• Nov. 19, 2018, media noche

Estimado lector, dicen que ser banquero es una las actividades más simples y aburridas que pueden existir en el mundo de los negocios.  Tan es así, que cuentan que cuando Hugh Mccoll, uno de los grandes banqueros norteamericanos del siglo XX, iba a ingresar a la universidad, su padre le dijo: “Hugh, tú deberías estudiar para ser banquero, ya que no te veo la inteligencia, ni siquiera para ser un buen agricultor”.  Esta anécdota aparece en el libro escrito por Ross Yockey, titulado “Mccoll: The man with America’s Money”, el cual le recomiendo a todos aquellos que se dedican al negocio bancario o que piensan dedicarse a esa actividad.

Algo parecido me dijo hace mucho tiempo un exbanquero central de El Salvador: “Noel, el negocio bancario es como el de una pulpería que vende al crédito, ya que lo único que necesita saber es comprar la mercadería a un precio (tasa de captación) menor que el precio al que la venderá (tasa de colocación) y asegurarse que su cliente le cancelará el crédito en el plazo y las condiciones establecidas (riesgo crediticio)”.

La verdad, yo no sé qué tan fácil o difícil es ser banquero en tiempos normales, ya que de lo único que he aprendido un poco es del negocio bancario, y no sé con qué compararlo, pero lo que sí sé es que representa una enorme responsabilidad, ya que se trabaja con el dinero de los depositantes y también sé que en épocas de incertidumbre, la labor se torna un poco más “interesante”.

Recordemos que la rentabilidad de un banco depende de dos variables claves, el rendimiento sobre sus activos (ROA) y el palanqueo (activo/capital). Recordemos que los activos están compuestos de forma mayoritaria por la cartera de crédito, y en un menor grado por las inversiones líquidas, que son mucho menos rentables. Y también, recordemos que el palanqueo, que es la relación que existe entre los activos totales y el capital del banco, anda en torno al 10 x 1.

En épocas de incertidumbre, la labor del “buen” banquero se torna más “interesante”, porque sabiendo que el negocio bancario es un negocio de confianza, lo primero que debe hacer es fortalecer la liquidez de su banco, llevándola incluso a niveles que estén por encima de los requerimientos normalmente establecidos por las instituciones encargadas de la supervisión bancaria, aunque ello signifique sacrificar temporalmente el rendimiento sobre sus activos (ROA), al aumentar la participación relativa de las inversiones de muy corto plazo para fortalecer la liquidez.

Pero, en estos casos el “buen” banquero, también podría verse obligado a reducir el nivel de “palanqueo” con que su banco ha operado normalmente, ya que se volverá más exigente con el análisis del riesgo crediticio y como consecuencia, la cartera de crédito no continuará creciendo como lo había venido haciendo, y no sólo podría dejar de crecer, sino que, incluso podría reducirse levemente.  Esta decisión es clave, ya que en casos de incertidumbre, no solo ciertos sectores económicos se podrían ver afectados negativamente, sino que muchos clientes, incluyendo a socios y directores del banco, podrían incrementar sus demandas de crédito, y no precisamente para aumentar la producción.

Estas dos decisiones, que son las correctas en estos casos, lógicamente podrían temporalmente afectar negativamente las utilidades, y la rentabilidad de la institución bancaria, pero son las decisiones que deberá tomar todo “buen” banquero.  

Sin embargo, los banqueros que no sólo son buenos, sino que son excelentes, irán un paso más adelante, y tratarán de reducir todos los costos “malos” que no contribuyan con el beneficio de sus clientes, y tratarán de asegurar líneas de financiamiento adicional; y aquellos que ya han alcanzado un nivel de calidad mundial, tratarán, para disponer de mayor liquidez, colocar bonos en el mercado internacional de capitales.  

Pero, para ello la institución bancaria debe estar en excelentes condiciones financieras, gozar de grandes perspectivas, y estar administrada por un equipo gerencial de calidad mundial; ya que los intereses que devengarán los bonos, y el principal, serán cancelados con el flujo de caja que durante la vida del bono, genere la institución bancaria.  Además, solo si la emisión de bonos es considerada “viable” por la banca de inversión internacional, dicha banca se correrá el riesgo de patrocinar la emisión, ya que su prestigio profesional estará en juego.

Pues bien, si su banco está siguiendo estos lineamientos, sepa que su banco está actuando con la responsabilidad, y el profesionalismo debido.

Veamos un ejemplo, en estos días Grupo Promerica, un grupo financiero regional que opera en ocho o nueve países, anunció la colocación exitosa de una emisión de bonos por la suma de US$200,000,000. La colocación fue a un plazo de seis años, y la operación fue patrocinada por “Bank of America Merill Lynch”, y “Credit Suisse”, dos bancos de inversión de calidad mundial, y además, la demanda por dichos títulos fue superior a la oferta original, lo cual es muy positivo, ya que cuando ocurre lo contrario, en algunos casos, el patrocinador tiene el compromiso de adquirir el saldo no colocado, y ello no es una buena noticia para los mercados y los inversionistas.

¿Y por qué el Grupo Promerica fue capaz de realizar esta colocación exitosamente? Porque, es una operación regional, con trayectoria, y con futuro; y al ser regional, tiene diversificado su riesgo crediticio, lo cual fue muy bien valorado por la calificadora de riesgo, “Standard & Poor’s”, porque tiene activos bien valorados por US$14,000 millones; depósitos por más de US$10,000 millones, y un capital de US$1,300 millones. Pero, también, y posiblemente es lo más importante, porque posee un equipo gerencial de calidad mundial. 

nramirezs50@hotmail.com