a obtener todos los beneficios de la condonación de la deuda externa. A veces es bueno no tener toda la autoridad al negociar.

Y en quinto lugar, ya durante el último año de gobierno y habiendo concluido el programa originalmente suscrito con el Fondo, le solicité a las autoridades del FMI que suscribiéramos un nuevo programa, pero su posición fue que ya nosotros éramos un gobierno que iba de salida y que mejor negociarían el nuevo programa con el nuevo gobierno.

Yo les expliqué que esa posición me creaba dos grandes problemas. El primero, que el país, al no tener un programa con el Fondo, quedaría temporalmente sin acceso a la cooperación internacional y el segundo, que al no existir programa, mi capacidad de negociar y persuadir al presidente de la República y a su ministro de Hacienda para seguir conservando la estabilidad monetaria, se me debilitaría sustancialmente, especialmente en un año electoral.

Al final comprendieron mi posición y reconocieron que podían perder todo lo logrado en el país y suscribimos un “programa sombra”, que no era tan exigente como yo lo hubiera deseado, pero que nos permitía continuar teniendo acceso a la cooperación internacional. Por estas experiencias siempre consideré al Fondo Monetario mi mejor aliado y al existir confianza mutua y empatía, logramos superar muchos problemas. 

nramirezs50@hotmail.com